Historia de la iglesia contemporánea

Siempre he tenido interés en la historia de la iglesia cristiana, pero últimamente aún más en la historia de la iglesia contemporánea, en especial, en América Latina y la República Dominicana (ver cronología), que es el lugar en el que sirvo. Así mismo pienso que todo creyente debería cultivar el interés en lo que Dios ha estado haciendo recientemente en su propio país, no solamente leer sobre creyentes de hace quinientos años, sino también de la generación inmediatamente anterior en su propia tierra (pastores, misioneros, denominaciones e iglesias locales, primeros creyentes): conocer sus contribuciones, los retos de su tiempo y las maneras únicas en que testificaron de Cristo. Descubrir que Dios no solamente ha estado obrando en Europa y Norteamérica, sino también entre nosotros, tan cerca como a unas cuantas cuadras de distancia, puede ser muy alentador. Nos muestra que el mismo Dios al que conocieron los reformadores del siglo XVI o aún los apóstoles, ha estado obrando también entre nosotros, ¡recientemente!

Descubrir que Dios no solamente ha estado obrando en Europa y Norteamérica, sino también entre nosotros, tan cerca como a unas cuantas cuadras de distancia, puede ser muy alentador.

Para qué hacerlo

Podría mencionar muchas otras, pero se me ocurren por lo menos dos razones para interesarte en la historia de la iglesia contemporánea: vinculación y continuidad.

  • Vinculación. Sucede con la historia que al pasar tres generaciones los personajes, por decirlo de un modo, trascienden, y dejan de parecernos cercanos; cuando viven en los libros la gente deja de pensar que efectivamente vivieron entre nosotros he hicieron en su tiempo cosas que están también a nuestro alcance, ya sea para volver a hacer o para continuar. Se vuelve difícil vincularnos con ellos, pues sus historias ya no nos parecen familiares. Leer por ejemplo sobre William Carey puede animar la misión local, pero existen también otros misioneros más cercanos a nosotros, cultural y geográficamente, con los que nuestra gente podría sentirse aún más vinculada: se parecen a mí, hablaban mi lengua, el entorno en el que sirvieron me parece familiar, el fruto de su labor está a mi alcance: gente que conoció al Señor por medio de ellos, instituciones que ellos promovieron aún siguen dando fruto. No deberíamos abusar del sentido local, la historia global de la iglesia es también nuestra historia, se puede atesorar la historia local en el contexto más global. Esto también es valioso para la evangelización: los no creyentes pueden sentirse atraídos al ver que la obra en nuestro país comenzó hace muchos años —en nuestro caso, desde los tiempos de la colonia española, 1594—, que ha tenido grandes contribuciones en lo espiritual y en lo social (salud, educación, arte) y no es algo extraño a nosotros.

El sentido histórico es una parte ineludible de la fe cristiana, y mirar hacia atrás (a lo que Dios ya ha estado haciendo) es la manera de ir hacia adelante

  • Continuidad. Hay un sentido de responsabilidad cristiana en continuar la obra que emprendieron otros, y aunque sea indirectamente, sentir que estamos extendiendo el legado que hemos recibido. Toda generación quiere dejar su impronta, hacer sus propias cosas, escribir su propio capítulo, pero la iglesia del Señor no funciona así. El sentido histórico es una parte ineludible de la fe cristiana, y mirar hacia atrás (a lo que Dios ya ha estado haciendo) es la manera de ir hacia adelante. Aunque vivimos el tiempo presente la iglesia de Cristo está compuesta por todo verdadero creyente, de todas las épocas y de todas las naciones. La iglesia es global y también trascendente, en tiempo y en espacio. El sentido de responsabilidad es necesario para la continuidad, pero también un sentido práctico. El sentido práctico nos indica que las instituciones deben ser preservadas, que los esfuerzos de antes, si son bien continuados, pueden repercutir en aún más fruto, que una puerta que alguien abrió a principios del siglo veinte está hoy disponible para la expansión de la causa de Cristo en el siglo veintiuno. Para que exista continuidad la historia reciente debe ser atesorada, si esperamos 100 años, ya se perdió.

Por dónde comenzar

La iglesia es un ecosistema, aún no seamos conscientes, el trabajo de otra iglesia en un punto de la ciudad o momento de la historia está preparando y ayudando a la iglesia en su conjunto.

  • Pregunta cuáles son las iglesias más antiguas de tu ciudad e investiga cómo comenzaron. Quizás no sea esa tu iglesia local o denominación, pero es parte de lo que Dios ha estado haciendo en tu ciudad, y la historia de la obra de Dios es tu propia historia. Mucho de lo que hicieron ellos ha creado las condiciones de lo que estás haciendo tú mismo. Además, la iglesia es un ecosistema, aún no seamos conscientes, el trabajo de la iglesia en otro punto de la ciudad o momento de la historia está preparando y ayudando a la iglesia en su conjunto. Puedes anotar las fechas, los primeros misioneros, sus contribuciones particulares y la forma en que se fue desarrollando.
  • Conversa con creyentes de muchos años. Pregúntales: ¿Cómo conocieron al Señor? ¿Cómo eran la iglesia en esos días? ¿Dónde se reunían? ¿Dónde bautizaban? ¿Cuáles son sus primeros recuerdos? ¿Quiénes eran los obreros? ¿Qué eventos fueron memorables e importantes en las vidas de ellos? Te sorprenderá lo interesante que son las historias de creyentes comunes y corrientes, como tú, y lo mucho que podemos aprender al escucharlas. Documenta todo lo que puedas (escribe un resumen de tu conversación, toma una foto, graba un video), pues con toda seguridad será valioso para ti y también para muchos otros creyentes.

Te sorprenderá lo interesante que son las historias de creyentes comunes y corrientes, como tú, y lo mucho que podemos aprender al escucharlas.

  • Lee sobre historia contemporánea. En todos los países existen hermanos con interés sobre la historia reciente y aunque sea en parte, han documentado algo de la historia. Se han escrito reseñas y ensayos, algunos tienen fotografías y algunas denominaciones han creado documentales y publicado libros para compartir su historia con sus propios miembros. Un bonito esfuerzo de comunión cristiana es interesarse sinceramente por las historias de los otros y valorarlas como propias. Aquí tienes algunos libros que puedes usar como punto de partida: Rostros del Protestantismo latinoamericano (Miguez Bonino, 1995), Intolerancia y libertad de cultos en Santo Domingo (Alfonso Lockward, 1993), Intrigue in Santo Domingo (James Hefley, 1968), The Other Revolution (Juan M. Isais, 1970), El protestantismo en Dominicana (George A. Lockward, 1976), Correspondencia de Tindall, primer misionero protestante en Dominicana (George A. Lockward, 1981).

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

Hebreos 13:7

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