(Este es un nuevo formato que desde ayer estoy utilizando en la enseñanza, se trata de definir un concepto utilizando lo que de él se nos revela en las escrituras. No siempre me es posible compartir todas las referencias que sustentan un concepto, pero de este modo los hermanos pueden anotar las citas —marcadas con letras en cada parte de la definición— y luego profundizar en su estudio. El objetivo es lograr que nuestros hermanos formen sus conceptos siguiendo la revelación de Dios y no la cultura popular.)
Conciencia:
Es la parte del alma que juzga nuestros actos (buenos / malos) en relación a alguna regla que entendemos confiable (Dios / Cultura). Según la Biblia, nuestra conciencia nos acusa(A), se contamina y debilita(B), se corrompe(C) y se cauteriza(D). También puede ser limpiada(E).
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Quizás hoy al partir el pan no se haga tan evidente la carencia en unos y la abundancia en otros, pero si en la vida de la iglesia permitimos que algunos de nuestros hermanos estén en la indigencia mientras otros podemos disfrutar de lujos, estaríamos participando indignamente de la mesa del Señor.
No está mal hacer planes y proyectos, no está mal tener una estrategia para administrar el fruto, pero la única mejora que puede ser considerada importante es llevar la iglesia cada vez más a su fundamento original: aquello ordenado por Cristo y documentado por sus apóstoles es la fuente de las mejoras; en eso, al tiempo de Dios, veremos un fruto que permanece.
Cuando oramos, no lo hacemos contando solamente con que podemos recibir la respuesta de un padre amoroso, sino también con la expectativa de que el Espíritu Santo puede persuadirnos en la intimidad de la oración acerca de un camino mejor, un deseo más alto y un anhelo más cercano al corazón de Dios, que es el mayor deleite en la vida hombre.
Hazle oído a tu ministro, recibe con acción de gracias el instrumento que Dios ha enviado a tu congregación para edificarles y trata de entender su sistema, su programa y hasta su estilo. Ser cuidado, instruido y dirigido por el mismo hombre de Dios durante muchos años (como ministró Pablo a los Efesios) debe tenerse como un gran privilegio.
Es muy poco común que se dispongan espacios para instruir intencionalmente a toda la congregación en este aspecto, pues erróneamente se supone que quienes deben recibir la instrucción son solamente los músicos.
Jesús, desde un banquete real en el que ocupaba un lugar de importancia, comparte una parábola sobre un banquete imaginario en el que entrarán invitados sin mérito alguno y en la que todos los presentes (los convidados, los siervos del anfitrión y el anfitrión) se sentirán representados.