La puerta estrecha
Recuerdo que siempre escuché predicar sobre aquel pasaje del libro de Mateo donde Jesús afirma que tenemos que entrar por la puerta estrecha y lo entendí como algo que está medio oculto o escondido. Se decía —o por lo menos eso entendía yo— que la puerta era pequeña y por eso la gente no la encontraba. Para mí el problema era de ubicación. Ahora lo veo más como un desprendimiento: Dios quiere que dejemos algunas cosas atrás para aligerarnos el equipaje.
El que transita por el camino ancho lo hace acompañado por un tremendo cargamento: físico, emocional y mental. Tiene reservas de todo tipo (dinero, comida, vestimenta, medicinas) dentro de sus camellos para hacerle frente a cualquier eventualidad que pueda presentarse durante el viaje. Se afana en vano por alcanzar seguridad teniendo provisiones redundantes. En cambio, el que entra por la puerta estrecha tiene que desprenderse de todo aquello y entrar solo con lo que es absolutamente necesario, aprendiendo así a confiar en que Dios le proveerá cada día lo que habrá de necesitar.
La forma en que Dios lo hace es quitándonos las despensas y enseñándonos a dejarnos ayudar de otros viajantes. El asunto es que ni tenemos todo lo que necesitamos, para que dependamos, ni necesitamos todo lo que tenemos, para que le demos a otros. Es el deseo del padre alimentar sus hijos diariamente con su fresca provisión y llevarnos a un nivel de confianza tal que abandonemos la idea de acaparar. Como los camellos no caben por la puerta estrecha tenemos cruzar sin ellos.
Los cristianos repetimos el cliché de necesitad que pregona el mundo y eso nos hace creer que siempre estamos faltos de algo, pero en realidad no es cierto, pues nuestro padre nos suple abundantemente. Les pongo como ejemplo un guardarropa. Nos quejamos de que nos falta la vestimenta, pero realmente tenemos más ropa de la que necesitamos, aunque por alguna razón nunca la usemos. La práctica que tenemos que implementar es que lo que no usaremos no es nuestro, está en nuestro clóset, pero deberíamos compartirlo. La mayoría de las personas que conozco tiene una gran cantidad de pertenencias (ropa, libros, muebles, electrodomésticos) que nunca en su vida usarán, pero tampoco desean soltarlas, pues temen que algún día les hagan falta.
Pero ese desprendimiento que debe ocurrir antes de entrar por la puerta estrecha no solo se aplica a los camellos (despensas físicas de provisiones), las cargas mas pesadas que llegan a tener las personas son cargas mentales o emocionales. Es común encontrar gente que no puede cruzar porque no está dispuesta a desprenderse de un sueño —suyo o ajeno—, una actitud, o una imagen personal. Muchos otros gastan su vida tratando de llenar un estereotipo, alcanzar una meta o demostrar algo. Dios nos pide que dejemos muchas de estas cosas, pues ni siquiera serán útiles para el sitio hacia donde vamos. Lo hace después de prometer que nos dará cosas mejores a cambio de nuestra pesada carga.
La vida en el reino de Dios no se basa en tener muchas cosas, sino en tener las cosas mejores. A continuación les comparto el secreto del buen viajante: no colocar en el equipaje aquellas cosas que pueden ser suplidas en el camino, pues mientras menos cargados estemos más rápido y cómodos llegaremos a nuestro destino y más disfrutaremos de la travesía. La puerta estrecha existe para enseñarnos a dar, confiar y depender. Nunca llegaremos muy lejos a menos que no dejemos que Dios aligere nuestro pesado equipaje.
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Hermoso pensamiento Rafa, me recordó el final del hermoso poema de Machado:
“(…) Y cuando llegue el día del último víaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.”
Ligeros de equipaje, así hemos de “viajar” por el camino angusto los cristianos
Un abrazo
Saludos Jaaziel, no lo dudes, pensé en Machado mientras escribía. Gusto en verte.
Interesante manera de interpretar, lo cual lo hace más aplicable a nuestros tiempos.-
BENDICIONES HERMANO. ESTA ENSEÑANZA ES ESPECIAL PARA MI. HAZ PINTADO PARTE DE LO QUE SOY. TRATARE DE ENMENDAR MUCHAS COSAS PARA VIAJAR CON MENOS EQUIPAJE. SALUD. ATT. TERESA
Saludos Pedro y Teresa. Me alegra saber que el artículo les fue de provecho. Seguimos conversando.
gracias por compartir este articulo tan escuchado antes, pero ahora con una observación diferente que me hace reflexionar sobre mi vida.
es un pensamiento muy lindo que solo con la sabiduria de nuestro señor jesus se puede conseguir.
muy buena manera de pensar y hacer reflexionar a los demas que andan en el mundo desgariados sin saber nada.
dios te bendiga
Q DIOS T SIGA BENDICIENDO
Que hermoso mensaje lo voy a poner en practica.
que dios te bendiga y te llene de mucha sabiduria.
Hola Amigo,
Considero lo mismo, creo que hoy la humanidad a querido barnizar la cárcel que heredamos de nuestros primeros padres, para así mitigar el olor a muerte que adquirimos en este mundo.
Que el Señor te bendiga y haga resplandecer su rostro sobre ti.
Jhon Alexander G.O.
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Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
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