Fuego en el bolsillo
[Se cierra el telón.]
El actor principal baja corriendo de la plataforma. Sale al pasillo, pisa el suelo con un pie y apoya el otro contra la pared. Revisa la caja, le quedan dos cigarros. Se pone uno en la boca; aspira. La punta se ilumina color naranja intenso, piensa en la escena pasada. Olvidó unas cuantas líneas por la distracción que ella le causaba, pero no hubo problemas. Cuarenta y tres puestas en escena de la misma obra no han sido suficientes para fijar el parlamento en su cabeza, pero casi treinta años sobre las tablas le han dado la suficiente confianza para improvisar naturalmente, sin que se note. A un actor veterano, como él, le puede faltar la memoria, pero le sobra la maña.
Toma el cigarrillo verticalmente, con la mano izquierda, con un solo golpe de dedos, usando la derecha, le corta la cabeza de ceniza. Se lo coloca nuevamente y le da la última calada. No tuvo tiempo para terminarlo, el telón está por abrirse, lo tira al piso y lo pisa.
[Se cierra el telón.]
Aparece el mismo actor, esta vez en cuclillas, en el mismo pasillo. Esparce bocanadas por la boca y por la nariz lanza más humo, como dragón con furia. Una actriz aparece por la puerta, él hace el esfuerzo por ocultar el cigarro, pero era tarde. Si no hubiera hecho un gesto tan torpe para esconder su vicio no hubiera tenido que conversar, pero se puso en evidencia y ahora tendría que dar explicaciones.
—Me prometiste dejarlo —reclamó ella.
Sería esta la primera vez que conversaban desde su tormentosa separación. Justamente, para ese mismo tiempo le retomó el gusto al tabaco. También era la primera vez que ella le sostenía la mirada desde que encontró aquella foto en el bolsillo de su camisa. La cosa no hubiera pasado a mayores si él no se hubiera empeñado en conservarla.
Desde abajo ella se veía más grande. Sorprenderlo rodeado de tanto humo le daba una posición moral superior. Ya eran dos las promesas incumplidas, e iguales las ocasiones en que lo había sorprendido en falta. Él hizo lo mismo que había hecho siempre: se quitó el cigarro de la boca y lo puso en el bolsillo de la camisa —era el último—, salió corriendo con las manos levantadas, como bloqueando las palabras.
[Se abre el telón.]
Pisa el escenario y pronuncia su parlamento con exactitud. Aquel cigarrillo que había olvidado apagar le quema el pecho mientras ofrece la mejor actuación de su vida. Elle hace su parte en la obra olvidando completamente sus problemas personales, era toda una profesional, la actuación era su oficio.
[Se cierra el telón.]
Él sale corriendo, dando saltos, mientras escucha los aplausos. El público ofreció una ovación de pie para la obra. Ella va corriendo tras él y al alcanzarlo en el pasillo lo abraza por la espalda. Mete la mano en el bolsillo de su camisa esperando no encontrar la fotografía del conflicto; y se quema los dedos. El cigarro cae al suelo, ambos lo miran, ella lo pisa.
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