Iglesia / Ministro

Las bodas falsas: una analogía de la predicación sin el evangelio

25 marzo 2013 / Rafael Pérez

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. 1 Corintios 15:1-4

Al intentar gestionar su acta de matrimonio, se enteraban de que legalmente su matrimonio no había sido consumado, que todo había sido una farsa sin ningún tipo de valor formal.

Hace unos años fue noticia el hecho de que turistas extranjeros venían a casarse en hoteles de la República Dominicana, recibían una sesión de fotos a la orilla de la playa, participaban en la marcha nupcial en una emotiva ceremonia —conducida quizás por un miembro del equipo de animación del hotel que los declaraba marido y mujer como si tuviera él la autoridad para hacerlo— y tenían una noche de bodas romántica en una suite de lujo, con velas, pétalos de rosa y toallas en forma de pelícanos. Luego, al intentar gestionar su acta de matrimonio, se enteraban de que legalmente su matrimonio no había sido consumado, que todo había sido una farsa sin ningún tipo de valor formal, orquestada quizás por un operador de viajes deseoso de atraer turistas. En resumidas cuentas, ellos celebraron, pero la boda fue fraude. Si se había dado cuenta mientras aún estaba en el país, la pareja de «novios» turistas «supuestamente» casada podía dirigirse a una oficialía civil para agotar el papeleo formal, algo que quizás no tiene la emoción de la fiesta, pues sucede en una oficina pública de color pálido, ante un grupo de desconocidos que asentarán sus nombres en un libro grande poco decorado, pero que es la parte prioritaria para que su matrimonio sea reconocido ante las autoridades.

El gran engaño

¡Ningún hombre debería besar a la novia antes de constatar que su nombre está inscrito en el libro de la vida!

Lo mismo está sucediendo ahora mismo en muchas iglesias. Millones de personas asisten a la iglesia cada domingo y reciben con alegría miles de sermones sobre distintos aspectos prácticos de la vida cristiana mientras ignoran este asunto legal que tiene importancia prioritaria: el evangelio. Cantan y celebran como si la herencia de Dios fuera suya y cuando necesiten disponer de esos recursos, al encontrarse ante el tribunal de Dios, descubrirán que participaron en un engaño, orquestado quizás por un ministro farsante que por atraer más público organizaba cultos emotivos en los que incluía todos los elementos de lugar (canciones, testimonios, predicación) mientras prescindía del elemento prioritario: el evangelio. ¡Ningún hombre debería besar a la novia antes de constatar que su nombre está inscrito en el libro de la vida! Que algún cristiano prudente se levante, que grite que se opone a esa boda e interrumpa el protocolo hasta constatar que el libro que se están apuntando los nombres es el libro de la vida y no una réplica de utilería. Predicar sermones, por muy bíblicos que sean, mientras se deja de lado el evangelio, que es el tema central de toda la Biblia, es un engaño similar a organizar fiestas de bodas sin formalizar legalmente el matrimonio. Entre las muchas maneras que el diablo engaña a los hombres para distraerlos de su realidad ante Dios es envolverles en la vida cristiana, los sermones y las canciones emotivas sin haber conocido antes el evangelio.

Doctrina / Moral / Amor

El evangelio es el sermón imprescindible, quizás el único absolutamente necesario.

Puedes cultivar la sana doctrina, pero sin el evangelio, toda doctrina es falaz. Puedes cultivar la moral cristiana, pero sin el evangelio toda conducta es reprobable. Puedes decir que amas, pero no estarás amando realmente hasta que no hayas conocido antes el amor de Dios(A), expresado en el evangelio. ¿Y qué es el evangelio? El evangelio es la buena noticia de que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. La noticia es buena porque al recibir, perseverar y retener esta verdad, somos salvos (nuestros pecados son perdonados) y tenemos la esperanza de que seremos levantados juntamente con Cristo(B) para vivir una eternidad en la presencia de Dios. Luego de esto, hagamos fiesta, participemos del banquete y tomemos fotos, pero nunca antes. Nadie debería participar en la fiesta antes de haber conocido el evangelio. El evangelio es el sermón imprescindible, quizás el único absolutamente necesario. La doctrina, la moral y el amor son sus expresiones, pero lo que hace posible la vida cristiana es el evangelio. El evangelio hace que la doctrina sea cierta, la moral posible y el amor real.

  1. 1 Juan 4:9 RVR: «En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él». []
  2. 1 Corintios 15:20-22 RVR: «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados». []
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