El poder de la semilla

Rafael Pérez

SemillaMe hace ilusión creer que verdaderamente la fe, la esperanza y el amor pueden crecer en el mundo de forma exponencial si tan sólo hacemos un pequeño esfuerzo por sembrar, aunque sea de forma subrepticia ―escondiéndola por los caminos o dentro de otras plantaciones―, la semilla del reino. Quizás sea suficiente con dejar caer unos cuantos granos por aquí y otros por allá, pues con uno solo que logre sobrevivir sobreponiéndose a las condiciones hostiles del medio ambiente, será suficiente. Este crecerá, dará fruto y las semillas que contiene ese fruto por dentro darán eventualmente lugar a una enorme plantación. Sólo pensarlo me emociona. Es posible que ni siquiera nos demos cuenta, pero aquel pequeño esfuerzo puede producir tanto fruto como para llenar el mundo. Ya antes ha quedado demostrado.

Hace miles de años un hombre que decía ser el hijo de Dios se sentó en una montaña junto a un puñado de personas e hizo unas declaraciones contundentes, inverosímiles y difíciles de creer para las personas comunes como yo, pero que él creía en lo profundo de su corazón. Dijo que un supuesto reino se había acercado, y lo que dijo fue tan difícil de creer que los romanos ―el más grande reino de entonces― ni siquiera se dieron por enterados y las autoridades de los judíos, aunque le prestaron un poco más de atención, tildaron aquél que prometía consolar, sanar y salvar al mundo por azotado, por herido de Dios y abatido. La gente reaccionó como era de esperar: unos de forma indiferente, algunos se mostraron convencidos al principio, pero cuando llegaron a su casa y lo pensaron mejor, con la cabeza fría, se convencieron de la imposibilidad de implementar aquellas cosas; pero unos cuantos creyeron que era posible, dejaron todo lo que tenían ―algunos vendieron sus pertenencias― y se dedicaron a trabajar juntos por aquel reino invisible que sólo residía en aquel momento en la cabeza de un hombre.

Cada cierto tiempo un soñador ilusiona el mundo utilizando las palabras y las imágenes mentales adecuadas, pero en contadas ocasiones se dedica a vender y vivir el sueño al mismo tiempo; sólo lo anuncia, no se preocupa por ejecutar o implementar. Este que hizo aquellas declaraciones escandalosas sentado en la montaña, eventualmente descendió al pueblo y comenzó a sembrar él mismo la semilla de sus ideas sobre aquel reino a nivel local haciendo un pequeño semillero. Su plan era demostrar, en los próximos tres años, que sus palabras no eran sólo humo, sino que a su debido tiempo y en el terreno adecuado, esta semilla daría su fruto. Se enfocó tanto en hacerlo primero localmente que se negó a sembrar en otros lados o dejar que otros, inicialmente, se beneficiaran de sus frutos. Les dijo a sus colaboradores: no se preocupen, no ha llegado su tiempo, llegará el momento en que esta semilla se extienda y llene el mundo, y serán ustedes los responsables de seguir sembrándola.

Tal como él había dicho, la semilla sembrada rindió su fruto, de ese fruto surgieron nuevas semillas y el reino comenzó a propagarse. Fue tanto el crecimiento, el fruto y el impacto que aquel hombre, quien plantó inicialmente la semilla en este mundo, sin él pedirlo, fue llamado rey hasta por aquellos que inicialmente se burlaron de la viabilidad de su proyecto. Sus opositores, quienes lo rechazaron e ignoraron, quisieron acabar con el asunto eliminando el sembrador, pero ya era demasiado tarde.

El poder del reino no reside en las ramas, ni siquiera en el fruto, sino en una pequeña semilla, quizás tan insignificante como un grano de mostaza, que no se sabe donde está sembrada, si en el tope, en la ladera de la montaña o junto al camino, pero que eventualmente crecerá y seguirá dando sus frutos y con él muchas otras semillas. Para cuando fue quitado el sembrador, ya la semilla había caído en la tierra, y por ser tan pequeña, fue imposible recogerla.

Ago 30, 2007
Archivado en: Uncategorized



Lista de correo

Mantente en contacto. Recibe en tu correo los últimos artículos y actualizaciones.


Selecciones

Leyes sobre la esclavitud en el antiguo Israel

Leyes sobre la esclavitud en el antiguo Israel

Es una ironía. Los cristianos somos acusados por los incrédulos de basar nuestra fe en un libro que justifica la esclavitud, pero nuestros acusadores no han considerado que el ideal de libertad que ellos hoy defienden fue el cristianismo que se los enseñó.

Bienaventurados los misericordiosos

Bienaventurados los misericordiosos

La misericordia es la expresión intencional del amor, impulsada por el Espíritu Santo y expresada ante aquellos que de forma natural no entrarían en nuestro radar.

Algunas motivaciones para tener un Campamento Bíblico de Verano

Algunas motivaciones para tener un Campamento Bíblico de Verano

Es un esfuerzo enorme desde todos los puntos de vista y lo que nos impulsa es la convicción: los niños tienen alma, y la suya tiene el mismo valor que la de un adulto. Así mismo, creemos que los medios de gracia del Señor pueden alcanzar a los pequeños desde la más tierna a edad.

Una guía, en tres etapas, para el estudio bíblico

Una guía, en tres etapas, para el estudio bíblico

Sin importar los años que tengas estudiando la Biblia siempre volverás a los fundamentos (Cristo y el evangelio), siempre estarás estudiando todas las Escrituras para tener más contexto y resumiendo en forma de doctrina, cada vez con más claridad, las cosas que vas aprendiendo.

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

Vale la pena trabajar en equipo, y para hacerlo conviene tener presente las motivaciones que nos llevaron a dejar de trabajar solos.

Ana: tres lecciones de gratitud (1/3)

Ana: tres lecciones de gratitud (1/3)

Gratitud es la expresión de aquel que ha recibido algo, y en nuestra relación con Dios debería ser esta una constante. Dada la multitud de los bienes recibidos de Él, nos quedaremos cortos en nuestra expresión de agradecimiento, por eso, todo momento es oportuno para estimular la gratitud, es una de las cosas que nunca sobran, sino que siempre hacen falta.