Desde que comencé en a servir en el ministerio de un modo más o menos constante, hay un paradigma que me ha acompañado en cuanto al manejo de los recursos: poseer casi nada, gestionar algunas cosas lo más eficientemente que me sea posible y disponer de muchas otras. A esto me he referido antes en artículos como la puerta estrecha y el principio de la contundencia: llevar lo necesario, cargar poco y producir mucho. Hay algo que mucha de la gente que hoy es parte de la Comunidad Cristiana PezMundial no sabe, y es que antes de comenzar la iglesia, PezMundial ya existía, primero como un blog en el que compartía muchos de los recursos que iba desarrollando para enseñar en las iglesias y luego como una organización (Ministerios PezMundial) que canalizaba esos recursos (artículos y presentaciones, e-books, talleres, enseñanzas y conferencias), la cual nunca tuvo oficinas, mobiliario ni equipos, pero me permitió llegar a cientos de miles de personas por diferentes medios.
Paradójicamente, desde la iglesia producimos hoy en un solo mes más recursos que los que se producían antes en un trimestre completo de trabajo, sin embargo, son recursos que se quedan con nosotros y no llegan a tantas personas como podrían llegar: hemos sido muy buenos creando y desarrollando recursos, no así gestionándolos. Son muchos los recursos que hemos creado juntos en este primer año de PezMundial, desde enseñanzas y presentaciones hasta canciones y estrategias.
En cuando a la música, Dios ha hecho un gran milagro en medio nuestro. Cuando comenzamos la iglesia, cantábamos como podíamos, sin que nadie nos dirigiera, o disponíamos de músicos y adoradores amigos para que nos dieran una mano. Gloria a Dios por amigos como Abnel Lluberes, Wady Ramirez o Gérson Arvelo que siempre estuvieron dispuestos. Hoy, un año después, tenemos no solamente músicos, sino adoradores que alcanzamos y bautizamos en nuestra iglesia. Cerca del 80% de las canciones que cantamos en PezMundial, son escritas, arregladas e interpretadas por nuestra gente. Antes venían a ayudarnos y ahora somos nosotros quienes vamos a otros lugares a servir, siguiendo la ordenanza de dar por gracia lo que por gracia recibimos. ¡Gloria a Dios por eso!
Así mismo, cuando comenzamos lo que teníamos como espacio era el pequeño salón de espera de un taller de mecánica y luego el parqueo de ese mismo taller, al aire libre. Ese no era un espacio gestionado por nosotros, sino uno del que podíamos disponer 4 horas a la semana. El mobiliario y los equipos también brillaban por su ausencia. Gloria a Dios por gente como Nelson Quezada, Maribel Féliz y Alexis Olivo, que han prestado desde sus negocios hasta los muebles de sus casas y sus equipos para las actividades de nuestra iglesia, y por instituciones como la Universidad UFHEC, que nos permitió disponer de sus equipos en ocasiones hasta en detrimento de sus propias actividades. Hoy gestionamos un espacio con capacidad para 45 personas, muy cómodo, climatizado y amueblado. La disponibilidad del mismo son unas 43 horas a la semana y el uso regular que le estamos dando es de solamente 4. El aprovechamiento —según la disponibilidad—, es de 9.30%, el desperdicio: un lamentable 90.69%.
PezMundial hace un año tenía un poco, ahora tenemos mucho más, pero no lo estamos gestionando tan eficientemente como se esperaría en beneficio de la iglesia. En días pasados le prestamos nuestro espacio a otra congregación para que tuviera una reunión y nos sentimos muy satisfechos, pues el aprovechamiento en esa semana pasó de un 9% a un 16%. Nuestra banda tuvo su primera presentación fuera de nuestra iglesia la semana antepasada, tendrá otra participación en un concierto la semana entrante y posiblemente otra dentro de dos semanas. ¡Gloria a Dios por el aprovechamiento! Yo mismo había dejado de enseñar en otras iglesias, hace dos meses retomé esa parte de mi ministerio y he podido compartir fuera de algunas tres veces al mes las mismas enseñanzas que compartimos en nuestra iglesia.
Cuando se llega a gestionar un recurso, se adquiere una gran responsabilidad. Quien lo gestiona es responsable de cuidarlo, de desarrollarlo y hacerlo disponible. Si lo gestiona bien, recibe más, si lo gestiona mal, aún lo que tiene, se le es quitado. En PezMundial queremos llegar a gestionar aún más de los recursos que Dios tiene para bendecir a su pueblo, por eso medimos, no para evanecernos, sino para cuidarnos, reduciendo el desperdicio y aumentando el aprovechamiento.
Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. (Mateo 13:12)
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.