Después de ver a Lázaro Carreter despotricar sin reparos contra el anglicismo “Sponsor”, en su libro El dardo en la palabra, me puse a pensar en los mecenas cristianos. Durante el renacimiento florecía el mercado artístico por medio de la esponsorización (con el perdón de Carreter). Los poderosos patrocinaban sus artistas protegidos, algunos hasta eran [...]
Para hacer realidad una revolución como la reforma protestante es necesario combinar el sentir de una época con los anhelos de un pueblo y las aspiraciones de un gran líder. Cuando estas tres cosas (los tiempos, los pueblos y un líder) coinciden en tiempo y espacio, estalla una revolución. La reforma no fue solo Lutero, [...]
Leyendo sobre la edad media me he topado con una curiosidad culinaria: el valor de las especias. Se dice que durante el siglo XV la pimienta era tan preciada que llegó a ser la moneda de algunos pueblos, así como nosotros medimos en base a oro ellos median en base a pimienta. Con pimienta se [...]
Sigo leyendo sobre Martín Lutero. Conseguí uno de sus escritos fechado en 1523. Tomando en cuenta que clavó las 95 tesis en 1517 y fue excomulgado en el 1521, pienso que este ya no era un escrito buscando conversación con la iglesia católica, sino sembrando las bases para las nuevas reuniones de creyentes. Su introducción: [...]
En 1518, las 95 tesis que el fraile Martín Lutero había sembrando el año anterior en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg empezaron a dar su fruto. Como si fueran tronco y rama, el papel se unió con la puerta de madera y comenzó a crecer de mano en mano y a [...]
Alguien me preguntó hace unos días las razones por las cuales mantenía este espacio en la red, después de pensarlo conseguí una razón: conversar. Si dejo algo en este lugar es porque no tengo todas las respuestas, cuando libero las ideas que tengo presas en mi cabeza ellas tienen la oportunidad de volar, de vez [...]
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.