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Leyendo sobre las implicaciones del rechazo y la falta de perdón en las relaciones familiares el siguiente dato que me llamó la atención: muchos jovencitos se refugian en el sexo y el placer buscando llenar un vacío, buscando el amor que —según perciben— no están recibiendo en sus casas, regularmente luego de algún trauma no resuelto en la relación con sus padres. Para ellos, tener sexo implica tres cosas: una rebelión contra sus padres (hacer lo prohibido), intimidad y compañía. Esos jovencitos terminan convirtiéndose en adultos con vidas sexuales insatisfactorias, pues nunca se han sentido realmente amados y el sexo, en vez de una consumación del amor, termina convirtiéndose en un falso remplazo. (En vez de ver el suspiro como parte del bizcocho, hacen del suspiro su bizcocho).