Estuve enseñando sobre discipulado todos los miércoles de diciembre en la Iglesia Vida Abundante, anteayer concluimos la serie revisando los principios explicados y buscando formas prácticas de aprehenderlos (no sólo de aprenderlos intelectualmente, sino de asirlos, apropiándonos de ellos). Fue un tiempo muy grato, pero al final de la jornada, mientras conducía hasta mi casa, iba pensando en que no había sido suficiente, que faltaba algo, pues aunque les reiteré en varias ocasiones que el discipulado más que un evento para transferir información es un proceso que requiere tres partes (conocimiento, experiencia y relación), en la jornada hubo más de le lo primero, un poco de lo segundo y casi nada de lo tercero. Sobre todo, siento que hablé de construir, pero no de derribar lo que anteriormente había edificado en el lugar, de cargar la cruz, pero no de morir en ella. (Hablar de discipulado sin mencionar la cruz es como dar clases de natación en medio del desierto.)
Una de las canciones más preciosas que ha dado la música cristiana es sin duda En las aguas de la muerte. Su letra no solo es hermosa, sino también tremendamente cierta, característica que tristemente cada vez se encuentra más ausente en nuestro himnario. Pueden leer sus letras en el enlace, es una canción muy apropiada para el tema de este artículo.
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Este fin de semana estuve leyendo Psicología del hombre caído, el último libro del Dr. José Rafael Dunker, un psiquiatra amigo, reconocido líder cristiano y a quien le atribuyo el calificativo de «sabio». (Me lo regaló el sábado y no pude dejarlo de leer hasta haberlo terminado.) Es realmente una joya, y lamento mucho que no esté todavía en librerías internacionales para así poderlo recomendar a todos los lectores de este espacio. Dunker hace un gran esfuerzo al integrar las principales escuelas de psicología (psicoanálisis, conductismo, y las psicologías existenciales) junto a las nuevas tendencias, como son el modelo sistémico familiar, el PNL y el acercamiento de Alcohólicos Anónimos, en un gran Framework con las herramientas para tratar las distintas maneras de enfermar. Pero lo más interesante es lo siguiente: así como Freud partió de la mitología griega (complejo de Edipo), la psicología del hombre caído toma las antiguas crónicas de Moisés, herencia de las tres grandes religiones (judaísmo, cristianismo e islamismo) como punto de partida.