He descubierto que el ministerio pastoral está lleno de trampas. Existen miles de posibilidades que podría estar aprovechando, cientos de actividades en las que podría estar participando, decenas de llamados que podría estar atendiendo. En este mar de cosas he tenido que pescar con cuidado —con mayor o menor éxito en cada ocasión— para separar los asuntos verdaderamente importantes de aquellos que aunque lo aparenten, realmente no lo son. Aquí entran al escenario las prioridades. Qué es realmente una prioridad es lo que he tenido que aprender.
He leído mucho material acerca de la priorización, pero lo que he terminado haciendo es más bien fruto de la urgencia del momento que de la capacitación previa. (En el 2006 hice un listado con 115 asuntos pendientes, entre ellos sembrar una iglesia.) En un tiempo de mucho ajetreo hice una pausa, me senté y me recordé a mí mismo cuáles eran mis funciones más apropiadas en cada rol que actualmente estoy desempeñando —principalmente en mi trabajo pastoral—, cuáles eran los compromisos que había asumido hasta la fecha y en qué momento estaba en cada proyecto. Mi respuesta fue más o menos la siguiente:
Soy un pastor, mis funciones principales son guiar a mis hermanos, cuidar de ellos y capacitarles para el ministerio. Tengo un compromiso con la comunidad cristiana PezMundial por los próximos 25 años. Ahora mismo estoy en el primer tramo, comenzando la carrera.
Lo que encontré fue que mis prioridades están determinadas principalmente por estas tres claves mis funciones, mis compromisos y mi momento. Cuando respondí cada una de esas preguntas todo adquirió un nuevo sentido. Dejé de ponerle la mano a todo lo que me pasaba por el lado y me concentré en hacer aquello que tenía que estar haciendo en el momento. Paso a detallar cada una de estas claves que hacen más o menos prioritaria cada cosa.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.