Continuar leyendo →
Tanto el pasado jueves como hoy domingo tuvimos muy baja asistencia en PezMundial. En los últimos meses la composición de nuestra iglesia ha cambiado un poco. Ahora en su mayor parte, nuestros asistentes son familias, y cuando faltan 2, faltan 10, que en un grupo de 40 es muy significativo (25%). Ya que comúnmente se toma la asistencia como el indicador del crecimiento de la iglesia, yo debería estar ansioso, o por lo menos preocupado. Y realmente así era que me sentía en el 2003 estando al frente de un ministerio juvenil: cuando eran las 7:30 y los jóvenes no habían llegado, era presa de la ansiedad y la preocupación, pues pensaba que algo andaba mal en el ministerio, o mejor dicho —más sinceramente—, que la gente pensaría que yo estaba haciendo algo mal. Pueden leer el artículo que escribí al respecto en el 2006: Yo, el programador.
Continuar leyendo →
Hace un tiempo me senté a pensar en la posibilidad de emprender un proyecto de discipulado por medio de grupos pequeños desde PezMundial y en cuáles serían las posibles limitaciones o barreras del mismo. La idea era tomar las experiencias aprendidas para tejer nuevamente La Red ―una comunidad de creyentes que inicié en el 2005 mientras trabajaba como líder de jóvenes― y relanzarla. Al final el proyecto no se lanzó, pero encontré unos apuntes que hice entonces con tres limitaciones que encontré. Creo que pensar en ellas sería útil para cualquier iglesia que trabaje con grupos pequeños o células.
El evento que más fuertemente marco la memoria colectiva de la generación de mis padres fue, sin duda alguna, la llegada del hombre a la luna. Muchos lo vieron en tiempo real por un nuevo invento llamado televisión y otros se enteraron al día siguiente por medio del periódico, pero aquel fue el acontecimiento de su tiempo. Cuando el astronauta Neil Armstrong piso la superficie lunar el 20 de julio de 1969 diciendo «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad» les dio a ellos, aquí en la tierra, la motivación para soñar, abriéndolos un nuevo mundo de esperanzas y posibilidades, ello dijeron, «Lo logramos, fue posible».
En la imágen: Llegada del hombre a la luna. (1969)Las repercusiones de aquel acontecimiento fueron el optimismo, el avance científico y la tecnología, gracias eso, ellos tuvieron la fe de creer que si se esforzaban lo suficiente, hasta aquellas cosas que parecían más imposibles de alcanzar ―como la luna―, serían alcanzadas. En cambio, el gran acontecimiento mundial que marcó mi generación fue totalmente diferente, no nos dejó llenos de optimismo, sino en la más profunda desesperanza y sin ganas de soñar. Continuar leyendo →
Continuar leyendo →
Frecuentemente escucho entre jóvenes cristianos aquella expresión que reza «yo nací en el evangelio», y cuando la escucho, pienso que quien la pronuncia es un candidato perfecto para morir fuera de él. Hace unos días una pareja de amigos me invitó a compartir ―la enseñanza sobre Sansón― con el grupo de jóvenes de su congregación y cuando terminó la reunión fuimos a comer algo para seguir hablando. Descubrimos que los tres habíamos «nacido en el evangelio» e intentamos identificar la razón por la cual nosotros nos quedamos cuando muchos de nuestros amigos desertaron.
Continuar leyendo →
Mientras regresaba de almorzar junto a mis compañeros de trabajo, uno de ellos me preguntó la razón por la cual en la iglesia de su mamá tres jovencitas adolescentes quedaron embarazadas en los últimos tiempos a pesar de ser cristianas. Él supone que casos como estos no deberían suceder entre creyentes y se alarma al comprobar que la frecuencia es más alta que fuera de la iglesia. Su suposición no es descabellada. En una pareja de jóvenes cristianos hay más probabilidades de que ocurra un embarazo que en otra que no lo es, por dos razones simples: buena intención e inexperiencia.
Continuar leyendo →
Cada cierto tiempo, después de cada parada, el autobús que me llevaría al cielo nuevamente emprendía la marcha. Yo nunca tuve el valor de saltar, o por lo menos, de saltar formalmente como lo hicieron Los otros hijos pródigos; aunque para ese tiempo ni me sentía cristiano ni vivía como tal. Aun así, asistir domingo tras domingo y participar en algunos de los programas de la iglesia (escuela bíblica, culto dominical y culto de jóvenes; ni muerto me verían en un culto de damas, caballeros o reunión de oración) me daba una sensación de seguridad. Ni me gustaba ni disfrutaba participar de esas actividades, pero no es fácil dejar de hacer aquellas cosas con las cuales echamos los dientes.
De paseo por el camino, encuentro a un lado y otro de la calle el grupo de creyentes que perdieron la ruta. Son jóvenes de mi generación quienes en un momento de sus vidas dieron el gran salto, miraron hacia los lados y compraron un pasaje de ida al mundo para nunca más volver a casa. Algunos de ellos asistieron a la escuela bíblica dominical, igual que yo, obligados por sus madres. Pero en el momento que tuvieron la opción de bajar del autobús que los llevaría al cielo, saltaron, sin pensarlo dos veces.
Antes, cuando los veía, hacía el intento de convencerlos, bajaba yo también e iba donde estaban. Pero al pararme a conversar con ellos terminaba tan desmotivado que tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no quedar en vergüenza y regresar al autobús. Sinceramente, su situación era igual que la mía, estaban tan cansados, desmotivados y aburridos como yo, su única diferencia era que habían tenido el valor de saltar y yo seguía en mi asiento, aunque inquieto, al lado del chofer. Continuar leyendo →