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El llamado de Cristo a sus discípulos no fue finánciame, sino sígueme, algo que no afectaría tanto su bolsillo como su tiempo, y es esta precisamente la paradoja de nuestros días: hoy hay más gente dispuesta a poner su mano en el bolsillo que gente dispuesta a poner su mano en el arado. En los últimos tiempos se ha hecho mucho énfasis en que los cristianos descubran sus dones, habilidades y talentos, entonces encontramos personas que conocen su llamado, pero no lo cumplen, ya que están muy atareados y afanados: ora desarrollando negocios, ora cuidando de sus familias, ora cuidando de sus cuerpos, ora entretenidos o divertidos, todos estos, asuntos que tienen mayor o menor valor, pero nunca una importancia superior al llamado de Cristo. ¡Sígueme!
El jueves pasado concluimos en PezMundial (Comunidad) la serie de tres enseñanzas sobre la importancia de la fe en nuestros proyectos, con el tema Fe, pare llegar hasta el final. Comenzamos hablando de movernos, luego de mantenernos a flote y ahora cerramos hablando de terminar bien, con sentido de propósito y significado. Uno de las partes que más disfruté de toda la serie fue la historia de cuando el Cristo resucitado se encontró con Pedro (Juan 21:1-19), quien había vuelto a su antiguo oficio de pescador, y lo restauró, renovando su fe y su llamamiento. Lo resumimos de la siguiente manera: Cuando pienses que todo se ha perdido, Dios podría encontrarse contigo para fortalecer tu fe y ayudarte a llegar hasta el final. Pueden ver la presentación aquí mismo, abajo les dejo un enlace para su descarga en PDF.
Descargar la presentación (Fe, para llegar hasta el final) en formato PDF.
Ayer domingo estuve enseñando 7 principios prácticos sobre el discipulado en la Iglesia Misión Bíblica. Pasé un buen tiempo investigando (leyendo, meditando, reuniendo ideas) sobre el discipulado y afinando los puntos a compartir, hacía mucho que no disfrutaba tanto mientras me preparaba para predicar. Por esto, al momento de darle forma al esqueleto, tuve que trabajar contra el tiempo. Creo que quedó un poco extenso, pero no quise cortarle nada y así lo presenté.
Descargar la presentación (7 Principios prácticos sobre el discipulado) en formato PDF.
En los últimos años he sido bendecido por Dios con la oportunidad de trabajar de cerca ―colaborando en sus proyectos― con muchos líderes, principalmente pastores y sembradores de iglesias, todos ellos muy distintos: visionarios, administradores, estrategas y motivadores. Esta ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí, de la que he tomado aquellas lecciones que no se aprenden en ningún seminario. Comparto algunas a continuación, espero que les sean de utilidad:
Todos los líderes tienen «su librito», y aunque en la práctica sean muy distintos, lo más importante no está en el método, sino en el resultado.
Algunos son más institucionales (les gustan las estructuras, los documentos, las directivas) y otros más dinámicos (les gusta la improvisación, la expresión, la libertad); unos son muy eventuales y otros más orgánicos. Quizás esto tenga que ver con profundos modelos mentales y experiencias pasadas, pero en el equilibrio entre lo institucional y lo orgánico está la salud. (Eventualmente, todos se dan cuenta que necesitan ambas partes: unos por lo caótico o superfluo que se vuelve el asunto y otros por lo burocrático o petrificado que queda todo.) Este caso no sólo se ve en la actualidad, la forma en que Pedro y Pablo concebían la iglesia en el siglo primero no era opuesta, sino complementaria: uno era muy institucional y otro muy orgánico. Continuar leyendo →
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Me parece que el eslabón perdido de nuestros programas actuales de discipulado es el siguiente: preparamos los nuevos creyentes sólo para recibir y consumir, no para dar o producir. Cuando llegan a la iglesia ellos reciben todo el cuidado y la atención de su pastor y se sienten muy bien ―atendidos, cuidados, especiales―, pero a menos éste les advierta desde el principio que eventualmente recibirán menos y que serán ellos quienes atenderán y cuidarán de otros, se sentirán defraudados o hasta engañados; en vez de desear que la iglesia crezca para poner en práctica sus dones y habilidades, junto con lo aprendido, desearán que la membresía se estanque para que los sigan cuidando a ellos, o competirán con sus nuevos hermanos en vez de ayudarlos.
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Siempre me ha llamado la atención del ministerio de Jesús la forma en que logró reunir un grupo de personas tan dispares en profesiones, contextos socio-culturales, socio-económicos, caracteres, intereses y motivaciones para que funcionaran y trabajaran juntos por una misma causa. Por ejemplo, me es difícil entender que temas de conversación podía tener Pedro, un pescador, con Leví (Mateo), un recaudador de impuestos. (Pedro quizás tenía inicialmente a Mateo por ladrón, y Mateo a Pedro por pobretón.)