Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. (Mateo 18:15)
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Cuando enseño sobre el perdón lo que más dificultad les da a las personas entender no es perdonar en sí, sino tomar la iniciativa de hacerlo a pesar de ser el agraviado. Sin embargo, este es un principio desarrollado consistentemente a lo largo de toda la escritura: desde el libro de Génesis (con la caída del hombre) y hasta los evangelios (con la redención): cada vez que el hombre falló, fue Dios quién tomó la iniciativa para restaurar la comunión. Del mismo modo, espera que nosotros tomemos la iniciativa cuando alguien nos falla. Leyendo el libro de Génesis he encontrado tres razones por las cuales es el agraviado y no el agresor quien debe tomar la iniciativa de perdonar y —sobre todo— restaurar: El agraviado comúnmente desconoce su falta (mayormente si es reincidente en ella), tomar la iniciativa es la mayor manifestación de amor y el pecado tiene un efecto corruptor de rápido avance (comparado con el avance de la levadura, de la lepra y del fuego).
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Leyendo sobre las implicaciones del rechazo y la falta de perdón en las relaciones familiares el siguiente dato que me llamó la atención: muchos jovencitos se refugian en el sexo y el placer buscando llenar un vacío, buscando el amor que —según perciben— no están recibiendo en sus casas, regularmente luego de algún trauma no resuelto en la relación con sus padres. Para ellos, tener sexo implica tres cosas: una rebelión contra sus padres (hacer lo prohibido), intimidad y compañía. Esos jovencitos terminan convirtiéndose en adultos con vidas sexuales insatisfactorias, pues nunca se han sentido realmente amados y el sexo, en vez de una consumación del amor, termina convirtiéndose en un falso remplazo. (En vez de ver el suspiro como parte del bizcocho, hacen del suspiro su bizcocho).
Resumen: En la vida de un proyecto, el emprendedor cambia constantemente de roles (sombreros), primero lleva el de visionario, luego el de ejecutivo y después el de administrador. Al final, comienza nuevamente el proceso.A grandes rasgos, en cuanto a un rol en un proyecto, el mundo se compone de tres personas: los visionarios (gente que puede identificar hoy las tendencias, oportunidades, cambios y recursos de mañana), los administradores (gente que puede optimizar los recursos actuales buscando su mejor aprovechamiento) y los ejecutivos (gente que logra que las cosas sucedan en el día a día). Todos tenemos un poco de cada perfil, pero destacamos principalmente en uno de ellos; todos quisiéramos enfocarnos en ser aquello que principalmente somos, pero por lo costoso del trabajo en equipo terminamos haciendo un poco de todo. Tanto en PezMundial (la iglesia en la que sirvo) como en Invermedios (la empresa que estoy desarrollando) vivo cambiando de sombrero todos los días, y aunque en los primeros años de ambas organizaciones el sombrero que más llevé fue el que mejor me calza (visionario) últimamente el del ejecutivo (el que más pequeño me queda) y el del administrador (el que más grande me queda) son los que más me acompañan. Continuar leyendo →
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El domingo pasado estuve enseñando en PezMundial sobre cómo lidiar con los pecados de nuestros padres, un tema amargo, pero extremadamente saludable. A veces bromeo con mis amigos y les digo que éstas son las especias, tomando el ejemplo del cordero pascual, y de esa forma les pedí a mis hermanos que recibieran el sermón: no como un corte de cordero jugoso y sabroso, sino como un condimento amargo, pero sumamente conveniente para su desarrollo espiritual. Sé que no es fácil recibir un tema como este teniendo allí a tus padres y en algunos casos hasta a tus abuelos, y viceversa (teniendo allí a tus hijos o hasta a tus nietos), pero la salud siempre ha de anteponerse a la comodidad y lo saludable a lo sabroso.
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Desde que comencé en a servir en el ministerio de un modo más o menos constante, hay un paradigma que me ha acompañado en cuanto al manejo de los recursos: poseer casi nada, gestionar algunas cosas lo más eficientemente que me sea posible y disponer de muchas otras. A esto me he referido antes en artículos como la puerta estrecha y el principio de la contundencia: llevar lo necesario, cargar poco y producir mucho. Hay algo que mucha de la gente que hoy es parte de la Comunidad Cristiana PezMundial no sabe, y es que antes de comenzar la iglesia, PezMundial ya existía, primero como un blog en el que compartía muchos de los recursos que iba desarrollando para enseñar en las iglesias y luego como una organización (Ministerios PezMundial) que canalizaba esos recursos (artículos y presentaciones, e-books, talleres, enseñanzas y conferencias), la cual nunca tuvo oficinas, mobiliario ni equipos, pero me permitió llegar a cientos de miles de personas por diferentes medios.
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Aunque escribí de esto mismo el mes pasado, permítanme repetir. Mantener abierto este blog es hoy una gran satisfacción para mí, aunque hace cerca de un año, cuando comencé la iglesia, estuve jugando con la posibilidad de cerrarlo o por lo menos convertirlo en un espacio privado. Lo que pensaba en aquel momento era que tener un registro público de mis pensamientos y su evolución podía confundir a mucha gente, pues este es un espacio experimental y aquí no sólo afirmo mis ideas, valores y posiciones, sino que también menciono y referencio cosas que no necesariamente comparto. Y de las cosas que antes afirmaba, al sacarlas al aire compartiéndolas aquí con ustedes, muchas ya no las afirmo. Si alguien quiere conocerme, aquí tiene un libro abierto. Esto produce en mí dos cosas: me mantiene humilde y me obliga a ser sincero.
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Sospecho a Cristo la navidad ha dejado de gustarle, que si lo pusieran a elegir, se quedaría con la pascua. Es más, pienso que sería más provechoso que en navidad predicáramos sobre su crucifixión (velad y orad para que no entréis en tentación) y en la pascua sobre su nacimiento; que los villancicos no se entonaran en invierno, sino en verano. No sólo sería más provechoso, sino también mucho más apropiado. Es una paradoja, pero la navidad, que se supone es el tiempo en que celebramos el nacimiento de Cristo, ha llegado a ser la época del año en que los cristianos más negamos a nuestro Señor. Por esto ayer, en la última reunión de PezMundial del 2008 —la última de navidad—, estuve enseñando sobre la negación y restitución de Pedro (Juan 21).