Foto: Actividades en la clase de niños durante nuestra reunión del domingo.
Uno de los ministerios de nuestra iglesia que más valoro y admiro es el de los niños. La audiencia que asiste regularmente a ahora mismo PezMundial se divide en tres grandes grupos: familias ya maduras con hijos universitarios, damas y caballeros cuyas parejas no son creyentes y muchos jóvenes adultos solteros, quizás por esto, tenemos pocos niños. Sorprendentemente, contamos con uno de los ministerios infantiles más bien diseñados que he conocido y cuyo líder —la Dra. Nelly Escotto— se ha venido preparando para desarrollarlo durante años. Cada clase de niños es preparada con un propósito y la visión del ministerio va mucho más allá de entretener al niño en lo que su padre aprende, algo que —lamentablemente— es común en las iglesias. Algunos domingos recibimos tres niños, un día especial quizás siete y muchas veces ninguno, sin embargo, la alfombra siempre está preparada para ellos.
A pesar de ser ahora mismo un ministerio pequeño, son muchos los testimonios que recibimos de los padres de los niños que visitan nuestra iglesia un domingo y durante toda la semana sus hijos hablan de lo que aprendieron en PezMundial. Hoy estuve revisando las actividades para hacer en casa con sus hijos que reciben los padres —una continuación de la enseñanza del domingo— y le di gloria a Dios por nuestro ministerio de niños, en especial por la constancia que ha demostrado su líder, evidencia de la convicción que tiene en su llamado. Cuando sea un ministerio muy grande y cientos de niños nos visiten un domingo, me gustaría volver a leer esto para darle nuevamente la gloria a Dios, y también las gracias.
Etiquetas: ministerio de niñosniños en la iglesia
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.