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El llamado de Cristo a sus discípulos no fue finánciame, sino sígueme, algo que no afectaría tanto su bolsillo como su tiempo, y es esta precisamente la paradoja de nuestros días: hoy hay más gente dispuesta a poner su mano en el bolsillo que gente dispuesta a poner su mano en el arado. En los últimos tiempos se ha hecho mucho énfasis en que los cristianos descubran sus dones, habilidades y talentos, entonces encontramos personas que conocen su llamado, pero no lo cumplen, ya que están muy atareados y afanados: ora desarrollando negocios, ora cuidando de sus familias, ora cuidando de sus cuerpos, ora entretenidos o divertidos, todos estos, asuntos que tienen mayor o menor valor, pero nunca una importancia superior al llamado de Cristo. ¡Sígueme!
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Hace más o menos un año pedí «una licencia» en mi iglesia local, me desligué de todas las responsabilidades que allí tenía, hablé con mi pastor y le dije que necesitaba tomarme un tiempo ir a colaborar con otras iglesias, en especial apoyando algunas obras nuevas. Él fue muy comprensivo y flexible, y desde entonces he estado enseñando en muchas congregaciones, asesorando a otras y emprendiendo diferentes proyectos, justamente lo que pretendo seguir haciendo, ahora más formalmente desde PezMundial.
Continúo trabajando en los 9 pasos de la ruta para desarrollar proyectos. Esta es una herramienta que estoy probando, junto al método de las combinaciones, para ayudar a la gente emprendedora a concretar sus ideas. Esto se desprende de uno de los puntos de la Conferencia Generando el Cambio [Noviembre 2006] donde expliqué que:
Sin tan solo pudiéramos darle a nuestra gente las herramientas necesarias para convertir sus dolores en remedios, sus preocupaciones en triunfos o sus sueños y anhelos en realidades, podríamos cambiar su mundo, ¡y con ello también el nuestro!
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Hablando recientemente con un pastor amigo, llegó el tema de las iglesias que están creciendo por medio de los miembros transferidos. Me decía que la matrícula de algunas congregaciones está mermando debido a que sus feligreses se mudaron a otra de las que están de moda y sus pastores originales la han emprendido contra los «cuatreros» que le roban su ganado. Yo le decía que no lo veía mal, pues si mi hijo prefiere estar en la casa ajena, y no en la propia, quien debe revisarse soy yo, y no el vecino.
En los últimos tiempos, ha sido una de mis preocupaciones el poco interés que tienen las congregaciones contemporáneas en sembrar nuevas iglesias. Lamentablemente, casi todas las nuevas obras que conozco son el fruto de divisiones, desacuerdos entre hermanos, pleitos o diferencias. Hasta he llegado a pensar que Dios está utilizando esta situación para multiplicar su cuerpo, pues ya que intencionalmente no sembramos, de alguna manera el cuerpo tiene que seguir creciendo.
Cada cierto tiempo escucho hablar de una nueva iglesia, ¡y me emociono! Lamentablemente, mi alegría dura muy poco, pues cuando pregunto sobre el sembrador nadie lo conoce —en muchos casos no es sembrador, sino cabecilla—, pregunto que de donde vienen y nadie sabe decirme. La razón de la nueva siembra no es más que un conflicto, un capricho o algún problema no resuelto. Los hermanos estaban en desacuerdo y no pudieron limar sus asperezas, eso provocó que una de las partes recogiera sus motetes y empezara la flamante nueva iglesia. Continuar leyendo →
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Hace unas semanas tuve una conversación sumamente interesante con Shannon, una amiga misionera quien me está ayudando a mejorar el inglés. Ella es canadiense y está organizando grupos de jóvenes para servir como misioneros en diferentes lugares. Yo le preguntaba que cual era el costo —en dinero— para que un misionero canadiense sirva en otras partes del mundo. Su respuesta fue que aunque es un costo significativo, no es prohibitivo. Su problema, en gran parte de los casos, sería más de concientización, logística, y canalización.
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Cierta vez salió Jesús caminando, de Judea, rumbo a Galilea. En el camino, pasó por un pueblo de Samaria llamado Sicar —estaba en la ruta—. Se encontró en un lugar histórico, de gran significado para los locales, pues era el terreno que su antepasado Jacob le había regalado a su hijo José. Allí había también un pozo, tanto o más simbólico y lleno de significado para ellos como el terreno mismo: el pozo de Jacob. En el pozo, estaba una mujer sacando agua.