La meditación

Rafael Pérez

Pregunta:
¿Debemos los cristianos practicar la meditación?

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. (Isaías 26:3)

La respuesta corta es un claro que sí, pero con una larga advertencia de cuidado. Existe una gran diferencia entre la meditación cristiana y cualquier otro tipo de meditación, un aspecto distinto es el siguiente: en la nuestra, el objetivo no es dejar la mente en blanco o conseguir entrar en determinado estado de ánimo por medio de la repetición de un estribillo; lo que nosotros hacemos es meditar en la ley de Dios de día y de noche1, iluminando con ella nuestro camino2 para desplazar la oscuridad del error y alcanzar así una certidumbre de paz, certidumbre que tiene su origen en las firmes promesas de Dios y no en la autosugestión, el autoengaño o positivismo. LLevamos cautivo todo pensamiento propio a la obediencia de Cristo3. Al meditar se altera nuestro estado de ánimo, pudiendo en ocasiones pasar del desespero al amparo, pero no es el efecto de dejar la mente en blanco o de las vanas repeticiones, sino, de un acto racional: haber encontrado dirección, afirmación o gozo al entender la ley de Dios.

Sobre cualquier otra, la gran diferencia entre la meditación cristiana y cualquier otra está en que la fuente de la paz que nosotros buscamos alcanzar no está en nosotros mismos, sino fuera, en Dios. Los cristianos no buscamos el silencio para oír nuestra propia voz (voz interior), sino para que la voz de Dios, que a veces es un suave susurro como el del «silbo apacible y delicado», se escuche con toda su claridad. Cuando salimos del bullicio y nos refugiamos en la soledad no queremos ir allí para encontrarnos con nosotros mismos en la vanidad de nuestra mente4, sino con Dios. Es el caso de Elías5, que atemorizado ante la persecución de Jezabel primero caminó por el desierto y luego se refugió en una cueva, pero sus propios pensamientos no pudieron alentarlo, sino que Dios mismo se le reveló para animarlo con sus promesas. En esto también hay todo un abismo de diferencia entre algunas escuelas de psicología y el cristianismo: los cristianos no creemos que la respuesta a nuestros problemas esté en nuestro interior, sino en Dios, y por eso buscamos a Dios en vez de intentar encontrarnos con nosotros mismos al dar un paseo en el campo. Cuando alguien va donde un consejero cristiano en busca de ayuda el consejero no indaga el alma buscando respuestas, sino preguntas: no ayuda al aconsejado a encontrar su propio camino particular, su propia verdad personal o su ideal de lo que es la vida, sino todo lo contrario: indaga qué tan lejos de Cristo se encuentra y le ayuda a encontrar —en Cristo— el camino, la verdad y la vida6 mientras le persuade de que cualquier otra cosa es vanidad.

(El cristianismo es una religión de revelación no de descubrimientos o de inventos: Dios eligió revelarse al hombre, no fue el hombre quién descubrió a un Dios oculto; este aspecto debe estar siempre presente en nuestra meditación: lo que de Dios sabemos o podemos saber es lo que Dios mismos ya nos reveló, ningún esfuerzo mental o intelectual puede lograr nada más allá de la revelación.)

  1. Salmos 1 []
  2. Salmos 119:105 RVR «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». []
  3. 2 Corintios 10:5 RVR «Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo». []
  4. Efesios 4:17-18 RVR «Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón». []
  5. 1 Reyes 19 []
  6. Juan 14:6 RVR «Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí». []
May 2, 2012
Archivado en: Notas



Lista de correo

Mantente en contacto. Recibe en tu correo los últimos artículos y actualizaciones.


Selecciones

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

Vale la pena trabajar en equipo, y para hacerlo conviene tener presente las motivaciones que nos llevaron a dejar de trabajar solos.

Tres (3) barreras para involucrar obreros en el ministerio

Tres (3) barreras para involucrar obreros en el ministerio

La iglesia cristiana no es una fundación ni una ONG, la tarea no es solamente práctica, sino principalmente espiritual. Es absolutamente necesario que sea evidente una relación personal creciente con el Señor de la obra antes de ponerle la mano al arado.

Un criterio para seleccionar la música que escuchamos

Un criterio para seleccionar la música que escuchamos

Necesitamos un criterio para nuestra aproximación a la música. Aquí encontrarás una serie de consideraciones para que con la ayuda del Señor puedas establecer el tuyo. Sé que para algunos este podría ser un tema ya cerrado, pero creo que valdría la pena volver a pensarlo, para nuestro provecho y el de nuestros hermanos.

Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana (Audio)

Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana (Audio)

Si realmente los cristianos tenemos una doctrina superior, debería serlo también nuestra manera de vivir. A diferencia de la filosofía, que encuentra su propósito en el conocimiento por sí mismo, la doctrina cristiana carece de valor cuando solamente se entiende; hasta que no somos llevados a actuar, a decidir, a cambiar de rumbo, ella no ha alcanzado su propósito.

Los retos de discipular adultos

Los retos de discipular adultos

Si viniste a Cristo siendo un adulto y estás luchando para hacer en tu vida la voluntad del Señor, espero que en este artículo puedas ver que no estás solo y encontrar aliento. ¡Confía en el poder del Evangelio!

¿Por dónde comenzar a estudiar la Biblia?

¿Por dónde comenzar a estudiar la Biblia?

En la mayor parte de Latinoamérica la gente ya tiene cierto conocimiento sobre Jesús. Los tres primeros evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) son especialmente útiles para conocer su persona, pero el cuarto evangelio (Juan) fue escrito expresamente «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre».