Apalancamiento: conocimiento, experiencia y relaciones

Rafael Pérez

ApalancamientoEl consejo más común que se le da a la gente para que logre algo en la vida es el siguiente: preocúpate por adquirir una buena educación. Como se entiende que en la vida el principal punto de apalancamiento es el conocimiento, aquellos que lo obtengan ―se supone― tendrán un buen futuro. Lamentablemente, no siempre es así, en la práctica se ha demostrado que aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.

El principio de la palanca

La famosa cita de Arquímedes reza de la manera siguiente: «Dadme una palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo». La humanidad aprendió temprano que la fuerza bruta no siempre es la mejor opción para cambiar un objeto de una posición a otra, que si se invierte un poco de tiempo en pensar, se pueden ahorrar muchas horas y energías. El apalancamiento es un principio universal con aplicaciones en campos tan variados como la mecánica, las finanzas y la gerencia, pero que también sirve para la vida, la solución de conflictos y en el liderazgo. Cuando un líder desea generar un cambio, tiene dos opciones: puede imponerlos por la fuerza o puede auxiliarse de los tres puntos de apalancamiento que explico a continuación (conocimiento, relaciones, experiencia). Lo mismo puede servir para la planificación de una carrera profesional o hasta en las relaciones interpersonales.

Palanca

Optimizando el orden

El orden que comúnmente se sigue al utilizar los tres puntos de apalancamiento en una carrera profesional es el siguiente: elige una profesión, adquiere los conocimientos en la universidad, haz unos años de experiencia trabajando en una empresa hasta que desarrolles las relaciones necesarias (colegas) para mantenerte a flote en el mercado laboral. Un buen profesional es aquel que sabe utilizar adecuadamente estas tres palancas: conocimientos, experiencias y relaciones.

Aunque seguir esta secuencia parece lo más razonable y realmente funciona bien para el común de la gente, es al mismo tiempo el camino más largo y lento. Mi recomendación para llegar más rápido sería la siguiente: identifica una profesión, busca un mentor, permite que él te recomiende la mejor manera de adquirir el conocimiento más apropiado ―evitando así tener que estudiar todo para después poder denigrar y quedarte con lo más importante―, usa su experiencia para desarrollar la tuya y conéctate a través de él usando sus relaciones. Pero principalmente: invierte el mismo tiempo o más en practicar a su lado y hacer tu propia red de contactos (networking) que estudiando, pues a fin de cuentas, el conocimiento es muy cambiante y para moverse de un lado al otro, lo más extrapolable son los otros dos puntos de apalancamiento (experiencia y relaciones). Ellos sirven para cualquier empresa y en cualquier profesión.

Inexperiencia en la era del conocimiento

Una paradoja en la era del conocimiento es que así como aumenta la información disponible (conocimiento) exponencialmente hasta llegar al ofuscamiento, disminuye al mismo ritmo la interacción entre generaciones. Antes los libros eran escasos y la información limitada, siendo así, los jóvenes tenían que auxiliarse de los ancianos, quienes habían podido convertir el conocimiento en experiencia (por el uso) y por la cantidad de experiencia adquirida se habían convertido en sabios (con los años). En aquellos tiempos, el anciano no sólo instruía al joven poniendo el conocimiento al alcance de sus manos (libros y manuscritos) y la experiencia a su disposición (vivencias), sino que también lo introducía en su círculo social, haciéndose acompañar de él a todos los lugares a donde se movía para transferirle sus relaciones. La transferencia de estos tres elementos (conocimiento, experiencia y relaciones) permitía que la próxima generación llegara mucho más lejos que la anterior, pues en vez de tropezar con las mismas piedras, construía encima de un legado.

(Un dato importante: para aprender rápido es necesario convertir la información en experiencias, pues éstas son más fáciles de transportar en la cabeza que los datos memorizados.)

Un secreto revelado

A continuación revelaré un secreto que me ha permitido moverme en los últimos años de forma rápida y segura, logrando más en mucho menos tiempo: en cuanto al conocimiento he sido autodidacta, leyendo por mi cuenta tantos libros como me ha sido posible, pero en vez de salir a la calle a tropezar usando mis propios pies, me he subido en los hombros de hombres más experimentados que yo. Me di cuenta de que como en nuestros días las generaciones están enfrentadas, no conversan, y al tomar yo la iniciativa de sentarme a los pies de los ancianos ―ellos no me lo pedirían, pues pensaban que yo no los necesitaba―, he tenido decenas de ellos disponibles sólo para mí. Están disponibles y ávidos por enseñar, pero la mayoría de mis amigos tienen los oídos y los ojos cerrados, están demasiado ilusionados con la era del conocimiento para pensar en la era de la sabiduría.

Podemos conseguir conocimiento en cualquier momento de forma rápida y utilizando nuestros propios medios (comprando libros, visitado bibliotecas, consultado en Internet) , pero la fuente de experiencia y relaciones más grande es frecuentemente la generación anterior; lamentablemente, cuando mi generación venga a descubrir esta gran verdad, habrá sido demasiado tarde, ya los viejos se habrán ido.

Hoy le escucho, mañana le leo

Ayer estuve reunido por dos horas con un sabio amigo, él tiene tres veces mis años y una decena de obras publicadas, varias de las cuales he tenido el honor de leer. Mientras le escuchaba hablar de sus vivencias, me puso en las manos el borrador de su último libro. Tuve el atrevimiento de decirle lo siguiente: «En diez años usted no estará aquí, pero estarán sus libros (conocimiento), en este momento valoro mucho más reuniones como estas donde puedo aprender de sus vivencias (experiencia) y participar en actividades donde pueda conocer sus amistades (relaciones) que cualquier otra cosa, pues estas dos últimas se las llevará con usted cuando tenga que irse». Él se rió, pero creo que mi petición fue clara. En el futuro podré leer sus libros, pero él no estará aquí para ilustrármelos.

Oct 23, 2007
Archivado en: Discipulado, Liderazgo, Personales



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