Nacer de nuevo / Ver el reino

15 marzo 2011 / Rafael Pérez

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3:3)

Una mala invitación

Ayer, en el estudio bíblico que tengo en mi casa los lunes, estuve hablando sobre la visita nocturna de Nicodemo a Jesús. Es una parte de la serie Encuentros cercanos con Jesús que estoy desarrollando. El énfasis principal estuvo en un asunto que me tiene algo preocupado que explico a continuación. Sospecho que una gran cantidad de las personas que se profesan cristianas pudieran estar haciendo grandes esfuerzos por cumplir la voluntad de Dios en sus vidas en sus propias fuerzas o ver el reino de Cristo y experimentarlo con su propia capacidad. En gran medida —y si mi sospecha fuera real— podemos estar fomentando tal cosa con una invitación mal hecha que comúnmente le brindamos a los no creyentes, una que suena más o menos así: decide entregar tu vida a Cristo. Eso se entiende de la siguiente manera: tengo que leer la Biblia, visitar la iglesia y tener la fuerza de voluntad necesaria para obedecer a Dios.

Tal cosa es un abismo. La persona que responda afirmativamente, sin importar que tan sincera sea su intención, tendrá serias dificultades para llegar a cumplir la voluntad de Dios en su vida y vivir de acuerdo a los valores del reino, pues su misma naturaleza está incapacitada para hacer tal cosa. Quizás por eso, casi todos terminan o volviendo atrás, o en el autoengaño o reduciendo la meta con excusas.

Imposible o Difícil

La verdad es que sin el nuevo nacimiento, un fenómeno espiritual que ha experimentado todo verdadero cristiano aunque ciertamente es difícil de explicar con palabras, es imposible ver el reino y hacer la voluntad de Dios. No quiero decir con eso que sea más fácil hacerlo para los que han nacido de nuevo, pues todos luchamos en este aspecto, sino, simplemente, que para los primeros es imposible, y para los otros posible, con menor o mayor dificultad según su crecimiento. (A medida que crecemos en Cristo, aquellas cosas que antes nos parecían imposibles parecen mucho más pequeñas.) Este fenómeno espiritual se presenta en la Biblia con diferentes conceptos (el nuevo nacimiento, la nueva vida, la limpieza, la resurrección) pero todos conllevan el mismo significado: solamente por una obra milagrosa realizada por Dios en nuestro interior, podemos adquirir la capacidad para ver y hacer su voluntad en nuestras vidas. Cualquier intento de hacerlo en nuestras propias fuerzas, sólo produce frustración y pérdida. La decisión que puede tomar el pecador no es hacer la voluntad de Dios en su vida o arreglar las cuentas —no tiene los medios para hacerlo—, sino, recibir con humildad su perdón y permitirle que reconstruya todo su ser para poder ver claramente cuál es su voluntad y obedecerla. Eso fue lo que le dijo Jesús a Nicodemo.

Pienso reponer este mismo tema —ampliado—en la enseñanza para toda la iglesia el próximo domingo en PezMundial y en la noche para los hermanos del Círculo Juvenil.

Update: Pueden descargar la presentación.

Archivado en: Discipulado, Evangelismo



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