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De niño tomé clases de música. Recuerdo que llegué a la biblioteca del pueblo, donde ensayaba la banda municipal y enseñaban los mismos músicos. Me recibió el profesor Manuel, quien era amigo de la familia y estaba casado con Carmen, mi primera profesora. Era un señor moreno, de cuerpo grueso, mediana edad y cuello prominente. Tocaba el trombón de vara, y cuando soplaba una nota, su cabeza, como un globo, se llenaba de aire.
Un cliché protestante es que el cristianismo no es una religión, sino, una relación. Como el término ha alcanzado una connotación despectiva, queremos alejarnos de él cuanto sea posible. Si no tuviéramos un manojo de versículos en el Nuevo Testamento, mencionando el término, y un Antiguo Testamento repleto de ceremonias y rituales, hace años que lo hubiéramos desterrado.
Me di cuenta de esta dualidad en nuestro pensamiento por medio de un comentario en el artículo De la religión al televisor. Un lector respondió «Los marxistas están de acuerdo contigo, la religión y la televisión son el opio de los pueblos», y me dio grima. La verdad es que por un lado no me considero un religioso de capa y espada, pero tampoco quiero hacer causa común con Marx. Pero si no soy religioso, ¿Por qué me pongo el sombrero? Continuar leyendo →
Ven este video, es un reportaje sobre un niño dominicano con mucha habilidad para la percusión. Los coritos pentecostales que se escuchan de fondo no tienen desperdicio.
Mi objetivo es siempre centrarme en Jesús, el transformo mi Corazón cambio mi vida radicalmente y le debo todo lo que tengo. Trato que las canciones sean para ministrarle a el en lo posible. Considero que su gracia y amor son tan grandes en mi vida que solo quiero darle a el toda la honra y gloria que se merece, si estoy escribiendo esto es por su gracia y misericordia. Cada canción es una expresión de amor por lo que hace el por mi cada día.Les dejo con una de sus canciones, hasta hora mi favorita: «Atrapado».
Acabo de recibir un mail de Lenin Almonte, líder del Ministerio Home. Me avisa de su primer podcast (Pueden ir directamente al Mp3), donde hablan de piratería. Invitaron a un músico cristiano, el cual no conozco, llamado JP Habes. Esta es una parte de la respuesta del mismo cuando le preguntaron su parecer al respecto:Bueno, las canciones, sí, son mías. Dios me da la inspiración, pero son mis canciones. Por ejemplo, cuando leemos los salmos, Dios utilizó a David como canal, pero quien firma esos salmos es David, pero eso decimos que son los salmos de David. O sea, son mis canciones, y Dios me las dio a mí, por eso yo tengo el derecho sobre esas canciones. Tengo el derecho de decidir sobre esas canciones aquí en la tierra.—Entonces, si alguien quema (copia) esas canciones, ¿está robando? —Pregunta el locutor—. —Es un ladrón —responde el cantante—. Luego intentó aclarar su comentario sobre los ladrones con lo siguiente:
Bueno, realmente, si usted toma algo que no es suyo, usted está robando, eso es una realidad. Ahora, no quiere decir que si un hermano ha quemado un CD mío yo voy a ir donde ese hermano y le voy a decir: ¡Mire, buen ladrón! Usted tomó el CD y no me pagó. Pero si toma un CD teniendo la posibilidad de conseguirlo, como sea… […] Si un hermano aquí en República Dominicana, más un hermano de la iglesia, que te conoce, si toma ese CD sin pagar lo que cuesta el CD, no sé que palabra existe para eso, pero yo conozco que eso es robar.¡Tremendo!, resume muy bien el sentir de «la industria». No pude evitar hacer el paralelismo con Gollum, el de El Señor de los anillos, cuando decía: «My Precious! O my Precious!». Escuchen el podcast completo, muy bueno. Les dejo algunos artículos relacionados con «la piratería»:
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Veo esto de escribir como parte de mi ministerio, tan importante para mí como predicar en las iglesias. El primer paso para quedar inscrito en un oficio es llamarse como tal: plomero, electricista o escritor. Yo me autodenominé escritor amateur: «como los boxeadores que pelean fuera del circuito profesional, más por el gusto que le tienen al deporte (no a los golpes) que por la remuneración que el mismo pueda representarles». Pero un estudiante de arquitectura no se llama arquitecto por el simple hecho de haberse matriculado en la universidad (sería bastante optimista), es necesario tener algo para mostrar, y justo ahí estaba mi problema.
Esta es la tercera parte del cuento sobre Brian, el joven misionero, pero el asunto sigue creciendo (pueden leer la primera y la segunda). Dice Horacio Quiroga en su decálogo del buen cuentista: «No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas». Realmente guardo el bosquejo general del cuento, pero hay partes que merecen el detalle, como esta ocasión, donde Brian y Pineda cantan para la iglesia.
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El pastor Severino sentía una profunda admiración hacia los misioneros, eran su arquetipo de la perfección cristiana. Solo había que escucharlo predicar uno de sus sermones, cargados de referencias, memorias y anécdotas sobre el Reverendo Samuel y los demás «santos esforzados» —así se refería a ellos— que habían soportado hambre, sed y precariedades por amor a las almas.