Continuar leyendo →
La semana pasada me enteré de un caso sumamente lamentable pero que me hizo meditar sobre el poder del contexto y en cómo una serie de factores aparentemente aislados y casuales se pueden unir para dar a lugar a situaciones muy lamentables. Durante la pasada Tormenta Noel (uno de los fenómenos naturales que más daño han causado en la República Dominicana en los últimos años), el local de una iglesia que sirve a una de las comunidades más afectadas le cerró la puerta en la cara a los refugiados. (Por lo menos eso se entiende si se conoce el caso sólo de forma superficial o si se escucha un sólo toque de la campana.) Para explicar el hecho desde una perspectiva más completa y sistémica, primero lo narraré desde los ojos de Juan, un vecino de la comunidad, y luego desde la perspectiva de Nicolás, mayordomo de la iglesia y encargado de la llave. Al final compartiré mi opinión tomando en cuenta ambas percepciones del problema, las circunstancias atenuantes y el contexto.
Este ensayo lo escribí hace unos meses y nunca lo llegué a publicar, principalmente porque pensé en el momento que al ser un tema espinoso podría generar algunos malentendidos. Otra razón de peso fue que tenía pendiente unas cuantas consultas a otros autores (Karl Marx, Max Weber) que han pensando y rayado papel sobre estos temas mucho más y por mucho más tiempo que yo. Al final se quedó en borrador y tampoco he tenido el tiempo de contrastarlo. Lo presento ahora tal como lo pensé y prometo en un futuro hacer una revisión. Léanlo por partes (pues quedó un poco largo) y envíenme su retroalimentación.
Continuar leyendo →
Un tema que últimamente se aborda mucho en las sobremesas cristianas y relativamente poco desde los púlpitos y las letras, es el de las clases sociales y su influencia en el ambiente eclesiástico. Se dice que tal iglesia es de clase baja, tal de clase media y la otra de clase alta. Fulano sembró una nueva obra intentando alcanzar a la clase media alta y sutano intenta alcanzar a los nuevos profesionales que se desplazan por el casco urbano de la ciudad —se comenta—. El comodín con el que se ha venido evitando este tema en la conversación pública de la iglesia es la máxima «la iglesia no es un club social». Me gustaría que diéramos el saltito mental y en vez salir de nuevo por el camino más corto, dedicáramos un poco más de tiempo a analizar el asunto.