Vejez, Ancianos cristianos, adultos mayores

Palabras de ánimo para mis hermanos ya ancianos

8 febrero 2019 / Rafael Pérez

Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! 2 Reyes 13:14

Eliseo, el profeta del Señor, tuvo un dilatado ministerio que se proyectó por cincuenta años a lo largo del reinado de cuatro reyes de Israel: Acab, Jehú, Joacaz y Joás. Pero no en todos los años tuvo el mismo nivel de actividad: el comienzo de su ministerio, cuando sucedió a Elías y recibió la doble porción que anhelaba, fue mucho más activo que el final, donde por décadas estuvo en un relativo anonimato; pero en todos los momentos, en los de mucha fortaleza física y en los de relativa debilidad, sirvió el profeta a Dios con mucha fidelidad.

Físicamente disminuido, espiritualmente poderoso

El momento final de su vida llama la atención: ya enfermo, quizás pasaba de los ochenta años y estaba a punto de morir en relativo anonimato, entonces el rey Joás vino a visitarle, no tanto para buscar algún servicio espiritual sino en un gesto de gratitud, por haber sido un profeta utilizado por Dios en otros tiempos para el bienestar de su pueblo. En medio de la visita sucedió algo impresionante. Cuando Eliseo ya no lo esperaba, cuando quizás tampoco lo esperaban el rey ni el pueblo, aún en medio de la enfermedad y ante la perspectiva de su muerte inminente, Dios vino otra vez y le usó con poder para profetizar la destrucción de los enemigos de su pueblo. ¡Lo que el profeta anheló y no consiguió en sus años de mayor vigor! Todo sucedió de forma muy rápida e imprevista, se describe en 2 de Reyes 13:14-19. Con la autoridad con que hablan los representantes del Señor el debilitado profeta fue guiando al rey de Israel a lo largo de dos lecciones objetivas: lanzar una flecha al oriente (poniendo sus debilitadas manos sobre las manos del rey) y golpear el suelo con las flechas en Señal de la victoria.
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Trabajo en equipo / Hechos 13

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

7 febrero 2019 / Rafael Pérez

Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Hechos 13:1-3

Dos cosas llaman mi atención al leer la vida de la iglesia que estaba en Antioquía tal como se detalla en Hechos 13: primero la abundancia de dones que estaban allí presentes y después que en todas las descripciones estos hermanos se ven juntos, como un equipo, y no como entes individuales: servían y ayunaban juntos, eran guiados juntos por el Señor, oraban juntos para enviar a sus hermanos, y no los enviaban solos, sino de a dos. ¡Muchos dones y trabajo en equipo!

Difícil y necesario

Trabajar en equipo no será fácil la mayoría de las veces, se generarán conflictos y malos entendidos. El trabajo puede que resulte ser mucho más lento, sobre todo en equipos nuevos o no muy bien coordinados. De todos modos, vale la pena trabajar en equipo, y para hacerlo conviene tener presente las motivaciones que nos llevaron a dejar de trabajar solos. Si estás luchando para integrarte a un equipo o mantenerte dentro, espero que alguna de estas cuatro motivaciones te sea de utilidad. Son cortas, puedes leerla ahora y releerlas cuando vuelvas a necesitarlo, verás que trabajar en equipo es difícil, pero necesario.
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Crecimiento de la iglesia / Efesios 4:13

¡Hasta que todos lleguemos!

6 febrero 2019 / Rafael Pérez

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efesios 4:13

Es impresionante el nivel de individualismo que puede encontrarse aún entre el pueblo de Dios. Si le preguntas a un creyente cuáles son sus planes o metas con toda seguridad limitará su respuesta a la esfera estrictamente personal: su trabajo, su familia, sus bienes, su crecimiento espiritual, sus sueños y anhelos. Esto te pasa a ti, a él y también a mí: dejar de pensar en mí para pensar en nosotros y proyectarnos en forma corporativa es un esfuerzo constante e intencional. ¡Es parte de morirnos a nosotros mismos! Una evidencia de este mal es la cantidad de libros y sermones sobre madurez o crecimiento espiritual cuyos títulos están escritos en primera persona: no aluden al crecimiento corporativo o congregacional, sino a que crezcamos individualmente, al margen o sin considerar el crecimiento de nuestros hermanos: tu crecimiento, tu madurez, tu desarrollo.

Dejar de pensar en mí para pensar en nosotros y proyectarnos en forma corporativa es un esfuerzo constante e intencional. ¡Es parte de morirnos a nosotros mismos!

Las expectativas de Dios

Las expectativas que tiene Dios al respecto del crecimiento de su iglesia son corporativas, no individuales, así las expresó el Apóstol Pablo por inspiración divina: «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios». Este es un elemento del crecimiento de la iglesia que entra en conflicto con nuestro viejo hombre, pues antes de venir a Cristo estábamos ocupados en nuestras particularidades, en nuestros propios deseos, en nuestra visión estrecha que no se proyectaba a más allá de nuestra propia sombra. ¡Qué hermoso es un creyente que ha crecido en madurez a un punto tal que aspira ya al crecimiento corporativo y a la mutua edificación de su iglesia! Uno que en vez de soñar solamente para sí ya puede llegar a soñar junto a otros y que si piensa en sí mismo lo hace con la intención de llegar a complementar mejor lo que Dios está haciendo en su pueblo. Aún más precioso es aquel que en vez de ver solamente las debilidades de su iglesia local se ve a sí mismo como una potencial respuesta para las mismas; se dice en su mente que si el Señor le permitiera crecer en ese aspecto su iglesia quedaría en mejor posición de glorificar a Dios, pues él mismo podría con su ejemplo guiar a los otros para que juntos pudieran lograrlo. Expresiones como esas, por lo poco comunes que son, parecen quimeras irrisorias, pero la voluntad de Dios para nosotros no es nada menos que esa. ¡Hasta que todos lleguemos!
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Edición de la iglesia / Efesios 4:11-12

La mecánica para la edificación de la iglesia

5 febrero 2019 / Rafael Pérez

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. Efesios 4:11-12

Es evidente que muchas iglesias, por la gracia de Dios, la agencia del Espíritu Santo y la sabiduría práctica de muchos obreros han sido edificadas sin que sus miembros tengan objetivamente este entendimiento, pero si conocemos y aplicamos el mecanismo que Dios ha dispuesto podríamos hacerlo aún mejor.

Comenzar el trabajo de edificación sin comprender bien el mecanismo solamente conduce a la frustración y a un cansancio sin fruto.

Para construir una casa es necesario tener por lo menos nociones básicas de su funcionamiento estructural (cómo funcionan juntas las columnas, las vigas y las paredes), para utilizar una herramienta se requiere conocer bien la tarea para la que será empleada (cada tarea tiene su herramienta particular y de no usar la herramienta correcta podría quedar mal) y para practicar un deporte primero se conocen sus reglas. Así mismo, antes de pretender edificar la iglesia es necesario comprender el mecanismo que Dios ha establecido mediante el cual sus diferentes partes interactúan de forma tal que se alcanza su propósito. A esta dinámica interna, a este modelo de edificación, me refiero con el término «mecánica»: un orden establecido por Dios en el que se debería edificar su iglesia. Comenzar el trabajo de edificación sin comprender bien el mecanismo solamente conduce a la frustración y a un cansancio sin fruto. Es evidente que muchas iglesias, por la gracia de Dios, la agencia del Espíritu Santo y la sabiduría práctica de muchos obreros han sido edificadas sin que sus miembros tengan objetivamente este entendimiento, pero si conocemos y aplicamos el mecanismo que Dios ha dispuesto podríamos hacerlo aún mejor.
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Crianza, privilegio, padres, familia

El privilegio de criar (Audio)

13 noviembre 2018 / Rafael Pérez

Audio El privilegio de criar. Sermón predicado en nuestra iglesia el Domingo 11 de Noviembre del 2018 durante nuestro Día de la Familia. Descargar MP3

Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. Éxodo 2:8-9

Una madre tuvo que desprenderse de su hijo y Dios intervino milagrosamente para darle la oportunidad de criarlo. Lo hizo bien y sus resultados se hicieron evidentes.

Introducción La manera en que asumamos la tarea de la crianza tendrá un impacto en su resultado. Podemos verla como una pesada carga que recibimos y hacemos por obligación, o verla como un privilegio concedido por Dios: una oportunidad preciosa, relativamente corta y privada pero muy importante. Cuando este trabajo se hace bien, sus frutos emergen en la vida adulta y repercuten en bendición para la familia y para el pueblo en general. La historia de Moisés nos da mucho aliento en ese sentido. Una madre tuvo que desprenderse de su hijo y Dios intervino milagrosamente para darle la oportunidad de criarlo. Lo hizo bien y sus resultados se hicieron evidentes, primero con actitudes piadosas y luego con un reconocimiento del único Dios verdadero en el que su formación inicial fue usada como un medio de gracia. Hoy buscaremos dirección en esta historia para promover entre las familias el privilegio de criar.

Solidaridad, Buenas Obras

Nuestras buenas obras

25 septiembre 2018 / Rafael Pérez

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16

Viene sucediendo desde el libro de los Hechos en cada momento de la historia, cada vez que el reino de los cielos se ha abierto camino entre las tinieblas ha dejado tras su paso una estela de benevolencia: testimonios, instituciones, justicia y solidaridad. El amor, canalizado en formas prácticas, entre los creyentes y aún hacia «los de afuera», ha hecho evidente que somos verdaderos discípulos de nuestro Señor.

Audio Escribí este artículo con parte de las notas que tomé para introducir una exposición de Hebreos 13:1-6. Pueden escuchar el sermón completo en audio: Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana.

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Selecciones

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Vale la pena trabajar en equipo, y para hacerlo conviene tener presente las motivaciones que nos llevaron a dejar de trabajar solos.

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