Resumen: En la vida de un proyecto, el emprendedor cambia constantemente de roles (sombreros), primero lleva el de visionario, luego el de ejecutivo y después el de administrador. Al final, comienza nuevamente el proceso.A grandes rasgos, en cuanto a un rol en un proyecto, el mundo se compone de tres personas: los visionarios (gente que puede identificar hoy las tendencias, oportunidades, cambios y recursos de mañana), los administradores (gente que puede optimizar los recursos actuales buscando su mejor aprovechamiento) y los ejecutivos (gente que logra que las cosas sucedan en el día a día). Todos tenemos un poco de cada perfil, pero destacamos principalmente en uno de ellos; todos quisiéramos enfocarnos en ser aquello que principalmente somos, pero por lo costoso del trabajo en equipo terminamos haciendo un poco de todo. Tanto en PezMundial (la iglesia en la que sirvo) como en Invermedios (la empresa que estoy desarrollando) vivo cambiando de sombrero todos los días, y aunque en los primeros años de ambas organizaciones el sombrero que más llevé fue el que mejor me calza (visionario) últimamente el del ejecutivo (el que más pequeño me queda) y el del administrador (el que más grande me queda) son los que más me acompañan.
Un visionario tiene necesariamente que ser ejecutivo hasta que su proyecto alcance a producir los primeros frutos, luego tiene que cambiar el sombrero y convertirse en un administrador hasta que los primeros frutos se multipliquen y luego, ya con una gran cosecha en las manos, formar un equipo (fichar a administradores y ejecutivos) para volver a colocarse él el sombrero de visionario y repetir el proceso. Es muy difícil que un visionario disponga de los recursos y los resultados necesarios para costear un buen equipo (recursos) y animarlo a involucrarse (resultados) desde el primer momento, por eso tiene que aprender a convivir con los tres sombreros. Sin embargo, eventualmente tendrá que volver a su posición natural o de lo contrario la organización sufrirá un estancamiento.
Precisamente ahora estoy en el proceso de cambiar nuevamente de sombrero tanto en PezMundial como en Invermedios, necesito colocarme el de visionario que llevaba en el 2008 para marcar en el mapa la próxima ruta, pero para hacerlo, necesito un equipo que gestione los recursos actuales (administradores) y haga que las cosas sucedan el día a día (ejecutivos). Son organizaciones con misiones distintas, pero que nacieron en el mismo período de tiempo y en algún aspecto, por su crecimiento requieren lo mismo: un equipo. (También están teniendo los mismos dolores.) En PezMundial Dios nos ha provisto desde el primer momento de un excelente equipo de trabajo, pero lamentablemente lo hemos subutilizado, y en Invermedios, por asunto de presupuesto, hasta el año pasado éramos un equipo bien pequeño y sobrecargado. Este es el momento: en PezMundial afinar y balancear el equipo actual; en Invermedios, terminar de crearlo, pues por el primer crecimiento de la empresa ya podemos costearlo. De los tres perfiles, el que más dificultad me ha dado para conseguir es el del ejecutivo.
Cuando digo que estoy buscando fichar o desarrollar un ejecutivo en Invermedios la gente regularmente piensa en chaquetas, corbatas y oficinas lujosas, pero un ejecutivo no es ese, sino aquel que hace que las cosas sucedan en el día a día. Cuando hablo del administrador piensan en muchos papeles sobre el escritorio, pero administrar no es solamente pagar nóminas o hacer listas, sino optimizar los recursos limitados de una organización de forma tal que se haga más con menos. Cuando menciono a los visionarios me los confunden con los soñadores, ¡pero no son esos! Un visionario es aquel que puede identificar hoy las oportunidades del futuro y el tiempo le ha dado consistentemente la razón.
Etiquetas: administradoresejecutivosemprendedoresemprenderetapas de un proyectogestión de proyectosvisionarios
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.