Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. (Lucas 6:29—30)
El objetivo de dar la otra mejilla, ofrecer la capa y cargar un poco más se puede entender mejor en el contexto del perdón: un acto del amor sacrificado que da una segunda oportunidad a quien maltrata, despoja o carga. Cuando alguien peca contra nosotros inmediatamente el instinto de protección nos impulsa a alejarnos para terminar con la agresión, sin embargo, cuando Jesús nos enseñó a perdonar su enseñanza siguió el mismo principio: no te alejes ni esperes que tu hermano recapacite y venga: ve tú dónde él y trata de restablecer la comunión. Siendo así, el sentido más profundo de dar la otra mejilla no es recibir bofetadas ilimitadamente en una actitud masoquista, sino más bien la disposición a darle al agresor una segunda oportunidad, a creer de nuevo, a volver a confiar. La esperanza de quien pone la otra mejilla es que esta vez, en vez de una bofetada, puede recibir un beso. [F: Extracto de la enseñanza 'La iniciativa de perdonar'.]
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.