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Ayer, temprano en la madrugada (5:45 AM) me levanté para salir a caminar media hora antes de ir a la oficina. Caminar es un hábito que estoy intentando desarrollar, con relativo éxito, y al que le he encontrado enormes beneficios. El recorrido fue casi normal: salí del residencial, me dirigí al parque y me integré a otros caminantes hasta agotar la ruta acostumbrada. Cuando terminé mis cinco vueltas, me dirigí nuevamente hacia mi casa y, ¡sorpresa! Me encontré con uno de mis hermanitos, megáfono en mano, gritando frente a las ventanas de las casas un mensaje pseudo-evangelístico imposible de entender.
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Mientras veía en E! Entertainment la biografía de Ellen DeGeneres, actriz y comediante declaradamente lesbiana, quedé asombrado ante los comentarios de un predicador norteamericano —del cual ya no recuerdo el nombre—. Este le llamó «Ellen la degenerada». Al escucharlo me enojé en gran manera y comencé a reprender mentalmente a este hermano. Le decía (en mi mente):
— ¿Acaso no estaría Cristo dispuesto a recibir a esta mujer, a darle amor sin importar su preferencia sexual? ¿Acaso se convirtió Cristo en adultero cuando le salvó la vida aquella mujer de dudosa condición moral?
Por ser hoy (31 de octubre) el día en que se conmemora la reforma protestante de 1517, hago una recopilación de artículos sobre el tema que he escrito anteriormente y esta cita suya, una de mis favoritas: «Aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto».
Pueden ver lo que escribí en el aniversario pasado.
En la imágen: Escena de Luther, la película. (2003)Corría el año 1510, un estudiante de teología estaba a punto de viajar a Roma. Sería un viaje rutinario para quienes lo enviaban, unas cuantas diligencias de rigor sin más importancia que el asunto mismo que sería entregado. En cambio, para él, un camino sin retorno hacia mundos completamente desconocidos, desde donde nunca más podría regresar. Continuar leyendo →
He estado leyendo un poco de Max Weber y sus teorías sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Siempre me ha interesado mucho el campo de la sociología, a la que Weber, junto a la política y la economía, dedico gran parte de su tiempo.
No es algo tan simple como lo que pretendo mencionar, pero en algo tiene que ver. Este sociólogo alemán presentó dos lados o, si se quiere extremos, donde ambos se necesitan y a la vez se repelen: el lado de la convicción y el lado de la responsabilidad. Quien no se coloca en un punto medio, matizando o mezclando cada parte, tarde o temprano se convertirá en extremista. Ya lo dice antes, solo repito: un extremista no es más que un radical, el cual inició muy bien intencionado pero permaneció en un solo lado (o posición) más tiempo del conveniente. Continuar leyendo →
El tema que traigo a mención tiene un largo tiempo en el tintero, son de esas cosas que se guardan el alma y terminas sacándotelas en letras, más por descanso que por la sola satisfacción. No es un tema entretenido, o cómodo, es más bien espinoso y bastante triste, hoy se lo mencioné a un amigo y la conversación se tornó tan deprimente que tuvimos que cambiarla. Con este preámbulo paso a traer el asunto en cuestión, es mejor deprimirse en conjunto que hacerlo en solitario.
En días pasados dije que me cansé, y no considero mi cansancio como una queja vacía, sino más bien como un privilegio, un regalo de Dios. He tenido la fortuna de poder acércame a varios pastores y lideres de la vieja escuela, personas que tienen muchos años o toda una vida en el ministerio. Por lo regular, cuando hablo con ellos y les pregunto sobre su experiencia en la iglesia o en el concilio al cual pertenecen su respuesta tiene dos partes. Inicia medio elaborada, como el recitar de unas líneas programadas con las venturas de invertir su vida en la obra, me dicen:
Oh hermano, no hay bendición más grande, si tuviera que iniciar de nuevo haría justamente lo mismo, una iglesia idéntica a la que guío actualmente y en el mismo concilio, no hay organización más honorable, justa y adecuada para levantar una congregación que esta.
Después de ver a Lázaro Carreter despotricar sin reparos contra el anglicismo “Sponsor”, en su libro El dardo en la palabra, me puse a pensar en los mecenas cristianos. Durante el renacimiento florecía el mercado artístico por medio de la esponsorización (con el perdón de Carreter). Los poderosos patrocinaban sus artistas protegidos, algunos hasta eran acomodados en palacios y les asignaban cuantos gustos asomaran a sus artísticos deseos.
El cristianismo y el mecenazgo han venido hermanados desde el renacimiento, esta unión floreció con papas renacentistas como Julio II, quien cargó para sí con el honor de ser protector de Miguel Ángel y Rafael. Se dice que hostigó tanto a Miguel Ángel en los trabajos artísticos de la Capilla Sixtina, que el artista terminó echandolo del lugar como requisito para terminarle la obra. Continuar leyendo →