La semana pasada estuve trabajando en este ensayo, titulado «De la religión a la espiritualidad; y viceversa», donde explico —o por lo menos eso intento— cómo la espiritualidad malentendida, individualista y reaccionaria, tan de moda en nuestros días, puede terminar matando nuestra herencia cristiana y malogrando nuestra fe». Update: ya está lista la primera edición.
Últimamente me han entrado las memorias de entre finales de los ochenta y principios de los noventa. Esta es de mis primeros días en un colegio católico. Soy un simple cristiano, sin apellidos, y no me considero ecumenista, pero tengo muy buenos amigos católicos y hace mucho que deje de pelear contra Roma. Tengo batallas [...]
La idea para este artículo me llegó por medio de un comentario del lector Pedro en el artículo De la religión al televisor. ¡Gracias por la aportación! Un cliché protestante es que el cristianismo no es una religión, sino, una relación. Como el término ha alcanzado una connotación despectiva, queremos alejarnos de él cuanto sea [...]
Comencé a pensar en la religión como entretenimiento en un viaje que hice a una loma del sur del país el año pasado. Visité la iglesia y quedé asombrado al ver una multitud de gente marchar hacia el templo como si fuera una invasión. Niños, jóvenes y adultos con su Biblia bajo el brazo. Sorprendido, [...]
Este tema lo tenía pendiente desde el pasado diciembre, es la segunda parte que ofrecí del artículo Dos gigantes enfrentados. La semana pasada estuve conversando con la amiga de un amigo, la cual vive en España y se vino a pasar unos días en Santo Domingo. Le preguntaba por la postmodernidad en España y su [...]
Había evitado referirme a este tema, pero tomando en cuenta la dimensión del asunto y el tiempo que se ha mantenido sobre la atención pública —todo un hito en estos tiempos de instantáneas—, y siendo este un blog cristiano escrito desde República Dominicana, era algo difícil que quedara sin mención. Aparte de todo esto, estoy [...]
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.