Cuando este blog cambió de nombre a PezMundial olvidé especificar la licencia Creative Commons con que se venían distribuyendo sus contenidos junto a la coletilla de Copycristian, la iniciativa de mi amigo y hermano Jaaziel. Cuando me di cuenta del error, no lo enmendé, y desde entonces viene apareciendo la vilipendiada gran «C» del Copyright: [...]
Hace unos años leí en el libro La Comunidad del Futuro un capítulo de Stephen Covey donde sostiene que ni las organizaciones sociales ―incluida la iglesia― ni los gobiernos pueden hacer tanto como las empresas por mejorar la calidad de vida de la gente, pues a diferencia de las empresas, dichas instituciones no miden sus [...]
Mucho se escucha hablar en las iglesias y demás organizaciones sociales sobre colaboración y trabajo en equipo, pero del dicho al hecho hay mucho trecho, realmente es difícil dejarse ayudar. En lo personal, me confieso un llanero solitario. Me he acostumbrado a trabajar en forma muy independiente y aunque siempre he tenido gente alrededor dispuesta [...]
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.