El tema del día en la República Dominicana es la llegada de José Luís de Jesús Miranda, autoproclamado Jesucristo Hombre. Entró al país ayer creando mucho revuelo y se dice que estará compartiendo una conferencia el próximo domingo. Durante mucho tiempo se viene debatiendo este tema en los espacios cristianos de Internet y he preferido mantenerme al margen, pues considero que a nivel doctrinal hay poco que debatir —mi amigo Alexander Rodríguez invitó a sus seguidores a un debate en este sentido y se quedó esperando—, cualquier conversación sobre este hombre, para que sea fructífera, debería ser llevada por lo sociológico y no por lo teológico.
En la imágen: José Luís de Jesús Miranda llegando al Aeropuerto Internacional de las Américas. [Clave Digital].
Estoy investigando los temas para unos artículos que pienso escribir sobre la utilidad práctica de la teología. Lo que quiero presentar es que así como la ciencia se convierte en innovación al ser aplicable a la resolución de algún problema y llega a ser tecnología cuando mejora la calidad de vida de la gente, el conocimiento que tenemos sobre Dios debe servir para algo concreto, más allá de llenarnos la cabeza de aire.
Pueden hacerme llegar cualquier información que aporte algo en este sentido o sus comentarios al respecto. Los temas que investigo son los siguientes:
La última es un poco más personal (estoy abierto a recibir cualquier consejo): ¿Me serviría de algo completar los créditos pendientes para terminar el Profesorado en Teología que inicié en 1998 o continuar con el estudio académico de esta?
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Una vieja parábola dice que el pintor colgó su cuadro en la pared de la galería y le puso el siguiente cartelito: «Quien encuentre algún error, firme con su nombre». Al día siguiente regresó y encontró el lienzo lleno de garabatos. Se enojó, descolgó el cuadro y puso otro en su lugar, pero esta vez el rotulo rezaba: «El que encuentre algún error, y pueda hacer algo mejor, firme con su nombre». Nadie se atrevió a tocarlo. He escuchado esa ilustración una y otra vez y confieso que hasta la he usado, pero creo que su moraleja, aunque pueda parecer útil e ingeniosa, puede llegar a hacer más daño que bien.
La semana pasada estuve en Santiago de los Caballeros, visitando el Centro Cultural Eduardo León Jimenes (Centro León). Por el abandono en que han estado los museos nacionales, custodiados por el estado, quizás sea este el más presentable centro cultural del país. Cuenta con tres exposiciones permanentes (Signos de Identidad, Génesis y Trayectoria y Huella y Memoria: historia de la familia León) junto a otras exposiciones temporales. La atmósfera del centro es sumamente agradable: instalaciones muy bien cuidadas, vasta información sobre el material exhibido y muchas obras.
En la imágen: Una de las obras del Centro León.Continuar leyendo →
Mientras iba de camino a mi casa, para almorzar, escuchaba un programa radial sobre medicina en una emisora local. Había un neurocirujano hablando sobre la memoria, y dando consejos para evitar perderla en la vejez. Aconsejaba leer muchos libros y apagar las «cajas embrutecedoras» que tenemos en nuestras casas (televisores), así evitaríamos el Alzheimer o la demencia y nuestros hijos nos dejarían poner nuestra mecedora en las salas de sus casas tranquilamente —lejos del asilo—, para que les relatemos viejas historias a los nietos (quizás sobre una tecnología arcaica que se llamaba Internet o la fiebre de los blogs) sin ponerlos en vergüenza.
La semana pasada estuve conversando con la amiga de un amigo, la cual vive en España y se vino a pasar unos días en Santo Domingo. Le preguntaba por la postmodernidad en España y su opinión sobre su influencia en países latinoamericanos, como el nuestro. Lógicamente, me dijo que lo ve difícil, que Latinoamérica está muy lejos de llegar a ser postmoderna.
Compartí con ella la opinión que le escuché a Brian McLaren el año pasado, aquello de llamarnos Post-Coloniales y no Post-Modernos. Luego, la siguiente posición, a la cual he llegado. Continuar leyendo →
Solo hay algo que me molesta más que una iglesia hidrocefálica —donde sus miembros tienen la cabeza más grande que el corazón—, y son las iglesias plásticas, las cuales no tienen identidad, personalidad o sabor propio, sino que son réplicas de ministerios exitoso, calcadas a mano; fotocopias.
Comprendo que la iglesia es un cuerpo, y como todo ser vivo, tiene principios naturales que limitan o permiten su crecimiento, pero la tendencia actual no es guiarse por principios, pues esto toma algo de tiempo, sino transplantar modelos exitosos, echarles agua y esperar tener una réplica rápida de aquellos frutos. Continuar leyendo →