Los retos de la sinceridad

Rafael Pérez

Uno de los valores que promovemos en PezMundial es la sinceridad. Por sinceridad nos referimos a que estamos abiertos a recibir todas las personas sin importar su situación actual y tenemos la paciencia para trabajar con ellas el tiempo que sea necesario hasta que reflejen en sus vidas el carácter de Cristo. No solamente hablamos de este valor a los nuevos miembros de la iglesia —Taller 101—, sino que aprovechamos para promoverlo frecuentemente por medio de la enseñanza, y sobre todo tratamos de vivirlo. En el 2007 escribí un artículo (Cultura de sinceridad) explicando como el alineamiento en muchas iglesias ha remplazado la madurez. Decía lo siguiente:

A menos que la iglesia proyecte una cultura de sinceridad, sus miembros nunca se sentirán en confianza para modificar sus comportamientos. Ser sinceros no significa ser condescendientes o permisivos, sino, ser transparentes y dejar de vendernos como todavía no somos, aunque podamos llegar a serlo.

Facebook en la iglesia

Defender este valor ha sido uno de mis grandes retos como pastor en estos primeros meses, precisamente porque la cercanía es otro de nuestros valores y la tecnología un componente valioso de nuestro ministerio. Les comparto uno de muchos de los casos que ocurren cuando una iglesia decide vivir en una cultura de sinceridad. Es muy común que una persona visite nuestra iglesia una vez e inmediatamente salga retratada en nuestras fotos. Esas fotos son publicadas en redes sociales de Internet como Facebook y así los visitantes rápidamente entran en contacto con los miembros y amigos de nuestra iglesia (cercanía). En este tiempo, es mucho lo que una persona llega a compartir públicamente de su vida por medio de las redes sociales: las actividades en las que participa, los lugares que visita (fotos), los pensamientos que tiene, sus círculos de amigos, el estado de sus relaciones y hasta sus inclinaciones de todo tipo.

Otro ejemplo es que al ser nuestra iglesia muy conversacional, es común que durante la reunión tengamos espacios en los cuales los participantes se expresen, ya sea aplicando los puntos de la enseñanza o simplemente participando en alguna actividad de integración. Tradicionalmente la gente solamente asistía a la iglesia y se sentaba en un banco mirando hacia el frente, ahora puede participar y expresarse. No te sorprendas si un día llegas a PezMundial y ante la pregunta de qué fe lo mejor de tu semana, la persona que tienes al lado te responde algo que no esperarías escuchar de un discípulo de Cristo. Él te respondió con sinceridad. Realmente, eso fue lo mejor de su semana, ya sea porque no comprenda aún la voluntad de Dios en ese aspecto o porque no haya tenido la entereza de apropiarse de ella.

Cuando algunos creyentes —especialmente cristianos de muchos años— chocan con la realidad de que muchas de las personas con que comparten en nuestra iglesia no necesariamente reflejan fuera de ella el carácter de Cristo, pegan el grito al cielo. Sorprendentemente, esto ha sucedido siempre, la única diferencia es que antes la información era llevada de un lugar a otro por un hermano chismoso y ahora todo el mundo la comparte libremente en Facebook. Unan estas dos cosas (una iglesia que fomenta la sinceridad y una generación que no tiene problemas en compartir su vida públicamente) y se encontrarán con una bomba que puede estremecer a cualquier cristiano muy tradicional.

Beneficios de la sinceridad

Pastorear una comunidad sincera es un gran reto, no tanto hacia dentro, pues tarde o temprano nuestra gente llega a comprender que ser cristiano es un camino y no un momento, sino hacia afuera, pues quienes están acostumbrados a vivir del alineamiento y la mordaza no entienden cómo es posible que un cristiano sea eso que están mirando en Facebook. Aún así, la sinceridad representa una gran ventaja en cuanto al discipulado. Cuando con sus conductas o sus actitudes nuestros hermanos no glorifican a Dios, nos duele profundamente, y como sabemos dónde nos está doliendo, podemos trabajar en ello de forma precisa. (Al enseñar en una iglesia que me es extraña tengo que conformarme con llevar un mensaje general, pues desconozco sus necesidades. Allí me imagino que estoy pintando. Pero cuando lo hago en PezMundial, no enseño para pintar, sino para edificar, pues sé en qué parte el edificio necesita más fundamento.)

El otro camino sería vivir anestesiados por la aspirina de la hipocresía e invertir nuestro tiempo dando palos ciegos en un intento corregir cosas que se supone nunca han existido. Si de verdad algunas iglesias son tan santas como sus líderes las venden no entiendo para qué siguen predicando de las cosas que predican. (Vean otro artículo al respecto: Muñecas rusas.)

Los lentes de la cruz

Quizás por eso Cristo cosechó tanto fruto: Él vivió con sus discípulos, caminó con ellos y se permitió conocerlos tal cual eran: con sus luchas, sus temores y sus debilidades. A pesar de que Él mismo era la mejor expresión de la santidad, no los presionó para que utilizaran caretas cuando estaban en su presencia. Eventualmente sus vidas comenzaron a cambiar, pero aún al momento de su muerte, después de vivir tres años junto al mejor de los maestros, sus actitudes —avaricia, violencia, mentira, incredulidad— dejaban mucho qué desear. Y lo que es peor, la tendencia en algunos, como Judas, no era a mejorar, sino a empeorar.

Hay que tener fe para creer que nuestra gente, a pesar de su situación actual, podrá eventualmente llenar el mundo de la gloria de Dios manifestando su carácter, pero sabemos que no es imposible, pues ya sucedió una vez. Cuando te sea difícil mirar a tu hermano tal y como es, ponte los lentes de la cruz y míralo a través de Cristo, que es eso, precisamente, lo mismo que hace el Padre.

Mar 7, 2009
Archivado en: PezMundial (Comunidad)



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