Trabajo sin reflexión: peligro

Rafael Pérez
Escritorio / Invermedios

Foto: Mi escritorio de de trabajo en la oficina, lleno de pendientes.

Necio / Trabajador

Hoy tuve una reunión de trabajo a las 7AM a la que llegué tarde porque me acosté a media noche, terminando otro trabajo. Luego salí a otra reunión con un pastor amigo, llegué a mi casa al medio día y me recosté a cabecear en una mecedora. El celular me despertó y salí corriendo a encontrarme con uno de los músicos de PezMundial, que al ver mi aspecto, me preguntó que si me ocurría algo. No es nada —le respondí—, sólo muchos asuntos pendientes. De ahí corrí a responderle la llamada a un cliente y a terminar un contrato. Hace un rato dieron las nueve de la noche y pensé: he cerrado el día. Pero cuando dije que lo cerré, miré el reloj y me di cuenta de que realmente, fue el día quién me cerró a mí. Si el sol no se hubiese ocultado hace cuatro horas quizás aún estuviera trabajando. El teléfono sobre el escritorio, la lata de coca-cola, los libros y una laptop encendida. Lo peor del caso es que probablemente, cuando salga de la oficina y llegue a la casa, me tumbe en la cama, la abra nuevamente y trabaje un poco más. ¡Caramba! ¡Qué difícil es dejar de trabajar! (Esa fue la reprensión que me di a mí mismo.)

De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen.
(Salmos 127:2 DHH)

Workahólicos / Workahóbbicos

Veinte años atrás, cuando lo que uno conoce como trabajo era mucho más físico y aburrido, a las 5:00 PM se dejaban de cargar cajas, pues el cuerpo lo exigía; hoy, como muchos de nosotros trabajamos más con la mente que con las manos y regularmente en lo que nos apasiona, el cerebro no nos exige hacer la pausa. Por el contrario, a veces se envuelve en unas rachas de producción que parecen no detenerse y tenemos casi que obligarnos a dejar de trabajar. A pesar del mucho ajetreo, disfruto intensamente casi todo lo que hago en un día como el de hoy: el trabajo en la empresa (Invermedios), el trabajo en la iglesia (PezMundial), las reuniones con amigos. Sin embargo, el cuerpo se resiente y nos recuerda —con dolores de espalda, con ojeras, con estrés— la necedad de trabajar sin descansar, de no respetar las pausas, o como dice el libro de Eclesiastés: la necedad de no regresar a la ciudad.

Tanto se mata el necio trabajando, que no sabe ni el camino a la ciudad. (Eclesiastés 10:15 DHH)

Desgaste físico / espiritual

El desgaste físico es una posibilidad real, pero lo que sí es totalmente seguro es que el ajetreo constante produce un tipo de desgaste espiritual muy peligroso. Cuando trabajamos y trabajamos sin descansar corremos el riesgo de perder el rumbo, cometer errores y culpar a Dios. Quizás perdemos de vista el objetivo de nuestro trabajo, quizás olvidamos nuestra misión en la vida o lo que es más común: olvidamos que es Dios nuestro proveedor y no la empresa o el proyecto del que no queremos despegarnos. El libro de Proverbios así mismo lo expresa:

No es bueno el afán sin reflexión; las muchas prisas provocan errores. La necedad del hombre le hace perder el camino, y luego el hombre le echa la culpa al Señor. (Proverbios 19:2—3 DHH)

Ago 3, 2010
Archivado en: Personales, Reflexiones



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