Sujetarse a las autoridades

¿Cómo podemos sujetarnos cuando las autoridades no son un buen ejemplo?

28 febrero 2019 / Rafael Pérez

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Romanos 13:1-2

Pregunta
Dado que los gobiernos son corruptos, los padres no siempre son el mejor ejemplo y la iglesia no está ajena a la debilidades y conflictos, ¿cómo podemos lograr sujetarnos a su autoridad?

Vivimos en un mundo imperfecto, uno que está bajo los efectos del pecado, esto hace que sea gravoso para todos sujetarnos: a causa de tener la rebeldía en nuestros corazones, pero también a causa del mal ejemplo de las autoridades establecidas, que hace que la motivación para hacerlo sea mínima: la autoridad familiar no siempre produce admiración y respeto, sino más bien ira y resentimiento, de forma tal que los hijos se rebelan contra ella; las autoridades civiles se corrompen, usan su posición para el abuso y en lo moral no necesariamente superan a la media de sus ciudadanos, que terminan desconociéndola, provocándola o cuestionándola; y la autoridad espiritual no se escapa a esa realidad: la iglesia es una organización siempre mejorable, donde tanto las ovejas como sus pastores luchan por hacer en sus vidas la voluntad de Dios, y aunque es esperable que sus obreros lleguen a ser ejemplo, frecuentemente su accionar no está a la altura de su llamado. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo podemos sujetarnos cuando las autoridades no son un buen ejemplo?

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Caín y Abel

El amor de Dios hacia Caín

26 septiembre 2014 / Rafael Pérez

Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.Génesis 4:3-7

Seleccioné este título para este estudio a pesar de reconocer sus debilidades. El amor de Dios se expresa en las Escrituras en dos manera distintas: un atributo comunicado de su carácter, posiblemente el fundamental («Dios es amor1», y una disposición favorable suya hacia determinadas personas («por su gran amor con que nos amó2»). El caso de Caín entra dentro del primero, pero no en el segundo: no fue amado por Dios de una manera especial, sino general, al igual que lo son todos los hombres3. Cuando lo escribí (mayo pasado) no le di un título específico, sino solamente el tema: la gracia común en el libro de Génesis’, pero el tema también era mucho más general que su alcance: Caín y sus hijos. Preferí el actual, aunque con esta salvedad.

Propósitos de este estudio

Cuando el avance del hombre sobre la tierra sucede de espaldas a Dios, cualquier recurso que potencialice sus capacidades (conocimientos, herramientas, innovaciones) potencializará también la expresión de la maldad que está en él.

Este es un estudio acerca de la doctrina de la gracia común en el libro de Génesis. El primer propósito del mismo es (1) mostrar cómo la gracia común de Dios se hace evidente muy temprano en la historia del hombre, en especial, justo después de la primera evidencia de su gracia especial en el protoevangelio (Génesis 3). La evidencia está en el trato de Dios con Caín a pesar de que sabemos que este «era del maligno4» y la forma en que prosperaron materialmente Caín y los suyos a pesar de haber salido de la presencia de Jehová5. Entiendo que rastrear esta doctrina hasta la historia más temprana puede aportar a la teología sistemática, pero propongo también que desde el libro mismo (específicamente Génesis 4) se puede exponer esta doctrina, algo que podría aportar a la teología bíblica. El segundo propósito es más práctico que el primero: (2) demostrar que la gracia común puede ser el punto de partida para una aproximación cristiana a la cultura (la ciudad, la tecnología y las artes), partiendo de la siguiente premisa: cuando el avance del hombre sobre la tierra sucede de espaldas a Dios6, cualquier recurso que potencialice sus capacidades (conocimientos, herramientas, innovaciones) potencializará también la expresión de la maldad que está en él (será directamente proporcional a esta7), pero no por ello deberíamos inferir que estos recursos o el avance mismo que pudieran producir son inherentemente malos. Se evidenciará que el pecado no estaba en el ingenio, en la creatividad o en los medios desarrollados por los cainitas, sino en la naturaleza caída que heredamos todos los hombres desde Adán y en su decisión particular de administrar la creación de espaldas a su creador. Pretendo demostrar que cualquier expresión del desarrollo humano tiene su origen en la mayordomía de la creación (Génesis 2), pero que a consecuencia del pecado, las obras de los hombres —a diferencia de las obras de Dios8— siempre son imperfectas y propensas a la corrupción. Siendo así, concluiré que en vez de abstraernos de la cultura (generalizando cualquier avance como algo malo) o abrazarla sin mayor cuestionamiento, podemos participar en ella con precaución y cumplir así una mejor mayordomía9.
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  1. 1 Juan 4:8 []
  2. Efesios 2:4 []
  3. Juan 3:16 []
  4. 1 Juan 3:12 []
  5. Génesis 4:16 []
  6. La separación entre la generación de Caín y Dios se hace dramáticamente palpable en Génesis 4:16: «Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén». []
  7. Un ejemplo de cómo el avance de la tecnología potencializa la maldad es la Torre de Babel (Génesis 11): «les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla», «y dijeron: vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo». Pasar de la piedra al ladrillo permitió proyectos de mayor envergadura, oportunidad que avivó en ellos la soberbia. []
  8. Así evaluó Dios mismo sus obras en Génesis 1:31: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera». []
  9. La mayordomía de la creación puede ser un buen principio rector para evitar por un lado el ascetismo (abstraerse del mundo) y por el otro la mundanalidad (participar sin condición). []


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