Resolución de Conflictos

[Ensayo] Conflictos en la iglesia

Rafael Pérez

Presentación

Comencé a escribir este ensayo siguiendo el bosquejo de un sermón que prediqué en PezMundial en Septiembre del 2008. Eran los primeros días de nuestra iglesia, nos reuníamos en el paqueo de un taller de mecánica y estaban llegando nuestros primeros asistentes. Así mismo, los colaboradores que comenzaron conmigo a sembrar esta iglesia aún no habían convivido el tiempo necesario como para conocerse en profundidad. Cuatro años después lo encontré muy apropiado para el momento actual (Marzo del 2012) y volví a predicarlo con la experiencia de la convivencia. Ahora, en vez de publicar la transcripción como tal, convertí ambos sermones en este ensayo sobre los conflictos en la iglesia para aclarar aún más algunas partes que entendí no serían suficientemente claras, especialmente para quienes las reciban fuera de nuestro contexto. Lo comparto ahora con añadiduras y correcciones. Tengo la intención de hacer con este material un ebook —quizás luego de una tercera revisión—, mientras tanto lo comparto tal cual, dividido en siete partes, pues es algo extenso. Pueden leerlo poco a poco. Agradeceré que me envíen su retroalimentación o cualquier corrección utilizando el formulario que aparece al final. Quizás pueda tomarla en cuenta para la próxima edición.

Objetivo / Contexto

Es el caso de dos o más hermanos que aunque desean hacer la misma cosa para la gloria de Dios no logran ponerse de acuerdo en la forma o los medios más convenientes para lograr el mismo fin.

Ya que la diversidad en los conflictos que se pueden presentar en una iglesia es amplia y admite diferentes niveles de complejidad, la totalidad excede al alcance de este material, aunque permanece dentro de los límites del consejo de Dios en las escrituras1. Mi objetivo está limitado a un tipo de conflicto preciso y muy común que regularmente ocurre en los equipos de trabajo y funciona como «las zorras pequeñas2» que hacen perder la cosecha. Es el caso de dos o más hermanos que aunque desean hacer la misma cosa para la gloria de Dios no logran ponerse de acuerdo en cuanto a la forma o los medios más convenientes para lograr el mismo fin, partiendo del supuesto de que el fin que buscan ambos es digno de ser perseguido. Parte de los asuntos que comparto podría aplicar para otro tipo de conflictos y en otros contextos (de ahí que el título sea general), pero no necesariamente es extrapolable. Les pido que no intenten ir muy lejos más allá del objetivo que menciono —un fin digno de ser perseguido y dos hermanos que no se ponen de acuerdo en la forma o los medios—, pues estoy seguro de que para otros casos existen otros materiales en consejería bíblica mucho más apropiados y exhaustivos que este.

Una buena forma de llevar esto a otros contextos es adaptar y adoptar, y sobre todo, volver a la misma fuente de la que bebimos nosotros.

Por otro lado, este ensayo es el fruto de mi reflexión y práctica pastoral, es más práctico que académico y en gran manera surge de nuestra experiencia en una iglesia local recién sembrada con características muy particulares. Una buena forma de llevar esto a otros contextos es adaptar y adoptar, y sobre todo, volver a la misma fuente de la que bebimos y seguimos bebiendo nosotros: el ejemplo de los innumerables conflictos que el Señor en su gracia permitió que se documentaran en las Sagradas Escrituras para el beneficio de todos nosotros. Esos casos no fueron puestos allí para celebrar las desavenencias del pasado, sino, para alumbrarnos a nosotros en las desavenencias del presente.

Consejería bíblica

Las iglesias locales han ido paulatinamente abandonando el consejo de Dios y el terreno seguro de la verdad revelada para refugiarse en un sinnúmero de teorías y conjeturas cambiantes.

Tengo otro motivo que considero importante al escribir de estas cosas. Percibo —en mis visitas a las librerías cristianas y mi conversación con otros pastores— cómo las iglesias locales han ido paulatinamente abandonando el consejo de Dios y el terreno seguro de la verdad revelada para refugiarse en un sinnumero de teorías y conjeturas cambiantes; «nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos3» y que por ignorancia o por mundanalidad se les ha permitido remplazar la fuente. «Amonestarnos los unos a los otros4», «soportarnos con paciencia los unos a los otros en amor5» y «alentarnos los unos a los otros6» no es algo que los creyentes comenzamos a hacer ayer, esta ha sido nuestra práctica desde el siglo primero y la forma en que ha venido trabajando el Padre para que con la ayuda del Espíritu Santo se forme en nosotros la imagen de Cristo en un proceso que llamamos santificación. Si este pequeño ensayo sobre un tipo de conflicto relativamente fácil de resolver logra animar a la iglesia local a volver a buscar en las Sagradas Escrituras la solución a sus problemas, grandes o pequeños7 —y estoy seguro que tal cosa es posible—, este proyecto habrá alcanzado con creces su misión. La iglesia necesita con urgencia volver a la consejería bíblica y este ensayo más que una guía para el conflicto mismo, es un aviso en la calle para recordarnos el camino a la fuente.

¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? (1 Corintios 6:1-3 RVR)

Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros. (Romanos 15:14 RVR)

La iglesia, una familia real

En algunos casos, luego de un conflicto terminamos sin resolución y tenemos que distanciarnos aunque sea temporalmente.

Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. Quizás una oración, una reunión corta y al final de la misma besos, abrazos y todos felices. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento. En algunos casos, luego de un conflicto terminamos sin resolución y tenemos que distanciarnos aunque sea temporalmente, algo que quizás sorprenda a algunos y escandalice a otros que no entenderán cómo es posible que los hijos de Dios, y en especial aquellos que han sido puestos para el cuidado de sus hermanos, tengan conflictos tan acalorados en los que al final la única solución sea tomar distancia. Pues bienvenido a la familia de Dios, una familia real con sus altas y sus bajas.

Iglesia Primitiva / Discípulos de Cristo

Los conflictos entre los primeros seguidores de Cristo que quedaron documentados nos muestran algo aún más profundo: Dios puede utilizar nuestras diferencias para hacernos crecer.

Esto no es algo nuevo, la iglesia del libro de los Hechos no era una comunidad idílica en la que departían todos felices alejados de los inconvenientes, sino, una comunidad de gente real en la que los conflictos no se ocultaban sino que se enfrentaban —en encuentros personales, por cartas y concilios— y quedaron muy bien documentados para el beneficio nuestro. A veces eran asuntos tan sencillos que se resolvían con soluciones tan simples como esperarse los unos a otros a la hora de comer8 o comer antes en su casa9 para que la mesa del Señor no se convirtiera en un desorden o temas más complicados como la hipocresía10 y la mentira (Ananías y Safira11). Si vamos más allá de la iglesia del libro de los Hechos y llegamos hasta los evangelios, la sorpresa será mayor: en el pequeño puñado de los discípulos de Cristo las peleas entre ellos y las diferencias también se hicieron presentes, especialmente por luchas de poder, pues unos querían la primacía entre el grupo y en su imprudencia afectaban a sus hermanos. En todo esto, los conflictos entre los primeros seguidores de Cristo que quedaron documentados nos muestran algo aún más profundo: Dios puede utilizar nuestras diferencias para hacernos crecer: «Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo12». Así mismo «es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados13».

Conflicto y refinamiento

Ser refinados (santificados) mediante el contacto con nuestros hermanos y el trabajo del Espíritu Santo es uno de los beneficios de congregarnos en una iglesia local.

Así como las piedras del arroyo se pulen unas contra las otras por el brusco contacto entre ellas que produce la corriente, los conflictos entre los miembros de una iglesia producen en ellos el necesario refinamiento que los hace —con el tiempo— aún más útiles en el servicio al Señor. Cuando la corriente del arroyo (el conflicto) nos arrastra unos contra otros y chocamos bruscamente con nuestros hermanos, con cada impacto se va lo peor de cada uno de nosotros: el orgullo, la vanidad, el egoísmo y sobre todo, la autosuficiencia. Las piedras del arroyo son piedras muy compactas y con una circunferencia tal que terminan siendo muy útiles como herramienta. Por eso David, cuando enfrentó a Goliat, no buscó cualquier piedra, sino que fue directamente al arroyo a buscar cinco piedras y las puso en su saco: «Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo14». (Fueron tan útiles esas piedras que bastó con una sola para derribar al gigante.) Ser refinados (santificados) mediante el contacto con nuestros hermanos y el trabajo del Espíritu Santo es uno de los beneficios de congregarnos en una iglesia local. Ese refinamiento nos va haciendo cada vez más útiles en el servicio a Dios, haciendo de nosotros piedras cada vez más compactas y con una curvatura más perfecta que hace que al ser lanzamos lleguemos al punto preciso sin desviarnos, ni a un lado ni al otro. Una iglesia saludable no evita la corriente del arroyo, sino que lo aprovecha para llegar a ser mejor.

Ignorarlos, resolverlos o distanciarnos

Ya que los conflictos en la iglesia son reales y aparecen con frecuencia, tenemos tres opciones: los ignoramos, haciéndonos de cuenta que desaparecerán —la opción menos sabia—, o los intentamos resolver; y si se intenta resolver algún conflicto y no se logra, es posible que la salida sea guardar distancia. He presentado tres opciones posibles (ignorar, resolver o distanciarnos) y como la última de ellas (distanciamiento) podría ser difícil de entender deseo explicarla mejor. Si dos hermanos no encuentran la forma de ponerse de acuerdo en un asunto secundario en la mayoría de los casos pueden continuar trabajando juntos o por lo menos, trabajando por separado en el mismo lugar. Sin embargo, existen situaciones —como podría ser un viaje misionero— en que para continuar juntos tenemos que necesariamente estar de acuerdo no solamente en el fin (predicar el evangelio y hacer misericordia), sino en la forma (un equipo de tres o dos personas por dos años) y los medios (por barco). De no lograr un acuerdo la única posibilidad de avance está en el distanciamiento. Con todo, ambos deberían entender que no siempre es posible ver las cosas desde la misma perspectiva, pero que somos hijos de un mismo padre y la parte emocional del conflicto debe detenerse, aunque permanezca la parte estructural que nos separa.

Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. (Colosenses 3:8 RVR)

Conflicto: Emocional / Estructural

Aunque no siempre es posible llegar a un acuerdo, siempre es posible bajar las armas y abandonar la hostilidad: la amargura, el enojo, la ira, la gritería y demás manifestaciones de la desavenencia.

Estoy haciendo una diferencia entre la parte «emocional» y «estructural» del conflicto y uso estas palabras al no encontrar otras: lo emocional es la amargura, el enojo, la ira, la gritería y demás manifestaciones de la desavenencia15 y lo estructural es la desavenencia en sí. Aunque no siempre es posible llegar a un acuerdo, siempre es posible bajar las armas y abandonar la hostilidad. Sería como decir: yo entiendo que es posible lograr el objetivo en dos años viajando a pie con un equipo pequeño y tú entiendes que es posible lograrlo en tres meses con un equipo más grande y por barco; ambos buscamos lo mismo para la Gloria de Dios, pero no estamos de acuerdo en la forma y los medios. Viajemos por separado y que no se detenga la obra. Sería esa una separación saludable con dos beneficios: resuelve la desavenencia sin hostilidad y aumenta la expectativa de fruto.

En todas las relaciones los conflictos y los distanciamientos son normales, lo que necesitamos no es evitarlos, sino aprender a administrarlos. Una buena administración evita que el conflicto degenere en un problema mayor y al mismo tiempo, evita que el reencuentro requiera reconciliación, pues solamente quienes terminaron mal necesitan reconciliarse, quienes se distancian sin hostilidad simplemente se reencuentran. En la parte final retomaré esta diferenciación. Comparto a continuación tres consejos, que expresan la forma en que la iglesia debe ver el conflicto que sucede por las diferencias de opinión y en la medida de lo posible, resolverlo o distanciarse. Lo mismos están basados principalmente en la relación de Pablo, Bernabé y Juan Marcos (Hechos15:36-41), algunos pasajes secundarios y la sabiduría de los Proverbios.

Consejo #1: Regularmente, gran parte del conflicto tiene que ver más con nuestra percepción de ellas que con las personas en sí mismas. Para resolver el conflicto tenemos que administrar nuestras percepciones con sabiduría.

Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. (Hechos 15:37-38 RVR)

Elementos del conflicto

Discutimos por cosas que no estamos en condiciones de demostrar, pues nos aferramos a nuestras limitadas percepciones sobre los otros como si ellas tuvieran valor de verdad.

En el libro de los hechos se menciona un acalorado conflicto que hubo entre el Apóstol Pablo y su compañero de misiones Bernabé, el centro del conflicto era Juan Marcos, un colaborador que —desde la percepción del Apóstol Pablo— no debía participar con ellos el nuevo viaje misionero, pues les abandonó en el anterior. Bernabé y Pablo no tenían la misma percepción sobre Juan Marcos y la situación tuvo dos agravantes: Bernabé era tío de Juan Marcos, por lo que se podría inferir que el nexo familiar estuviera afectando su percepción y a la vez, Pablo utilizó un calificativo muy duro hacia Juan Marcos, el mismo que se aplicaba a aquellos que apostaban de la fe. Según Pablo, Marcos «apostató» de la misión y ahora no era digno de ella. No se dan muchos detalles sobre el carácter de Juan Marcos o las razones que tuvo para abandonar a sus compañeros en el viaje anterior, lo que se entiende es que Bernabé, quizás por su cercanía natural hacia él, tenía una mejor percepción de Juan Marcos que la que tenía Pablo. A fin de cuentas, ni Pablo ni Bernabé podían haber tenido una percepción de Juan Marcos que estuviera totalmente ajustada a la realidad; solamente Dios conocía su corazón, aunque ciertamente con el tiempo y en la práctica tarde o temprano se terminaría manifestando su verdadero carácter. Esto es algo que regularmente se ignora cuando se piensa en los conflictos: los hombres discutimos acaloradamente por cosas que no estamos en condiciones de demostrar, pues nos aferramos a nuestras limitadas percepciones sobre los otros como si ellas tuvieran valor de verdad.

Percepción / Opinión / Discusión

Nuestros hermanos no necesariamente son lo que nosotros ahora mismo percibimos y opinamos sobre ellos, regularmente (y en el mejor de los casos), estamos equivocados.

Cristo sí conocía el verdadero carácter de cada hombre y permaneció al lado de uno cuyo carácter era malo hasta que con el tiempo, su carácter se manifestó y quedó evidenciado. Por regla general, no deberíamos aferrarnos a nuestras percepciones, sabiendo que con el tiempo podría suceder que constatemos que no eran correctas o que Dios cambie a la persona. Es normal que nos formemos percepciones sobre la gente basadas en nuestra experiencia empírica, pues no tenemos otra cosa más fiable, pero deberíamos siempre considerar nuestras percepciones en su justa dimensión y administrar con mucho cuidado nuestras opiniones, evitando así cometer injusticias. Nuestros hermanos no necesariamente son lo que nosotros ahora mismo percibimos y opinamos sobre ellos, regularmente (y en el mejor de los casos), estamos equivocados y el tiempo, no nuestras discusiones, lo evidenciará; lo mejor sería que nos guardáramos nuestras percepciones para nosotros mismos y evitar en la medida de lo posible opinar. Si nos vemos en la necesidad de convertir la percepción en opinión, entonces opinemos con prudencia, administrando nuestras palabras con sabiduría y precaución. En muchos casos, cuando desaparezca la percepción desaparecerá también el conflicto, pero las opiniones que dejamos salir, especialmente las que salen con necedad, pueden continuar dañando.

No son pocos los conflictos entre hermanos que tuvieron su origen en malas percepciones y aún cuando desapareció la percepción que los originó se mantienen por los duros adjetivos que utilizaron al opinar. Podemos evitar muchos conflictos —o por lo menos evitar que crezcan— cerrando la boca a tiempo y evitando menospreciar al hermano por nuestras percepciones, seguir el consejo de Salomón: «El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla16». Normalmente, un conflicto comienza con una (1) percepción, se expresa por medio de una (2) opinión y se sostiene en una (3) discusión. Por eso «el que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; deja, pues, la contienda, antes que se enrede17». Y «El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido18.

David: percepción y juicio

Calificamos a los demás con dureza al dejarnos guiar de nuestras percepciones, pero si se tratara de nosotros clamaríamos por misericordia.

La prueba más contundente de que nuestras percepciones pueden ser lo suficientemente engañosas como para que no nos fiemos totalmente en ellas es que cuando se trata de nosotros mismos, en la mayoría de los casos se equivocan. Calificamos a los demás con dureza al dejarnos guiar de nuestras percepciones, pero si se tratara de nosotros clamaríamos por misericordia. Caso memorable es el del Rey David (2 Samuel 12:1-25). Después de haber participado de una serie de pecados muy vergonzosos (desear la mujer de su prójimo, adulterio, conspiración y asesinato) Dios envió al profeta Natán para reprenderle. Natán le contó a David su propia historia utilizando una parábola y le pidió que juzgara (según su percepción) a aquel hombre imaginario que había, en la parábola, participado de tales cosas. Su juicio fue duro e inmediato: «Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte19». Y la respuesta de Natán le hiela la sangre a cualquiera: «David: Tú eres aquel hombre20».

Si Dios perdonó a nuestros hermanos, entonces liberémoslos nosotros de la prisión de nuestras mentes.

Pero lo que más me conmueve de esta historia es que Dios, teniendo a David en sus manos y habiendo quedado este en evidencia —no por una simple percepción, como acostumbramos nosotros, sino por su conocimiento perfecto—, inmediatamente David confesó su pecado le perdonó: «Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás21». Así mismo nuestros hermanos caen, a veces en formas tan vergonzosas que quisiéramos dejarnos postrados y mantener nuestras percepciones negativas para siempre; pero también hemos caído nosotros, y aunque Natan no haya tocado nuestra puerta sabemos que solamente por la misericordia de Dios no hemos sido consumidos22. Sirva lo anterior para que no nos aferremos eternamente a nuestras percepciones, que si Dios perdonó a nuestros hermanos, entonces liberémoslos nosotros de la prisión de nuestras mentes, «lo que Dios limpió, no lo llames tú común23».

La viga en el ojo

Regularmente aquello que más te molesta de tus hermanos es lo que más te recuerda tu propia naturaleza.

Existe otro caso que escapa al de Pablo y Bernabé pero que guarda una estrecha relación con el tema general y por eso lo incluyo como un apéndice a este primer punto. El hombre caído tiene el entendimiento entenebrecido24, y por ende, tiende a juzgar mal todas las cosas. Si a unos lentes de sol se les dibujara unas palmeras y en el horizonte la playa, quien se los ponga puede estar en el clima más frío y muy alejado del mar, pero siempre verá su entorno como si estuviera en una cálida isla del Caribe. Así mismo, lo que tenemos en nuestro corazón determina lo que vemos en la gente y el pecador siempre juzga desde su condición. Gran parte de los conflictos en la iglesia tienen su origen no en asuntos externos, sino en asuntos que los hermanos han permitido que se internen en su corazón y determinan la forma en que terminan viendo el mundo en el presente; la viga que tenemos en nuestro propio ojo no nos permite ver con claridad a los demás: «¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano25». (Regularmente, aquello que más te molesta de tus hermanos es lo que más te recuerda tu propia naturaleza.)

Consejo #2: No todas las relaciones de trabajo tienen que ser para toda la vida, a veces conviene tomar distancia.

Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre.
(Hechos 15:9 RVR)

Distanciamiento / Guerra Fría

Una cosa es dejar de insistir en mi percepción y otra muy distinta es aceptar que tu percepción es correcta y nos conduce a alguna parte.

Es siempre triste y debe ser la última opción, pero en ocasiones no hay forma de conciliar dos puntos de vista, por lo menos no en corto tiempo. Si una de las partes cede puede haber un avance, pero a menos que esté convencida de que hacer las cosas a la manera de la otra parte es viable, no podrán lograr el acuerdo y continuar juntos. Una cosa es dejar de insistir en mi percepción y otra muy distinta es aceptar que tu percepción es correcta y nos conduce a alguna parte. Ignorar este asunto solamente producirá una «sensación» de acuerdo, una Guerra Fría. Este tipo de no-acuerdo hace más daño que bien, pues en vez de avanzar nos hace dar vueltas en círculos; quizás por eso Pablo y Bernabé en vez de simular que todo andaba bien decidieron tomar diferentes caminos, distantes, pero ambos intentando glorificar a Dios en sus respectivas empresas. La lección aquí es que un distanciamiento que nos permite continuar trabajando cada uno para la gloria de Dios es mucho mejor que un supuesto acuerdo que nos detenga, o peor aún, que termine empeorando las cosas. Las relaciones de trabajo o hasta las relaciones de amistad no necesariamente tienen que ser un pacto para toda la vida, en la medida de lo posible debemos trabajar para conservar la cercanía, pero no todas las relaciones son para toda la vida. Esto no significa que los conflictos sean insalvables, pues ciertamente con trabajo y dependencia de Dios26 es posible solucionar cualquier conflicto, por muy fuerte que sea el nudo, lo que quiero establecer es que en ciertas ocasiones y en relaciones que no requieran un compromiso hasta la muerte, como el matrimonio, vale más la pena guardar distancia y dejar el caso de lado que permanecer generando hostilidad27.

Evadir / Confrontar

Seamos muy enérgicos para defender la sana doctrina y la salud de la iglesia del Señor, pero no lo seamos tanto para defender nuestras preferencias particulares.

Es evidente que Pablo, aunque no estuviera de acuerdo en llevar consigo a Juan Marcos en la misión, entendía que el objetivo que tenían Bernabé y Juan Marcos era digno de ser perseguido, pues de lo contrario los hubiese confrontado, como en efecto hizo muchas veces a lo largo de toda su vida ministerial con otros grupos de personas que sí entendió estaban destruyendo la iglesia, tal fue el caso de los judaizantes, a quienes «refutaba vigorosamente en público28». Pablo no era dado a cerrar los ojos o a mirar hacia otro lado para evitar la confrontación. Nunca será sabio permitir que se extiendan el error y el pecado para supuestamente ayudar a que avance la iglesia como algunos han hecho; la posición de Pablo al respecto era que la iglesia nunca avanzaría por esos medios y rescatar a sus hermanos del pecado así como de la herejía era su responsabilidad. Es evidente que al tomar distancia estaba reconociendo que aunque disentía en cuanto a los medios compartía el objetivo de sus anteriores compañeros. Una buena norma es la siguiente: seamos muy enérgicos para defender la sana doctrina y la salud de la iglesia del Señor, pero no lo seamos tanto para defender nuestras preferencias particulares.

No le demos a nuestras preferencias y puntos de vista particulares el lugar preponderante que solamente debe ocupar la expresa voluntad de Dios.

Si algún hermano se desvía hacia doctrinas erróneas o prácticas pecaminosas es nuestra responsabilidad confrontarle, pero que alguien prefiera viajar a pie o a caballo y nosotros en barco no es asunto primario. Sobre todo: no le demos a nuestras preferencias y puntos de vista particulares el lugar preponderante que solamente debe ocupar la expresa voluntad de Dios. En cuanto sea asuntos de medios y formas dejemos ir a cualquiera por su camino y que glorifique a Dios por allá, pero en asuntos primarios que podrían dañar a la persona y muchos más, no deberíamos separarnos de nadie sin antes haber hecho todo lo que estuviera a nuestro alcance para traerle de vuelta a la verdad.

De acuerdo en la distancia

Un rasgo de madurez cristiana es poder distanciarnos de un proyecto por razones prácticas y seguir respaldando su objetivo. Son muchos los casos en que el distanciamientos permanente o temporal de un grupo de hombres probos por razones prácticas —permitir que se desarrolle el liderazgo local en una nueva obra, evitar que la obra sea afectada por prejuicios socio-económicos o socio-culturales, evitar que personas con el mismo grupo de habilidades generen fricción al intentar hacer lo mismo al mismo tiempo— ha permitido el avance de una buena causa. Algunos de los misioneros que salieron juntos al llegar al terreno decidieron separarse por razones prácticas y tal decisión rindió su fruto en el tiempo. Nunca deberíamos buscar la unidad como fin, sino la Verdad, y cuando todos lleguemos a la Verdad entonces estaremos tanto juntos como de acuerdo; el sentido de lo que he venido expresando es que en asuntos superficiales o de orden secundario como los integrantes de un equipo o el cronograma de la misión no necesariamente tenemos que estar de acuerdo. Es la antigua formula que esbozó San Agustín: «en lo esencial unidad, en lo secundario libertad y en todo claridad».

Intentos / Desgaste

Los conflictos van desgastando el alma, por lo que la probabilidad de que dos personas se pongan de acuerdo es inversamente proporcional al número de intentos consecutivos.

Tomar distancia no significa necesariamente cambiar de iglesia local29 o mudarse de ciudad, muchas veces es algo tan sencillo como trabajar en proyectos distintos dentro de la misma iglesia o en diferentes departamentos. Personas que por alguna razón no están logrando ponerse de acuerdo en un proyecto podrían cambiar de proyecto y permanecer en su misma iglesia local, evitando así que la hostilidad aparezca o se desarrolle y produciendo un fruto por separado que a fin de cuentas es para el mismo Señor. Los conflictos van desgastando el alma, por lo que La probabilidad de que dos personas se pongan de acuerdo es inversamente proporcional al número de intentos consecutivos. En ocasiones, lo más saludable es dejarlo de intentar por un tiempo y tomar distancia.

Una buena pregunta

¿Existe la posibilidad de que podamos seguir trabajando por separado sin guardar ningún rencor o sentimiento negativo?

Lo único que deberíamos seguir intentando siempre es bajar las armas, detener la hostilidad. Después de haber buscando sin éxito un acuerdo con nuestros hermanos para salir del conflicto una buena pregunta es la siguiente: en el estado actual de las cosas, ¿existe la posibilidad de que podamos seguir trabajando por separado sin guardar ningún rencor o sentimiento negativo? Si se puede responder que sí la salida es fácil, pues se trata de la «parte estructural» del conflicto: una separación amistosa, aunque sea temporal, y seguimos trabajando en paz cada uno por su lado. Si es posible que la «parte emocional» del conflicto no termine luego del distanciamiento lo mejor es seguir intentando alcanzar la paz, aunque no sigamos trabajando juntos, evitando así que brote en nosotros una raíz de amargura30 y termine dañándonos y dañando a otros. Buscar la ayuda de otros hermanos siempre es conveniente31, intentando «si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres32».

Redil / Rebaño

Tengamos mente de rebaño y no de redil, amemos nuestra manada pequeña, pero sepamos que hay iglesia más allá de nuestros bordes.

El distanciamiento no se debe considerar siempre como división, pues no se trata de que uno obrará en un sentido distinto al otro, sino más bien que ambos intentarán obrar desde diferentes puntos en el mismo sentido que glorifica a Cristo y produce fruto a su Señor. Es la metáfora del pastor que tiene más de un redil, pero al final todos somos partes del mismo rebaño de Cristo33. Un redil y el otro pueden estar físicamente separados, pero el Señor es el mismo. Que alguien salga de una iglesia local a otra por razones prácticas tampoco debe de ser mal visto, son muchas las congregaciones que manipulan a sus miembros para retenerlos, pero tal cosa es totalmente contraria a las Escrituras: recordemos que apacentamos «la grey de Dios34» y no la nuestra, que todos los rediles son del «Príncipe de los pastores35». Tengamos mente de rebaño y no de redil, amemos nuestra manada pequeña, pero sepamos que hay iglesia más allá de nuestros bordes.

Consejo #3: La causa de Cristo siempre debe ser puesta por encima de nuestros intereses particulares.

Y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias. (Hechos 15:40-41 RVR)

Primero la causa

El ejemplo aquí no es que se festine el conflicto, sino, que podemos dejar el conflicto de lado y continuar haciendo la obra de Dios.

Precisamente fue el distanciamiento el camino que tomaron Pablo, Bernabé y Juan Marcos, y eso confirma lo que vengo explicando: nuestros conflictos regularmente tienen que ver con nuestras percepciones, no todas las relaciones son para toda la vida y la causa de Cristo debe de estar por encima de nuestras limitadas percepciones particulares. Lo más importante aquí no era que Pablo tuviera la razón sobre Juan Marcos o que la tuviera Bernabé, sino, que continuara la expansión del evangelio. Para algunos puede ser vergonzoso o hasta poco cristiano que dos hermanos, líderes dentro de la iglesia del Señor, no se pusieran de acuerdo y dejaran de insistir en trabajar juntos, pero cuando se mira no desde sus preferencias particulares, sino desde lo que más convenía a la causa de Cristo, la separación fue lo mejor. ¡Gracias al Señor que no se distrajeron en un debate durante años mientras las iglesias estaban desamparadas! El ejemplo aquí no es que se festine el conflicto, sino, que podemos dejar el conflicto de lado y continuar haciendo la obra de Dios en la distancia. No hay evidencia alguna que demuestre la prolongación de la parte emocional del conflicto entre Pablo y Bernabé, al parecer murió el conflicto allí mismo donde nació; de lo que sí hay evidencia es del avance del evangelio, de que Pablo y Bernabé luego tuvieron cercanía y de que Juan Marcos, que era el centro del conflicto actual y objeto de la percepción negativa de Pablo, luego se convirtió en un cercano colaborador suyo y objeto de sus elogios. Con el tiempo, cambió la percepción de Pablo hacia él y lograron ponerse de acuerdo.

Percepciones añejas

Es triste ver como muchos sostienen a través de los años las mismas percepciones que se crearon sobre sus hermanos en el pasado —por hechos reales o supuestos— y detienen con ello el avance de la obra. Dios puede transformar el carácter de un hombre y de hecho lo hace cada día. Nuestras percepciones no son brújulas seguras, pueden ser tan erráticas como nuestros estados de ánimo. Siendo así, deberíamos nosotros entender que lo que nos separó ayer no necesariamente tiene que separarnos hoy, que los reencuentros en otro tiempo y otro lugar pueden ser muy fructíferos para la obra de Dios. Cuando nos separamos bien, esto es, sin hostilidad o raíces de amargura y con el tiempo volvemos a coincidir, sucede un reencuentro, que es la mejor de las posibilidades. Sin embargo, cuando en el pasado no se pudo dejar atrás la hostilidad y con el tiempo volvemos a coincidir, necesitamos reconciliarnos, algo que es difícil, pero necesario. Aquí entonces reitero el punto anterior: las personas sólo se reconcilian cuando no salieron bien de algún conflicto, regularmente, al intentar ponerse de acuerdo en el momento incorrecto.

Un reencuentro

El Señor, a través del tiempo, puso cada cosa en su lugar: cambió las personas que formaron parte del conflicto (Pablo, Bernabé y Juan Marcos) y ajustó sus respectivas percepciones. Aquellos que al comienzo de su ministerio no coincidieron, ahora, en la postrimería, vuelven a trabajar juntos sin mayores dificultades. El que veremos ahora no es el Pablo del primer viaje misionero, no, es el Pablo que «ha peleado la buena batalla, acabado la carrera y guardo la fe36». Está listo para su partida y algo solo, pues varios de sus últimos colaboradores le habían desamparado, dejando no solamente a Pablo como le dejaron en aquel momento Bernabé y Juan Marcos para trabajar en otra parte, sino dejando también la fe. Estaba preso, desamparado, listo para literalmente soltar las anclas y escribe no a Silas, quien remplazó a Bernabé y a Juan Marcos en el equipo anterior, sino a Timoteo, su más cercano colaborador en ese momento.

Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Éfeso. Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. (2 Timoteo 4:9-16 RVR)

Lección de liderazgo

En la obra del Señor los colaboradores vienen y van, hoy están con nosotros y en el mejor de los casos mañana estarán en otra parte de la misma obra, pero la obra permanece.

La primera vez que leí esta parte de la última carta de Pablo me estremecí al entender una importante lección: en la obra del Señor los colaboradores vienen y van, hoy están con nosotros y en el mejor de los casos mañana estarán en otra parte de la misma obra, pero la obra permanece. Nuestra misión no es retener los colaboradores todo el tiempo, sino retener la fe y mantener la mano en el arado sin importar las circunstancias. Pablo no terminó su ministerio rodeado de amigos, sino, con un gozo profundo que emanaba de sus convicciones. Estaba, humanamente hablando, muy solo en prisión, sus posesiones eran un capote, unos cuantos libros y un puñado de amigos que en su mayoría él mismo había despedido para que trabajaran en otra parte del la obra; sí, también tenía reservada la corona de justicia. En este momento final, el gran Apóstol no encontró un colaborador más útil para mandar a buscar que aquel que le había abandonado en su primer viaje misionero: «Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio37».

Oración diferente

Nuestra intención no es retener, sino edificar.

En el primer año de nuestra iglesia había un motivo muy recurrente en mis oraciones. Hacía un círculo con aquellos hermanos que habían comenzado conmigo esta nueva obra y junto a ellos, tomados de las manos, le rogaba al Señor que nos permitiera permanecer juntos hasta el final. Para el segundo año mi oración cambió y ahora pedía al Señor que nos permitiera llegar juntos a un buen número de aquellos que comenzamos. Para el tercer año mi oración cambió, ya muchos de los primeros colaboradores estaban en otra parte, otros, tristemente, se habían apartado no solamente de nosotros sino también del Señor, y así mismo, otros comenzaban a unirse. Ahora le oraba al Señor para que nos permitiera llegar, juntos o distantes, en este redil o en algún otro, pero que llegáramos hasta el final. Así mismo, es nuestra intención poder enviar en los próximos años a muchos de nuestros más cercanos colaboradores a trabajar en otras partes en las que exista necesidad, despedirlos en paz y luego, de ser posible, recibirlos con celebración como hacía la iglesia de Antioquía38, nuestra intención no es retener, sino edificar.

Una reconciliación

La percepción que tuviera Filemón sobre Onésimo podría ser cierta y hasta justa, pero no irrevocable.

Hubo otro caso en el que el Apóstol Pablo y Timoteo mediaron para que sucediera una reconciliación entre dos hermanos que tuvieron un conflicto en el pasado y aún se mantenía la hostilidad. Lo hicieron escribiendo una carta a una de las partes (Filemón) y propiciando un encuentro. Este caso era más complejo que el de Pablo, Bernabé y Juan Marcos, pues no se trataba solamente de percepciones, sino de una falta real: Onésimo había faltado a su Señor (Filemón) y huido. Ahora, luego de haber sido convertido al cristianismo, era enviado nuevamente a ante Filemón con una carta de recomendación de Pablo. Esta historia escapa al objetivo de este ensayo —un fin digno de ser perseguido y dos hermanos que no se ponen de acuerdo en la forma o los medios— pero ilustra uno de los aspectos tratados: la diferencia entre un reencuentro y una reconciliación. Las mismas palabras que utilizó Pablo cuando le escribió a Timoteo para que trajera a él a Juan Marcos, quien en otro tiempo se separó de él (reencuentro), fueron las que utilizó para decirle a su amigo Filemón que recibiera a Onésimo (reconciliación), quien en otro tiempo le había faltado y abandonado pero que ahora había sido cambiado por Dios. (La percepción que tuviera Filemón sobre Onésimo podría ser cierta y hasta justa, pero no irrevocable.)

Pablo a Timoteo / Reencuentro con Juan Marcos:
Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio (2 Timoteo 4:11 RVR)

Pablo a Filemón / Reconciliación con Onésimo:
Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. (Filemón 1:10-12 RVR)

Finalmente:
tres metáforas, una lección

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! (Salmos 133:1 RVR)

No es posible que sigamos conectados de Cristo mientras nos desconectamos totalmente de nuestros hermanos, si realmente lo son.

He utilizado intencionalmente a lo largo de todos los puntos el término distanciamiento y no separación, para dar a entender que por muy lejos que podamos estar en un momento los unos de los otros, seremos siempre parte del cuerpo, del rebaño y la vid, que es Cristo, que no es posible que sigamos conectados de Cristo mientras nos desconectamos totalmente de nuestros hermanos, si realmente lo son. Una mano puede estar en un momento tan cerca y entrelazada con la otra que sea imposible determinar qué dedo pertenece a la una y qué dedo a la otra, y en otras ocasiones pueden estar ambas dan distanciadas como está el dedo gordo del pie de la coronilla de la cabeza; aunque siempre seguirán siendo parte de un mismo cuerpo. No todos los pámpanos se acercan con la misma facilidad, pero a menos que seamos cortados seguiremos estando conectados a la misma vid, sin importar la distancia. Las ovejas se mueven de un lugar a otro, son puestas hoy al cuidado de un pastor y mañana del otro, pero su dueño sigue siendo el mismo.

El cuerpo, el redil y los pámpanos

Es bueno que las ovejas, los miembros o pámpanos estén cerca, pero lo más importante es que permanezcan conectados a la misma fuente (cabeza, rebaño, vid).

La cabeza coordina una multitud de miembros que hacen funciones importantes para todo el cuerpo aunque por su ubicación no estén cerca. El pastor lleva a cada oveja a su redil y en ocasiones, por razones prácticas, muda una oveja a otra parte dentro del mismo rebaño. El labrador logra que las ramas se extiendan, que no se enreden las unas con las otras sino que crezcan en la distancia, siempre conectadas a la misma fuente. En estas tres metáforas de la vida de la iglesia (el cuerpo, el redil y los pámpanos) se evidencia el mismo principio: Es bueno que las ovejas, los miembros o pámpanos estén cerca, pero lo más importante es que permanezcan conectados a la misma fuente (cabeza, rebaño, vid), que hagan su función, disfruten de su cuidado y den su fruto.

  1. 2 Timoteo 3:16-17 RVR «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. []
  2. Cantares 2:15 []
  3. Judas 1:12 RVR []
  4. Romanos 15:14 RVR []
  5. Efesios 4:2 []
  6. 1 Tesalonicenses 4:18 RVR []
  7. 1 Corintios 6:1-3 RVR []
  8. 1 Corintios 11:34 RVR []
  9. 1 Corintios 11:33 RVR []
  10. Gálatas 2:11-14 RVR []
  11. Hechos 5:1-5 RVR []
  12. Proverbios 27:17 RVR []
  13. 1 Corintios 11:19 RVR []
  14. 1 Samuel 17:40 RVR []
  15. Colosenses 3:8 RVR []
  16. Proverbios 11:12 RVR []
  17. Proverbios 17:14 RVR []
  18. Proverbios 17:27, 28 RVR []
  19. 2 Samuel 12:5 RVR []
  20. 2 Samuel 12:7 RVR []
  21. 2 Samuel 12:13 RVR []
  22. Lamentaciones 3:22 RVR «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias». []
  23. Hechos 10:15 RVR []
  24. Efesios 4:18 RVR «Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón». []
  25. Mateo 7:5 RVR []
  26. Proverbios 16:7 RVR «Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él». []
  27. Proverbios 17:14 RVR «El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; deja, pues, la contienda, antes que se enrede». []
  28. Hechos 18:28 RVR []
  29. Aunque en algunos casos especiales cambiar de iglesia local sí es lo más saludable y deberíamos evitar retener innecesariamente las ovejas del Señor en un en un redil. He visto con tristeza la forma en que algunas congregaciones se aferran a sus miembros y por medio de presión o manipulación evitan que se congreguen en alguna otra parte. []
  30. Hebreos 12:14-15 RVR «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». []
  31. Mateo 18:15-17 RVR « Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano». Recordando siempre la intención de este pasaje, el «por tanto» del versículo 15 que nos refiere al 14 del mismo capítulo: «no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños». []
  32. Romanos 12:18 RVR []
  33. 1 Corintios 1:12-13 RVR «Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?» []
  34. 1 Pedro 5:2 RVR []
  35. 1 Pedro 5:4 RVR []
  36. 2 Timoteo 4:7 RVR []
  37. 2 Timoteo 4:11 RVR []
  38. Hechos 14:26-27 RVR «De allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido. Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles». []
May 22, 2012
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