Una resaca mental

Rafael Pérez
Esta es la segunda parte de un una serie de artículos sobre las bebidas espirituosas o estimulantes. Pueden leer la primera: Tomo alcohol y no me embriago.

PresidenteRegresó de la cocina con la botella en una mano, pero cuando llegó hasta la sala se dio cuenta que había olvidado el sacacorchos. Puso la botella sobre la mesa y fue a buscarlo. Mi amiga cristiana, sentada a mi lado, tomó la botella por el cuello y la giró sobre sus manos hasta llegar a la etiqueta. Se le achicaron los ojos intentando conseguir alguna información valiosa entre las pequeñas letras.
— Está bien, son solo 12 grados —dijo en voz alta, como para sí misma.

Nadie entendió el asunto aquel de los grados, pero al parecer no fue grave. De la primera botella fue ella quien más bebió, y estuvo llenando su copa con los demás hasta altas horas de la noche.

Casi todas las conversaciones sobre bebidas alcohólicas entre creyentes terminan en una clasificación de pecado según el grado de alcohol, como si por dos grados más o dos grados menos se santifiquen las bebidas. Cuando un creyente determina beber o no beber en base a los grados de alcohol en la etiqueta de una botella, no está intentando glorificar a Dios en ese aspecto de su vida, sino, sentirse bien consigo mismo, tranquilizar su conciencia.

Hace muchos años mi papá me presentó el mabí de cacheo, una bebida fabricada en base a la copa de un árbol del mismo nombre que sirven en la Barra Sira, ubicada en la salida de Azua. El cacheo ni es cerveza ni es vino, pero tiene alcohol; el amargo de la cerveza y los mismos efectos —si se toma en grandes cantidades— del vino. Tomé dos grandes vasos de mabí de cacheo sin ningún tipo de prejuicios, lo clasifiqué como mabí y mi conciencia estuvo en paz.

Las bebidas y el cristiano es en gran medida un asunto de prejuicios, tradiciones y culturas. Personalmente no tengo problema alguno en degustar una copa de vino, un cóctel o trago extraño de esos que aparecen en el menú de cualquier restaurante, pero evito el consumo de cerveza. Un amigo me preguntó la razón por la cual tomaba alcohol en tragos mezclados (traguitos de colores, según otro amigo), pero no cerveza y no supe que contestarle. La única respuesta que me vino a la mente fue la siguiente: «Prejuicios, solo prejuicios. Es difícil deshacerse de las cosas que le inculcan a uno de niño».

En República Dominicana se toma cerveza Presidente, una cerveza rubia, tipo Pilsner. Tomarse «una fría», como común mente se le llama, es lo más común para cualquier dominicano. La cerveza Presidente, en su botella verde, es tan de aquí como el mangú de plátano, el juego de pelota —béisbol— las habichuelas con dulce y el sancocho. Aún así, es esta bebida la enemiga número uno del común de los cristianos.

En todas las bebidas aplica la norma de los grados —norma bastante subjetiva, dicho sea de paso, pues no tiene un máximo establecido. Quienes la usan solo leen el número en la etiqueta, tranquilizan su conciencia y proceden a tomar— pero con la Presidente no pasa igual. El año pasado, bajo una campaña publicitaria enorme la Cervecería Nacional dominicana lanzó la Presidente Light, con solo 4.3% de contenido de alcohol, pero ni así ha logrado abrirse pasos entre los bebedores cristianos.

Un creyente podrá tomar vino, y se verá bien; sidra, y se pensará que es todo un gourmet; champagne y se verá elegante; pero si es sorprendido con una cerveza Presidente en sus manos, será el peor de todos los pecadores. Los cristianos, y en especial los cristianos evangélicos, tomarán cualquier cosa, menos esa cerveza de botella verde. Sería mejor ser sorprendido abrazando un barril de tequila que con una sola Presidente en las manos.

Viéndolo de este modo, tomar, para gran parte de los cristianos, es solo un asunto de entretener la conciencia con la cifra de una etiqueta y proceder a empinar el codo. Podemos tomar, siempre y cuando encontremos una razón para hacerlo sin sentirnos culpables. Hay resacas que se sienten en la barriga, producidas por el alcohol, pero hay otras que se producen en la mente, producidas por violar nuestras normas, tradiciones y costumbres. Las resacas mentales son tan molestas como las otras.

Ago 10, 2006
Archivado en: Cristianismo, Personales



Lista de correo

Mantente en contacto. Recibe en tu correo los últimos artículos y actualizaciones.


Selecciones

Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana (Audio)

Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana (Audio)

Si realmente los cristianos tenemos una doctrina superior, debería serlo también nuestra manera de vivir. A diferencia de la filosofía, que encuentra su propósito en el conocimiento por sí mismo, la doctrina cristiana carece de valor cuando solamente se entiende; hasta que no somos llevados a actuar, a decidir, a cambiar de rumbo, ella no ha alcanzado su propósito.

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

Cuatro (4) motivaciones para trabajar en equipo

Vale la pena trabajar en equipo, y para hacerlo conviene tener presente las motivaciones que nos llevaron a dejar de trabajar solos.

Cinco formas comunes en que se oculta la pereza

Cinco formas comunes en que se oculta la pereza

La pereza se confunde con emprendimiento, con optimización, con creatividad, con esperar oportunidades ideales y con una falsa idea de lo que es «el éxito»

La realidad del ministerio bivocacional

La realidad del ministerio bivocacional

Se les llama «ministros bivocacionales» a quienes aparte de su trabajo en la iglesia tienen que hacer otros trabajos para buscar su sustento y «ministros a tiempo completo» a quienes pueden dedicar todo su tiempo al trabajo en la iglesia y desde él pueden ser sostenidos.

Los retos de discipular adultos

Los retos de discipular adultos

Si viniste a Cristo siendo un adulto y estás luchando para hacer en tu vida la voluntad del Señor, espero que en este artículo puedas ver que no estás solo y encontrar aliento. ¡Confía en el poder del Evangelio!

Ana: tres lecciones de gratitud (1/3)

Ana: tres lecciones de gratitud (1/3)

Gratitud es la expresión de aquel que ha recibido algo, y en nuestra relación con Dios debería ser esta una constante. Dada la multitud de los bienes recibidos de Él, nos quedaremos cortos en nuestra expresión de agradecimiento, por eso, todo momento es oportuno para estimular la gratitud, es una de las cosas que nunca sobran, sino que siempre hacen falta.