De los libros que he leído en los últimos años, uno de los que más valoro, me atrevería a leer y de hecho vuelvo a leer algunas de sus partes con frecuencia, es la autobiografía de Billy Graham, Tal como soy. En ella, ya al final, hay una hoja —páginas 767 y 768 en la edición en español— que tengo doblada. Allí, este predicador ya anciano, reflexiona sobre aquellas cosas de su larga vida que si pudiera volver atrás, haría de maneras diferentes. Cita varias en tres párrafos, que yo he tomado como buenos consejos, pues en ellos hay canas, hay sabiduría. Las transcribo a continuación.
Debo confesar de inmediato, usando las palabras de Walter Hilton, que a lo largo de estas páginas «estoy tan lejos de sentir realmente lo que digo, que no me queda más que ansiarlo fervientemente y clamar por misericordia».
— C. S. Lewis, en el prologo de
su libro El problema del dolor.
Tengo un acuerdo con la tienda Mercado Cristiano por medio del cual me envían un libro a cambio de que yo realice alguna reseña y la publique. Mi compromiso con ellos es que lo hago diciendo sinceramente lo que me pareció ―sin ningún ¡cómprelo ya! de por medio―, y de plano, si el libro no me parece valioso (y por ente termino no leyéndolo), ni siquiera lo tengo que reseñar. A continuación mi opinión del último recibido.
Enlace: El talento nunca es suficiente, Mercado Cristiano.
Este fue uno de los libros que leí el año pasado, tenía su reseña pendiente desde entonces. De su autor, John Maxwell, ya anteriormente había hablado en este espacio. Una idea errónea muy común en estos tiempos es que las personas con talento (los que sacan las mejores notas en la escuela, los que anotan más puntos en el juego, los que nacen con ese don sobrenatural para las artes) tienen un futuro garantizado, pues con el tiempo, serán cada vez mejores. Maxwell evidencia el error en esa forma de ver el talento y lo pone en perspectiva explicando 13 aspectos complementarios (entre ellos: fe, iniciativa, enfoque, preparación, práctica, perseverancia y carácter) que son igualmente necesarios para que el talento no se desperdicie. (Con el talento se nace, pero lo demás requiere ser cultivado con sacrificio.) Continuar leyendo →
Me encuentro en estos días trabajando junto a mi amigo Fausto Liriano en un proyecto para ayudar a hacer la Biblia relevante para las nuevas generaciones. Eventualmente compartiré un poco más sobre el mismo, ahora les comparto algunas reflexiones sobre la lectura de la Biblia como experiencia comunitaria.
En un artículo del 2006 (De la iglesia a la Biblia) expliqué cómo la cristiandad en el siglo pasado, especialmente en su lado protestante, trasfirió la responsabilidad de proclamar las buenas nuevas, de la iglesia (como comunidad de creyentes) a la Biblia; y en lo relativo al sagrado libro, sólo en su lectura solitaria. Fruto de este desafortunado movimiento, tuvimos generaciones creyentes teoréticas, reflexivas y conceptuales, a tal punto, que cuando dos de ellos se encontraban, en vez de ponerse a vivir y a celebrar lo que el libro decía, para que la experiencia allí anunciada se convirtiera en realidad, descubrían que para lo único que estaban capacitados era para medir y comparar a ver cuál era el más profundo, el más ancho y el más largo en cuestiones de letra. Continuar leyendo →
La semana pasada me encontré en la librería con la edición del 10˚ aniversario de Las 21 leyes irrefutables del liderazgo, quizás el libro más conocido de John C. Maxwell, un clásico contemporáneo. Aunque había leído el libro hace ya mucho tiempo, lo compré por varias razones, primero para ponerlo a rotar de mano en mano entre algunos líderes potenciales que tengo a mi alrededor, pero principalmente por una introducción lo suficientemente sincera que hace el autor para presentar el nuevo material revisado y ampliado. En sus palabras:
Yo sigo creciendo como persona. Leo constantemente. Analizo mis errores. Converso con grandes líderes para aprender de ellos. Como conferencista y orador, con frecuencia enseño los principios que presento en mis libros y constantemente estoy actualizando mi material. Utilizo nuevas historias. Refino mis ideas. Y con frecuencia tengo una mejor perspectiva al pararme frente a una audiencia. Sin embargo, cuando vuelvo a leer los libros que he escrito previamente, me he dado cuenta de lo que he cambiado desde que los escribí. Eso me frustra, porque los libros no pueden crecer y cambiar junto conmigo.
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Este fin de semana estuve viendo el DVD de la película El Secreto basada en el libro de Rhonda Byrne que trata sobre «la ley de atracción». Una amiga me lo hizo llegar para que le diera mi retroalimentación. Comencé a verlo sin saber de que trataba y sin mucha curiosidad, pero me pareció sumamente interesante, no porque esté de acuerdo con el mensaje que transmite (podemos llegar a «ser» y «tener» todo lo que queramos con tan solo pensarlo) sino porque le vi muchos puntos de coincidencia con muchas de las cosas que se han aparecido en los últimos tiempos (misterios revelados, códigos ocultos, órdenes secretas).
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Este fin de semana estuve leyendo Psicología del hombre caído, el último libro del Dr. José Rafael Dunker, un psiquiatra amigo, reconocido líder cristiano y a quien le atribuyo el calificativo de «sabio». (Me lo regaló el sábado y no pude dejarlo de leer hasta haberlo terminado.) Es realmente una joya, y lamento mucho que no esté todavía en librerías internacionales para así poderlo recomendar a todos los lectores de este espacio. Dunker hace un gran esfuerzo al integrar las principales escuelas de psicología (psicoanálisis, conductismo, y las psicologías existenciales) junto a las nuevas tendencias, como son el modelo sistémico familiar, el PNL y el acercamiento de Alcohólicos Anónimos, en un gran Framework con las herramientas para tratar las distintas maneras de enfermar. Pero lo más interesante es lo siguiente: así como Freud partió de la mitología griega (complejo de Edipo), la psicología del hombre caído toma las antiguas crónicas de Moisés, herencia de las tres grandes religiones (judaísmo, cristianismo e islamismo) como punto de partida.