Sueño digital
La cristiandad se ha venido moviendo lastimosamente en este nuevo mundo conectado y cada semana aparece el especulador de turno vendiendo los huevos de oro o la panacea virtual para todos tus problemas de la iglesia —principalmente para el problema del crecimiento numérico— con herramientas refritas que ya se vienen usando desde hace diez años. Lo que hoy se le vende a la iglesia como novedad (sitios web, emisoras en línea) existe desde hace tiempo y no estoy seguro de que sean soluciones, pues al ser solo herramientas su utilidad depende del uso que se les de.
A finales del siglo pasado, cuando la burbuja de las puntocom empezaba a inflarse, yo era el flamante webmaster de una agencia de diseño web. Juramos fidelidad a la idea de que el futuro estaba en Internet e hicimos nuestras las consignas de que para el 2005 desaparecerían las tiendas físicas, los refrigeradores harían sus pedidos directamente al supermercado, las oficinas dejarían de usar papel y el tele-trabajo sería el modo en que todos nos ganaríamos la vida. Vendíamos el sueño digital de que con solo poner su negocio en Internet (un mercado con millones de clientes potenciales) el dueño se haría rico; y muchos nos lo compraron.
Hoy, casi diez años después, sigo levantándome temprano para ir a una oficina de cemento, usamos más papel que nunca, los supermercados están bien vivos y los refrigeradores siguen siendo tan tontos como siempre. Lo que no dejan de llegar son los creyentes que con ideas del 98 pretenden llevar a la iglesia a conquistas el siglo 21. Es verdad que la gente no va a la iglesia, pero la causa principal no es la distancia.
Bajo este argumento (el cambiazo digital) muchos han volcado sus esfuerzos hacia Internet, pensando que con poner el mensaje de salvación en formato hipertexto las nuevas generaciones serán alcanzadas. Esto no es raro, pues en nuestro mundo cristiano, tan mágico-repentino, se acostumbra siempre a apostar por iniciativas novedosas que con poco esfuerzo den mucho resultado. Para nosotros, un buen esfuerzo es aquel en donde en pocos días podamos ver mil manos levantadas, y cuando nos ofrecen alguna oportunidad para lograrlo (como Internet) la asumimos sin preguntar. Cuando se demuestre que los frutos no eran tantos como se ofrecía, ya estará disponible otro medio y otra vez nos aventuraremos tras el a ojos cerrados solo por seguir la novedad.
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Rafa, yo también fui de los que salí tras la “Itaca digital” en los “años que vivimos peligrosamente” -finales de los noventa-.
Y estoy totalmente de acuerdo contigo, no son más que herramientas, nada puede sustituir al discipulado, el cara a cara, como lo hacia el Maestro: “venid y ved”, y eso no puede ser tele-discipulado, eso son vidas integras, en que lo que dices, piensas y vives es todo uno.
Había “medios más avanzados” en época de Jesús, pero Él discipulaba.
Yo sigo creyendo que algo bueno se puede hacer, solo es necesario saber que busca y como funciona las herramientas moderna, aqui tambien vale la regla que la inorancia afecta mi pueblo.
Hola a todos, les comento que en una reunión reciente cierto misionero me dijo que ya se está dando una nueva reforma cristiana, al estilo de Martín Lutero, el asunto es que esta nueva ola elimina la iglesia como la conocemos y la sustituye por grupos de reunión casera, iglesias caseras es el término empleado, con la base que en la biblia nunca se habla de templos como sitios de reunión evangélica, tampoco se habla del término “pastor”, tal y como lo conocemos, así que esta figura también es sustituida por líderes de grupos. Necesito sus comentarios por favor
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Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
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