Sujetarse a las autoridades

¿Cómo podemos sujetarnos cuando las autoridades no son un buen ejemplo?

Rafael Pérez

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Romanos 13:1-2

Pregunta
Dado que los gobiernos son corruptos, los padres no siempre son el mejor ejemplo y la iglesia no está ajena a la debilidades y conflictos, ¿cómo podemos lograr sujetarnos a su autoridad?

Vivimos en un mundo imperfecto, uno que está bajo los efectos del pecado, esto hace que sea gravoso para todos sujetarnos: a causa de tener la rebeldía en nuestros corazones, pero también a causa del mal ejemplo de las autoridades establecidas, que hace que la motivación para hacerlo sea mínima: la autoridad familiar no siempre produce admiración y respeto, sino más bien ira y resentimiento, de forma tal que los hijos se rebelan contra ella; las autoridades civiles se corrompen, usan su posición para el abuso y en lo moral no necesariamente superan a la media de sus ciudadanos, que terminan desconociéndola, provocándola o cuestionándola; y la autoridad espiritual no se escapa a esa realidad: la iglesia es una organización siempre mejorable, donde tanto las ovejas como sus pastores luchan por hacer en sus vidas la voluntad de Dios, y aunque es esperable que sus obreros lleguen a ser ejemplo, frecuentemente su accionar no está a la altura de su llamado. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo podemos sujetarnos cuando las autoridades no son un buen ejemplo?

Nosotros no somos mejores

La soberbia (entender que nosotros somos mejores, o superiores a la media de los hombres) parece la opción correcta, pero en realidad no resuelve el problema: cuando los hijos tienen la oportunidad de convertirse en padres frecuentemente replican las mismas debilidades de las que se quejaban (contradicciones, mal ejemplo, impaciencia) y hasta llegan a ser más empáticos son sus progenitores al reconocer lo difícil que es dar consistentemente un buen ejemplo teniendo una naturaleza que va de continuo al mal y viviendo en un mundo caído. Los ciudadanos que llegan a gobernar sobre sus iguales pronto son arrastrados a los mismos vicios que prometieron erradicar y se integran al abuso y la corrupción, lo que hace necesario que sean frecuentemente alternados, se establezcan contrapesos para el poder y exista un régimen de rendición de cuentas. Los miembros que se quejan sobre el liderazgo de sus iglesias no necesariamente lo harían mejor si estuvieran en esa posición de autoridad, y al reconocerlo, en vez de luchar contra ellos deberían luchar por ellos, principalmente en sus oraciones. El camino que muestra Dios en su Palabra, en vez de negar el problema lo reconoce, y propone una salida que hace posible vivir en sujeción a las autoridades aunque sepamos que no son las mejores: la renovación de nuestro entendimiento (ver las cosas desde una perspectiva más alta) y aprender a ver a Dios detrás del orden de su creación.

Los ciudadanos que llegan a gobernar sobre sus iguales pronto son arrastrados a los mismos vicios que prometieron erradicar y se integran al abuso y la corrupción, lo que hace necesario que sean frecuentemente alternados, se establezcan contrapesos para el poder y exista un régimen de rendición de cuentas.

Sujeción: algo que puede ser aprendido

Estar bajo autoridad, bajo sujeción, es algo que se puede aprender: ayuda mucho haber tenido un buen modelo de autoridad (en la familia, el gobierno civil o en la iglesia) pero sobre todo, si eres un creyente, tienes una naturaleza regenerada, el poder del Espíritu Santo y como guía las Sagradas Escrituras. A continuación, compartiré algunos argumentos razonables, de forma tal que aprendamos a estar bajo autoridad y, sin pretender que dejará de ser difícil, llegue a ser más agradable:

  1. El problema es de naturaleza: el pecado está en el hombre, no en las instituciones (gobiernos, familias, iglesias).

    Reconozcamos la presencia del pecado. El comentario más frecuente es que ninguna autoridad sirve, pero pocos se preguntan que cuál es la razón. Como cristianos, sabemos la razón por la que no tenemos mejores padres, gobiernos y líderes espirituales es porque el pecado está presente. Si viviéramos antes de la caída podríamos pensar que hay un problema de diseño, pero para nosotros el problema es claro, desde Génesis 3 en adelante (después de la caída del hombre) lo que vemos es destrucción, degeneración, violencia, soberbia, y solamente hay dos cosas que detienen esta espiral de maldad: la regeneración del Espíritu Santo y la presencia de autoridades (padres, jueces, gobernantes) que aún en su imperfección, por la provisión de Dios son un muro de contención. El problema no es de diseño (todo lo que hizo Dios era bueno en gran manera) ni de estructura (que unos se sujeten a los otros no es un problema en sí mismo), el problema es de naturaleza: el pecado está en el hombre, no en las instituciones (gobiernos, familias, iglesias). Esto no debe ser tomado como una justificación, sino como explicación: dado que las instituciones están compuestas por hombres pecadores, podemos sujetarnos hasta cierto punto, no a ojos cerrados o en forma servil. Resumen: dado que sabemos que el pecado está presente, podemos sujetarnos, pero siempre en forma razonable.

    Solamente hay dos cosas que detienen esta espiral de maldad: la regeneración del Espíritu Santo y la presencia de autoridades (padres, jueces, gobernantes) que aún en su imperfección, por la provisión de Dios son un muro de contención.

  2. Veamos a Dios detrás de la autoridad. Aún las autoridades no le reflejen bien, sabemos que fueron establecidas por Dios, y cuando nos sujetamos a ellas —hasta donde sea razonable—, en última instancia nos estamos sujetando a Dios. ¿Cómo puede un ciudadano sujetarse a un policía de tránsito que es igual a él? ¿Cómo puede un alumno reconocer la autoridad de su profesor? ¿Cómo puede un hijo mantenerse sujeto a sus padres, sobre todo cuando ya tiene la edad, la fuerza física o hasta los recursos financieros para «elegir» desconocerles? ¡Todos tendrán que ver a Dios detrás de la autoridad! Entre los hombres no hay nadie que sea una autoridad final, todos el que ejerce autoridad es en última instancia un agente en nombre Dios. Esta es también la razón por la que, si tuviéramos que elegir entre sujetarnos a la autoridad de los hombres o agradar a Dios, podemos decir como los apóstoles: «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres»1. Es común que la autoridad misma desconozca a Dios, y si ese fuera el caso, siempre y cuando sea posible, nosotros sí debemos ver a Dios detrás de la autoridad y al sujetarnos, hacerlo como para Él. ¿Tus padres no aman a Dios? ¡Demuestra tú el amor a tu Dios sujetándote a ellos! Resumen: al tener a Dios como nuestra autoridad última podemos sujetarnos a sus agendes (autoridad delegada), siempre y cuando esto no riña con agradar a Dios.

    ¿Tus padres no aman a Dios? ¡Demuestra tú el amor a tu Dios sujetándote a ellos!

  3. El hecho de no tener mejores autoridades es una razón imperiosa para anhelar la segunda venida de Cristo y el establecimiento de su reino eterno.

    Comprendamos que una autoridad precaria es mejor que la falta de autoridad. Una de las provisiones de Dios en su gracia común, para todos los hombres, han sido las diversas formas de gobierno, todas carentes y siempre mejorables (ver punto 1), pero funcionales: puso un orden en el matrimonio, de forma tal que el esposo lidera (siendo cabeza), puso orden en la familia, de forma tal que los hijos se sujetan a sus padres, puso orden en las naciones, de forma tal que los ciudadanos se sujeten a sus gobernantes. Después que nos rebeláramos contra Él, no nos dejó expuestos al caos y al desorden, sino que permitió que su creación sea administrada. La anarquía (que es la ausencia de autoridad) solamente agrava los problemas: permite que los más fuertes dominen a los más débiles sin que estos tengan a dónde acudir en busca de justicia. Quien tiene fortaleza física, militar o económica puede pensar que este estado de cosas le es conveniente, pero él también encontrará a otros que sea más fuerte que él; una autoridad precaria es mejor que la falta de autoridad. Como cristianos, el hecho de no tener mejores autoridades es una razón imperiosa para anhelar la segunda venida de Cristo y el establecimiento de su reino eterno. Es llamativo el hecho de que los primeros cristianos tuvieron que lidiar con gobiernos aún más perversos que los nuestros, pero no encontramos en las epístolas una amarga queja contra las políticas públicas, sino un llamado a sujetarnos a las autoridades y a humillarnos, no ante ellos, sino bajo la poderosa mano de Dios2, que fue quien los puso. Resumen: vemos las actuales formas de gobierno como carentes y mejorables, pero superiores a la falta de autoridad. Nos sujetamos a ellas mientras esperamos el reino eterno de Cristo.

    La anarquía (que es la ausencia de autoridad) solamente agrava los problemas: permite que los más fuertes dominen a los más débiles sin que estos tengan a dónde acudir en busca de justicia.

  4. Dios está trabajando en nuestra santificación, y unos de los medios que utiliza para lograrlo son las autoridades imperfectas.

    Reconozcamos que en nuestro corazón hay una inclinación a la rebeldía. De las dos razones principales por las que sujetarse a la autoridad es difícil, hemos estado viendo la primera (el pecado ha dañado a los agentes de autoridad), pero la segunda tiene que ver directamente con nosotros: nuestro corazón está mal, y aunque nuestras convicciones sepan que las autoridades son necesarias, en nuestro interior luchamos por no sujetarnos a ellas. Es muy fácil encontrar faltas en los padres, en los gobernantes y en los líderes espirituales —siempre las habrá—, lo que es difícil es reconocer la rebeldía en nuestro propio corazón. Ella nos impulsa a encontrar defectos para postergar la obediencia y nos estimula a actuar según nuestros deseos naturales (rebeldía) en vez de trabajar para que nuestras convicciones (sujeción) se impongan. Dios está trabajando en nuestra santificación, y unos de los medios que utiliza para lograrla son las autoridades imperfectas. Se requiere convicción y mucha humildad para soportarlas, lo que contribuye a que le carácter de Cristo se forme en nosotros. Resumen: aún antes de buscar los desperfectos en los agentes de autoridad, debemos reconocer la rebeldía en nuestro corazón.

Un asunto de madurez

Cuando llegamos a entender que Dios está detrás de la autoridad de nuestros padres, amamos mejor a nuestros padres, cuando le vemos detrás de los gobernantes amamos mejor el orden establecido en cada ciudad, cuando por fe creemos que Cristo es el Señor de la iglesia nuestra sujeción a nuestros pastores adquiere una apariencia diferente. Para amar la sujeción nuestros ojos deben estar en Dios, más allá de los hombres. Es un asunto de madurez: te das cuenta que comenzaste a madurar cuando trabajas para en vez de debilitar, fortalecer las instituciones (familias, gobiernos, empresas, escuelas, iglesias); cuando a pesar de las debilidades de los gobiernos pagas tus impuestos y trabajas por tu ciudad (más allá de sus regentes de turno) y cuando agradeces a Dios por el privilegio de haber tenido padres, aunque no hayan sido los mejores. Llegará un momento en que dejarás de quejarte de tus pastores y agradecerás a Dios por el privilegio de haberlos tenido. ¡Que el Señor nos ayude a estar bajo sujeción! ¡Que lleguemos a darle gracias por la autoridad!

  1. Hechos 2:29 []
  2. 1 Pedro 5:6 []
Feb 28, 2019
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