Ministerio cristiano, obreros

Tres (3) barreras para involucrar obreros en el ministerio

Rafael Pérez

Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. (Mateo 9:36-38)

Pregunta
¿Cómo podemos lograr que los miembros de la iglesia local se involucren en la obra del ministerio?

Una de mis responsabilidades pastorales es capacitar a mis hermanos para la obra del ministerio, esto incluye desde entrenarlos hasta involucrarlos en un ministerio según sus dones y supervisar su avance. Esta es una tarea que me tomo con seriedad: (1) ocupándome personalmente de recibir a cada creyente que el Señor trae a nuestra iglesia local, (2) ofreciéndole entrenamiento para la obra en el ministerio y, en oración y reflexión, (3) buscando oportunidades para que ellos usen sus dones. Realmente creo que el avance de la obra del Señor está muy condicionado por la disponibilidad de obreros. Los obreros son enviados por el Señor como respuesta a una oración, pero no siempre como un producto ya terminado, sino como una provisión en bruto, a desarrollar con diligencia y paciencia por cada iglesia local. En esta tarea he encontrado consistentemente algunas barreras, no son casos particulares o aislados, sino muy recurrentes, por lo que creo que en otras iglesias locales podrían también estarse presentando. Tomo este tiempo para describirlas buscando que al ser conscientes de ellas trabajemos juntos para superarlas.

Tres Barreras

  1. Poca disponibilidad, al estar envueltos en los afanes de la vida. Una tarea importante en los primeros días de un nuevo creyente es poner a Cristo en su agenda. Militar los caminos del Señor requiere mucho tiempo: tiempo para practicar las disciplinas espirituales (como la oración y la lectura de la Palabra), tiempo para congregarse y tiempo para servir en la obra (prepararse para hacer un ministerio, coordinarse junto a otros y hacerlo). Un nuevo creyente necesita ser instruido y confrontado en este asunto: seguir a Cristo tiene un alto costo, su señorío sobre nuestras vidas no es solamente una expresión emotiva, sino una realidad que se siente diariamente, especialmente en nuestra agenda. Y esta no es una renuncia inicial, es una renuncia constante, pues está el caso de creyentes que después de haber hecho espacio para su Señor en su agenda se volvieron a dejar envolver por los afanes de la vida y necesitan ser nuevamente desatados. Cuando invito a uno de mis hermanos a servir en un ministerio no le pregunto si tienen tiempo —nadie aparentemente lo tiene—, la pregunta que les hago es: ¿Podrías hacerte disponible para servir al Señor en esta tarea? Y si me dice que sí, le paso la pregunta siguiente: ¿Qué cosa de tu agenda semanal podrías dejar de hacer para hacer esto? Esta segunda pregunta pone el trabajo en perspectiva y evita un falso compromiso. (Un falso compromiso es cuando alguien le dice que sí a una tarea sin antes decirle que no a otra cosa. Cuando alguien está realmente comprometido sabe que lo está porque ha renunciando a otras cosas para poner hacerlo.)

    Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 2 Timoteo 2:4

  2. No pasamos tiempo con el Señor para ostentarlo a los hombres, pero cuando hemos pasado tiempo con el Señor esto se hace evidente.

    Poca evidencia de su aprovechamiento en el Señor. Hay hermanos que tienen preciosos dones para trabajar en la obra y hasta podrían hacerse disponibles para una tarea, pero en sus vidas no se ha hecho evidente el aprovechamiento espiritual. La iglesia cristiana no es una fundación ni una ONG, la tarea no es solamente práctica, sino principalmente espiritual. Es absolutamente necesario que sea evidente una relación personal creciente con el Señor de la obra antes de ponerle la mano al arado. No pasamos tiempo con el Señor para ostentarlo a los hombres, pero cuando hemos pasado tiempo con el Señor esto se hace evidente en nuestra relación con nuestros hermanos y nos cualifica para trabajar en la obra. El gozo, el interés por «las cosas de arriba», la renuncia constante al pecado, la renuncia a nosotros mismos y el dominio creciente de las Escrituras son los pre-requisitos para que alguien sea útil en la obra del ministerio. Esto no se resuelve con enviar a nuestros hermanos a «prepararse» en un instituto bíblico, sino dando acompañamiento pastoral más intencional.

    Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 1 Timoteo 4:15

  3. Poca fidelidad en el talento inicial. El proceso normal en la obra del Señor es que el nivel de responsabilidad está sujeto al nivel de capacidad, como enseña la parábola de los talentos: «a uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad», cuando somos fieles en lo poco recibimos aún más. Ayudar a nuestros hermanos a gestionar bien este talento inicial (evitar que lo entierren) es la clave para un gran avance en la obra.

    Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Mateo 25:24-25

    Ahora mismo tengo esto como una de mis prioridades pastorales: asignar a mis hermanos tareas pequeñas y ayudarles a desarrollarlas con la mayor fidelidad que les sea posible, de forma tal que queden cualificados para recibir del Señor un nivel cada vez más alto de responsabilidad. Esto es todo un reto, pues los ojos de la iglesia están puestos en las responsabilidades medias y altas, por lo que las responsabilidades elementales pasan desapercibidas. Por poner un ejemplo: es virtualmente imposible que encontremos un maestro de Escuela Bíblica (una tarea recurrente y con un nivel de responsabilidad muy alto) si no hemos estado involucrando primero a nuestros hermanos en tareas más elementales: estudiar un libro de la Biblia y preparar un reporte (estudiar), compartir una reflexión corta en una visita a un hermano enfermo (edificar a otros), hacer una llamada telefónica a un nuevo visitante para ver cómo se sintió en la iglesia (dar seguimiento). Entonces nos vemos en el caso de que un hermano que no hizo ninguna de las anteriores termina siendo considerado para un ministerio que requiere esas habilidades (algo que trae gran daño) o nos quedamos sin maestros. Lo mismo aplica para cualquier otro ministerio, no solamente en la enseñanza. La clave está en gestionar bien ese primer talento: una tarea inicial, pequeña y con mucho acompañamiento, de forma tal que nuestros hermanos queden en la posición de atender luego una responsabilidad mayor.

    Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Mateo 25:29-30

Puntos de apalancamiento

Aquí están tres barreras para involucrar obreros, que son las mismas tres barreras que están impidiendo el avance de la obra. También, estos son tres buenos puntos de apalancamiento: en vez de esperar que lleguen hermanos con tiempo disponible, trabajemos para lograrlo (desde sus primeros días en el Señor), en vez de ofrecer más y más entrenamiento ministerial especializado ayudemos a nuestros hermanos a practicar las disciplinas espirituales más básicas, de forma tal que crezcan en su relación con el Señor de la obra, y en vez de esperar tener obreros con un nivel de mayordomía muy alto ayudémosle a gestionar bien el primer talento. ¡Que el Señor de la obra nos ayude!

Feb 11, 2019
Archivado en: Artículos, Selecciones



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