Criando niños en una cultura permeada por la pornografía

20 marzo 2013 / Rafael Pérez

Este artículo contiene ocho sabias recomendaciones para cultivar la pureza de la sexualidad en los niños tal como lo enseñan las Escrituras: el sexo como un deleite creado por Dios que el pecado puede destruir. Están enfocadas especialmente hacia los padres, pero las recomendaciones pueden ser útiles para toda la iglesia en todas las edades. [F: TGCESPAÑOL]

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La gracia común

La gracia común

Los cristianos podemos aceptar con facilidad que Dios ha mostrado su amor para con nosotros de una manera especial, «en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros», pero regularmente obviamos que la gracia común de Dios está disponible para todas sus criaturas.

El amor de Dios hacia Caín

El amor de Dios hacia Caín

La gracia común de Dios se ve en la vida de los cainitas (la reprensión, la edificación de ciudades, el establecimiento de familias, el desarrollo tecnológico y en el florecimiento de las artes), con su expresión más grande en tu paciencia.

Una iglesia que mejora

Una iglesia que mejora

No está mal hacer planes y proyectos, no está mal tener una estrategia para administrar el fruto, pero la única mejora que puede ser considerada importante es llevar la iglesia cada vez más a su fundamento original: aquello ordenado por Cristo y documentado por sus apóstoles es la fuente de las mejoras; en eso, al tiempo de Dios, veremos un fruto que permanece.

Prosperidad sin satisfacción

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Dios tiene que estar presente, en el primer lugar de nuestras vidas, pues Él es el dueño de las cosas que administramos y por su voluntad las tenemos, pero también Él creó nuestro corazón, y solamente Él tiene la capacidad para dar verdadera satisfacción a nuestra alma; sin Él, todo es absurdo.

Un contrasentido: el pueblo de Dios sin la Palabra de Dios

Un contrasentido: el pueblo de Dios sin la Palabra de Dios

Israel dejó de lado la ley Dios y mantuvo por un tiempo todo su aparato político, religioso y social. Sin embargo, lo único que puede preservar al pueblo de la idolatría es tener Su palabra en el centro. Si la quitamos, no hay fuente de autoridad para sostener las instituciones.