Instruir sin manipular

22 marzo 2011 / Rafael Pérez

Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. (2 Timoteo 4:2)

Doctrina / Paciencia

Una de mis resoluciones en cuanto a la enseñanza en PezMundial es seguir un programa elaborado de antemano, algo que me permite instruir sin manipular. Luego de una reunión administrativa complicada o un encuentro pastoral tenso es una gran tentación convertir el asunto tratado en un sermón, principalmente, porque en ambos contextos sucede una conversación muy enriquecedora y se recibe mucha luz del Señor en asuntos que podrían ser útiles para toda la congregación. (Al mismo tiempo, tengo que decirlo, porque vengarnos o hacer prevalecer nuestros puntos de vista es una actitud placenteramente carnal y el púlpito un canal idear para satisfacerla.) Sin embargo, entiendo una irresponsabilidad hacia el púlpito y un irrespeto hacia las personas que cuidamos arremeter públicamente contra ellas (o sus conductas) para intentar conseguir con sermones lo que en la intimidad no se pudo. Nunca he predicado en PezMundial un «sermón urgente», tampoco hago delivery (sermón por encargo), aunque confieso que la tentación (propia) y la presión (de otros) siempre han estado presentes. En PezMundial se predica lo que se tiene que predicar: el consejo de Dios para todo el mundo y no para personas en particular. Con doctrina, pero también con paciencia.

Esto no significa que nunca se preste atención a las preocupaciones legítimas y sinceras que puede tener cualquier hermano sobre algún asunto de la iglesia, pues es normal recibir sugerencias, recomendaciones y hasta solicitudes de temas que a determinadas personas les gustaría que se enseñara, más, si es para su edificación personal. Lo que estoy afirmando es que evito a toda costa convertir una necesidad, por urgente que sea, en un chisme y hacer del púlpito un programa de farándula de los que la gente superficial escucha para enterarse de los problemas y situaciones que enfrentan los demás.

(Existe un caso en el que sí altero mi agenda de temas, y es cuando se trata de un funeral, pues en tal caso, no podemos esperar el día en que pretendía hablar de esperanza, hay que consolar los dolientes, y sobre todo, ¡enterrar al difunto!)

Confrontar / Chismear

El pastor no es un intermediario para reprender al hermano, no existimos para tal cosa, sino, para ayudar al hermano que tiene que hacerlo a que lo haga siguiendo el consejo de Dios.

En los primeros tiempos de nuestra iglesia recibí mucha presión de algunos hermanos «maduros«» que al observar las conductas de sus hermanos, nuevos creyentes inmaduros, pretendían que cada domingo predicara de aquello que entendían no podía ser dejado para después. Alguien hasta me sugirió que de no complacerle predicando para refutar determinado pecado, estaba yo respaldando la conducta de la persona en cuestión. Pastor, es urgente que el domingo usted condene tal cosa desde el púlpito —me dijo con urgencia y hasta me sugirió un versículo—. Yo, sin pensarlo dos voces, le di una mejor idea: ¿Por qué no va usted a su casa, le toca la puerta y le confronta directamente como lo dice la escritura? El animarnos los unos a los otros y el confrontar personalmente al hermano que ha fallado es una de las prácticas cristianas más difíciles, nadie quiere hacerlo, pero todos queremos que se le ponga el cascabel al gato. El pastor no es un intermediario para reprender al hermano, no existimos para tal cosa, sino, para ayudar al hermano que tiene que hacerlo a que lo haga siguiendo el consejo de Dios. Escuché a un terapeuta decir que cuando los padres van a su consulta y le dicen que su hijo tiene un problema, regularmente olvida al niño y se enfoca en los padres. Así mismo, cuando alguien viene donde el pastor con el diagnostico y receta para el problema de su hermano, regularmente, en vez de poner los ojos en el hermano, hay que ponerlos en él.

Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros. Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada. (Romanos 15:14—15)

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