Foto: Reunión ayer de PezMundial en el patio del Recinto Santo Domingo en la Universidad Federico Henríquez y Carvajal (UNFHEC). Tuvimos allí un buen tiempo de adoración y enseñanza y recordamos los primeros tiempos de nuestra iglesia.
Desde la primera reunión de la Comunidad Cristiana PezMundial (Abril del 2008) hemos sido una iglesia flexible, en gran medida, por la forma en que fue nuestro comienzo, siempre en lugares abiertos y prestados (talleres de mecánica, parqueos y casas), algo que marcó nuestro carácter. Son muchas las historias que tenemos de los percances de cargar sillas, equipos y hasta platas naturales de un lugar a otro y las dificultades de reunirnos al aire libre, frente a dos de las avenidas de mayor tráfico del país, algo que nos da satisfacción. Todavía al día de hoy el almacén de PezMundial está una parte en el baúl de nuestros vehículos y la otra en diferentes casas. De todos modos, en los últimos tiempos nos hemos acomodado un poco y ya los tormentos no son tantos como en el primer momento, hoy nos seguimos reuniendo al aire libre, pero en el área de café de una plaza muy linda y tranquila de la zona metropolitana de Santo Domingo.
Esta semana sucedió algo interesante. La Plaza la Telefónica —donde nos reunimos— estaría realizando ayer algunos trabajos y no podríamos utilizar el espacio sino hasta la semana entrante. Tuvimos que reubicar la reunión en corto tiempo a otro lugar en el extremo oeste de la ciudad, mover y montar nuevamente todo lo necesario y sobre todo, informarle a nuestra gente como llegar. Cuando fueron las 10:30 de la mañana —hora de inicio—, casi todos nuestros hermanos ya estaban en el nuevo lugar, sin quejas ni inconvenientes mayores, y pudimos rendir juntos culto a nuestro Dios. Me emociona constatar que dos años después, PezMundial sigue siendo la misma iglesia flexible que fue en su primer momento. Hace mucho resolvimos que para adorar el espacio no sería para nosotros un inconveniente y para la gloria de Dios, ha sido así. En PezMundial seguimos trabajando para pronto tener un espacio fijo y más apropiado, pero para nosotros, el espacio físico es solamente una herramienta y no un fin en sí mismo, estamos listos para ser iglesia, de ser necesario, debajo de un árbol. Y sobre todo, sabemos que allí con nosotros estará Dios.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.