¡Qué vida tendríamos si consintiéramos en ser sólo ramas! Querido hijo de Dios, aprende la lección. Sólo tienes que hacer una cosa: sé una rama, nada más, nada menos. Sé una rama; Cristo será la vid que te lo dará todo. Y el labrador, el Dios todo poderoso, que hace que la vid sea lo [...]
Considero que tengo el deber de levantar los afectos de mis oyentes tan altos como me sea posible, siempre que solo los mueva la verdad, y con unos afectos que estén de acuerdo con la naturaleza de aquello con lo que son movidos. —Jonathan Edwards (1703-1758), Pastor, Teólogo y Misionero del siglo del XVIII. Durante [...]
Los caballos no se deben juzgar por sus cascabeles, ni por su guarnición, sino por sus miembros, huesos y raza; y de igual modo, los sermones cuando son el objeto de la crítica de oyentes juiciosos, son estimados principalmente, según el número de verdades evangélicas, y la fuerza del espíritu evangélico que contienen. Hermanos, pesad [...]
Cualquiera que está sinceramente intentando convertirse al cristianismo pronto descubrirá que su inteligencia se agudiza: una de las razones por las que no se necesita una educación especial para ser cristiano es que el cristianismo es una educación en sí mismo. —Clive Staples Lewis, apologista cristiano, en su libro Mero Cristianismo. Entonces viendo el denuedo [...]
Cuando miramos hacia dentro, vivimos los por lo subjetivo, lo temporal, lo siempre cambiante, lo propenso a ser falso. Cuando miramos hacia fuera, el evangelio, vivimos por lo objetivo, lo que nunca cambia, lo que es perfectamente confiable y siempre y del todo verdadero. —C.J. Mahaney (Sovereign Grace Ministries), en su libro La vida Cruzcéntrica. [...]
Simplemente practica con diligencia y todo irá muy bien; tienes cinco dedos en cada mano tan sanos como los míos. —Johann Sebastian Bach (músico y concertista), aconsejando —con humildad— a uno de sus estudiante. (En un mundo en el que se exageran las habilidades de los instrumentos en detrimento del Creador, las dos manos «comunes» [...]
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.