Leyendo sobre las implicaciones del rechazo y la falta de perdón en las relaciones familiares el siguiente dato que me llamó la atención: muchos jovencitos se refugian en el sexo y el placer buscando llenar un vacío, buscando el amor que —según perciben— no están recibiendo en sus casas, regularmente luego de algún trauma no resuelto en la relación con sus padres. Para ellos, tener sexo implica tres cosas: una rebelión contra sus padres (hacer lo prohibido), intimidad y compañía. Esos jovencitos terminan convirtiéndose en adultos con vidas sexuales insatisfactorias, pues nunca se han sentido realmente amados y el sexo, en vez de una consumación del amor, termina convirtiéndose en un falso remplazo. (En vez de ver el suspiro como parte del bizcocho, hacen del suspiro su bizcocho).
Siendo así, y paradójicamente, muchos de los casos de insatisfacción sexual en adultos pueden tener su origen en la falta de perdón cuando eran sólo niños. Recuerdo que cuando trabajaba con jóvenes invitaba a conferencista para que nos hablen de sexo y regularmente nos explicaban el asunto desde el punto de vista de la fornicación, haciendo énfasis en la importancia de la pureza y hasta en el peligro de las enfermedades sexuales. Tomando en cuenta lo anterior, una buena manera de fomentar la pureza sexual en los jovencitos es fomentar las buenas relaciones familiares, sobre todo, fomentar en casa la cultura del perdón: evitar que los problemas se conviertan en trauma resolviendo pronto los conflictos.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.