Aniversario de PezMundial

Rafael Pérez

El domingo pasado celebramos el primer aniversario de PezMundial. Paradójicamente, estos últimos días no han sido muy alegres para mí, ya que el aniversario de nuestra iglesia coincidió con una situación bien difícil para mi familia. Rocío, mi hermana mayor, que precisamente fue una de las dos personas que hace un año me empujaron para que terminara de comenzar este proyecto y es hoy un miembro clave de nuestro equipo de trabajo, tuvo una situación de salud bien triste por la que tuvieron que someterla a una cirugía de emergencia de viernes para sábado. Mientras nosotros celebramos el domingo y atendíamos a nuestros visitantes, ella estaba aún en cama recibiendo atención médica.

Compartí para la ocasión una enseñanza sobre la importancia de comenzar basada en el libro de Nehemías y motivada por ese primer empujón que me dio Rocío. Fue una actividad muy bonita y memorable donde públicamente —ante más de cien personas— dimos gracias a nuestro Dios, que ha sido bueno con nosotros en este primer tiempo sorprendiéndonos al darnos mucho más de lo que nosotros pedimos y esperábamos. Mientras planificábamos el aniversario contemplamos varias opciones de lugares, pero al final decidimos hacerlo en el parqueo de nuestro local, pues a pesar de no ser el sitio más acogedor, uno de nuestros valores es la sinceridad, y ese es el lugar en el que actualmente estamos. Nuestra mayor satisfacción en este primer año es que lo que tenemos para mostrar no es un hermoso templo o un programa muy elaborado, sino nuestra gente: una hermosa comunidad de fe, esperanza y amor. Ese es nuestro mayor adorno.

Este fue para mí un fin de semana de emociones encontradas: el viernes tristeza, por la situación de salud de Rocío; el domingo alegría, por el aniversario de PezMundial. Pero el sábado, mientras oraba y mediábamos en una de las promesas de nuestro Dios, llegue a tener algo que es superior a ambas cosas, y es el gozo, gozo que sobrepasa todo entendimiento. Gozo que no depende de nuestras emociones cambiantes, sino de algo mucho más profundo y estable: nuestras convicciones, las cuales están cimentadas no en las situaciones del momento presente, sino en las promesas de un Dios que siempre ha sido fiel. Recuerdo que hace un año, cuando cerramos el saloncito en el que nos reunimos después de la primera reunión de PezMundial, Rocío y yo salimos juntos, saltando de alegría, celebrando que habíamos por fin comenzando. Pero sin importar las circunstancias del momento (salud o enfermedad, tristeza o alegría), podemos decir con toda confianza que nuestro Dios es bueno, declarar públicamente que nuestro Dios ha sido fiel.

Abr 21, 2009



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