Uno de los valores que promovemos en PezMundial es la sinceridad. Por sinceridad nos referimos a que estamos abiertos a recibir todas las personas sin importar su situación actual y tenemos la paciencia para trabajar con ellas el tiempo que sea necesario hasta que reflejen en sus vidas el carácter de Cristo. No solamente hablamos de este valor a los nuevos miembros de la iglesia —Taller 101—, sino que aprovechamos para promoverlo frecuentemente por medio de la enseñanza, y sobre todo tratamos de vivirlo. En el 2007 escribí un artículo (Cultura de sinceridad) explicando como el alineamiento en muchas iglesias ha remplazado la madurez. Decía lo siguiente:
A menos que la iglesia proyecte una cultura de sinceridad, sus miembros nunca se sentirán en confianza para modificar sus comportamientos. Ser sinceros no significa ser condescendientes o permisivos, sino, ser transparentes y dejar de vendernos como todavía no somos, aunque podamos llegar a serlo.
Ayer domingo estuve enseñando 7 principios prácticos sobre el discipulado en la Iglesia Misión Bíblica. Pasé un buen tiempo investigando (leyendo, meditando, reuniendo ideas) sobre el discipulado y afinando los puntos a compartir, hacía mucho que no disfrutaba tanto mientras me preparaba para predicar. Por esto, al momento de darle forma al esqueleto, tuve que trabajar contra el tiempo. Creo que quedó un poco extenso, pero no quise cortarle nada y así lo presenté.
Descargar la presentación (7 Principios prácticos sobre el discipulado) en formato PDF.
Hace un tiempo fui a visitar una hermana que está enferma de cáncer. Pensaba llevarle alguna palabra de esperanza o darle un poco de ánimo, pero para mi sorpresa, la encontré alegre y muy fuerte, emocionalmente hablando, quien salió de allí con los ánimos en alto no fue ella, sino yo. Me estuvo contando su testimonio, la manera en que Dios la preparó para ese momento y lo mucho que le ha dado las gracias a por todo. Me dijo que por cada cosa que ahora le faltaba ―fuerzas, sabor, cabello― ha aprendido a no quejarse, sino, a decir:
Gracias Dios por los años que disfrute de esto y no supe valorarlo.
Por otro lado, ha tenido la oportunidad de compartir su fe con cientos de personas, pues su caso le ha dado mucha exposición. Continuar leyendo →
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Me parece que el eslabón perdido de nuestros programas actuales de discipulado es el siguiente: preparamos los nuevos creyentes sólo para recibir y consumir, no para dar o producir. Cuando llegan a la iglesia ellos reciben todo el cuidado y la atención de su pastor y se sienten muy bien ―atendidos, cuidados, especiales―, pero a menos éste les advierta desde el principio que eventualmente recibirán menos y que serán ellos quienes atenderán y cuidarán de otros, se sentirán defraudados o hasta engañados; en vez de desear que la iglesia crezca para poner en práctica sus dones y habilidades, junto con lo aprendido, desearán que la membresía se estanque para que los sigan cuidando a ellos, o competirán con sus nuevos hermanos en vez de ayudarlos.
En este artículo compartiré tres técnicas que he venido utilizando últimamente con relativo éxito para facilitar el proceso de enseñanza, mejorando la comprensión y aumentando la retención de lo compartido. Las tomé de diferentes fuentes, pero sobre todo de la práctica. Espero que les sean útiles.
El proceso de aprendizaje es como involucrar a alguien en un viaje y llevarlo de la mano. Las personas, antes de motivarse a participar, necesitan tener información clara y precisa sobre de dónde están ahora, hacia dónde las pretendes llevar y cómo las transportarás. Una formula que estoy implementando para resolver esto es la siguiente. Saludo a la congregación, les planteo la situación actual (mejorable), les vendo una situación ideal posible y les pido que me permitan conducirlos hacia allá por medio de 3 principios bíblicos que primero solo les menciono para pasar inmediatamente a desarrollarlos (explicarlos, ilustrarlos). Continuar leyendo →
Al momento que una persona viene a Cristo todos los creyentes saben cuál es su próximo paso: madurar. Para esto, proceden a enrolarlo en programas de discipulado, estudios bíblicos o en algún proceso de estandarización, el cual, en muchos casos, no hace otra cosa que mecánicamente reducir su personalidad, su círculo de amigos y hasta su capacidad de pensamiento. El objetivo del mismo es fabricar creyentes maduros: que se aprendan muchos versículos y hagan pocas preguntas―. Madurez, en este esquema, se entiende como la capacidad de parecerse a sus iguales (fotocopia). Continuar leyendo →
Después de celebrar un encuentro estamos recibiendo en mi iglesia más de 30 nuevos creyentes. Ahora estoy llegando de dar un taller sobre madurez espiritual para ellos. Esto es un buen ejemplo de cómo mezclar estrategias. Primero encuentros y luego talleres de iglesia con propósito. Espero publicar aquí los demás talleres, incluido el 101 (Bienvenida) que impartimos el miércoles pasado.
Estos materiales son adaptados de los utilizados por otras iglesias, en especial la iglesia de Saddleback, donde inició este ministerio. Pueden descargar la presentación en formato de PowerPoint.