Resultados en el ministerio

Una acción centrada en Dios

22 agosto 2011 / Rafael Pérez

Mientras enseñaba en el campamento de nuestra iglesia sobre la imperante necesidad de que Dios vuelva a ocupar su lugar como punto de referencia en nuestras vidas, en nuestras iglesias y en la sociedad, vinieron a mi mente con una claridad preocupante una serie de artículos que yo mismo escribí en este blog en otros tiempos y ahora no comparto. (Descubrir el propio desacuerdo, cuando se es sincero, es un placer.) No voy a citar los artículos uno por uno para no disgregar, pero el énfasis de todos ellos estaba en buscar los resultados y cambiar los programas (planes y proyectos) las veces que sea necesario hasta conseguirlos. Lo que descubrí mientras enseñaba fue que si Dios está ocupando en nuestras vidas el lugar que le corresponde, deberíamos hacer lo que Él quiere que hagamos aunque tal cosa no esté produciendo —desde nuestra perspectiva temporal y limitada— el resultado que entendemos debería de producir. Ya que nuestra perspectiva es muy corta y nublada(A) para contener muchos de los planes y proyectos de Dios, seremos incapaces de medir su impacto y resultado a la largo de la historia.

Pragmatismo

El resultado ha llegado a funcionar como patente de corso.

El pragmatismo de la sociedad actual hace que la medida de todas las cosas sean los resultados y si alguien hace algo que no produce resultados concretos, medibles y palpables entonces es considerado un perdedor. Al mismo tiempo, si alguien produce resultados, sin importar los medios, es celebrado e imitado; el medio no amerita discusión alguna, pues el resultado ha llegado a funcionar como patente de corso. (Un caso preocupante al respecto es la membrecía de una iglesia: si en el lugar se reúne una multitud entonces se asume que Dios está en el lugar y si la multitud pasa de mil personas entonces toda opinión del «líder que genera resultados» se convierten en doctrina. Es lamentable que los libros de mayor consumo por el ministro cristiano contemporáneo —según la lista de best sellers— tengan más que ver con métodos de éxito que con doctrina. Por eso ahora mismo las estadísticas determinan más la vida de la iglesia que la soberanía de Dios.)

Pero si asumimos la perspectiva eterna, aunque nos llegue el día de la muerte sin ver resultado alguno en lo que hemos estado haciendo por convicción, deberíamos levantarnos ese último día con la mortaja puesta para volver a hacer lo mismo por última vez y morir con una sonrisa en el rostro y ningún resultado mencionable en el funeral. No se podrá decir de nosotros que logramos tal o cual cosa más allá que hacer la voluntad de Dios. Aunque pasen los años y nuestra acción centrada en Dios aparentemente no nos esté llevando a ninguna parte, deberíamos mantenerla. El mundo le llamará a eso locura, pero nosotros le llamamos fe(B): una profunda convicción, no en el resultado de la acción, sino en el resultado de una acción centrada en Dios; uno que puede tardar cien o mil años en llegar, pero que como depende de un ser perfecto e infalible en el que no hay sombra de variación, tarde o temprano llegará.

Continuar / Abandonar

No deberíamos intentar agradar a Dios por medio nuestros resultados, sino por medio de nuestra obediencia.

La medida para determinar si dejamos de hacer algo o lo continuamos haciendo no es qué tanto resultado hemos obtenido hasta ahora, sino, qué tan seguros estamos de que la voluntad de Dios sea que tal cosa se haga. Celebrar los resultados no es malo, de hecho, es una actitud de adoración ante la fidelidad de Dios, pero dejar de hacer algo por falta de resultados sí lo es. No deberíamos intentar agradar a Dios por medio nuestros resultados, sino por medio de nuestra obediencia, y convertir el resultado de nuestra obediencia —sin importar que tan grande sea o cuándo llegue—, en un motivo de adoración a Él por Su fidelidad. Los héroes de la fe que aparecen en el libro de Hebreos no llegaron allí por haber logrado mucho resultado, sino, porque tuvieron la fe necesaria para emprender y mantener una acción centrada en Dios, en muchos casos, a pesar de los resultados.

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. (Hebreros 11:13)

  1. 1 Corintios 13:12 «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido». []
  2. Hebreos 11:1 «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». []
Archivado en: Adoración, Ministerio



Lista de correo

Mantente en contacto. Recibe en tu correo los últimos artículos y actualizaciones.

Selecciones

El trasfondo judío de la iglesia cristiana

El trasfondo judío de la iglesia cristiana

Así como cada cristiano es un teólogo, debería ser también un historiador; y de hecho, no será un buen teólogo si ignorara la historia. Nuestra fe es viva, razonable e histórica, despojarla de este elemento sería igualarla al mito.

¿Por dónde comenzar a estudiar la Biblia?

¿Por dónde comenzar a estudiar la Biblia?

En la mayor parte de Latinoamérica la gente ya tiene cierto conocimiento sobre Jesús. Los tres primeros evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) son especialmente útiles para conocer su persona, pero el cuarto evangelio (Juan) fue escrito expresamente «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre».

El amor de Dios hacia Caín

El amor de Dios hacia Caín

La gracia común de Dios se ve en la vida de los cainitas (la reprensión, la edificación de ciudades, el establecimiento de familias, el desarrollo tecnológico y en el florecimiento de las artes), con su expresión más grande en tu paciencia.

Bienaventurados <br>los que lloran

Bienaventurados
los que lloran

¡Bienaventurados los que lloran! Pues tienen evidencia de la obra del Espíritu Santo en sus corazones, de forma tal que se han vuelto tiernos, significa que realmente están vivos. No sucede naturalmente, pero hay motivos puntuales por los que un hombre sensibilizado por el Espíritu Santo tiene que llorar.

La gracia común

La gracia común

Los cristianos podemos aceptar con facilidad que Dios ha mostrado su amor para con nosotros de una manera especial, «en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros», pero regularmente obviamos que la gracia común de Dios está disponible para todas sus criaturas.

¿Deberíamos los cristianos consumir bebidas alcohólicas?

¿Deberíamos los cristianos consumir bebidas alcohólicas?

Ante la posibilidad de que «mi correcta doctrina» le sea un estorbo coloco a mi hermano por encima de mi placer, que es el mejor uso que puedo hacer de mi libertad cristiana. Quizás, absteniéndome yo ahora por amor a mi hermano logro que eventualmente ambos tomemos vino en la presencia del Señor.