El miércoles sostuvimos desde Invermedios —la empresa que estoy desarrollando— una reunión con los responsables de comunicación externa de una telefónica local en la que les propusimos un proyecto sumamente interesante. El mismo incluye desarrollar una estrategia de marketing, una herramienta de TI y gestionar una comunidad para alcanzar un objetivo concreto en determinado mercado. Nuestra principal diferencia competitiva en Invermedios es que nuestra oferta no es sólo tecnología, sino también estrategia y gestión de proyectos: diseño, implementación y mantenimiento.
Al salir de la reunión, mientras conducía hacia otro compromiso, me preguntaba a mí mismo la razón por la cual los tres elementos claves de Invermedios (Gestión de proyectos, Marketing estratégico y Tecnologías de Información) no han estado tan presentes como sería de esperar en PezMundial, la iglesia en la que estoy sirviendo. Y allí mismo acaricié la posibilidad de desarrollar la misma estrategia que les ofrecí a la telefónica durante el 2009 en nuestra comunidad cristiana; pero algo que comenzó en mi estomago y terminó en mi cabeza me hizo abandonar el pensamiento en el mismo momento en que llegó.
Todavía no he encontrado la razón, pero algo muy fuerte me impide. Pensar en contar a mis hermanos y amigos según determinadas variables y proyectar esos números en diferentes trimestres del año como lo haría en una empresa me produce una reacción muy negativa. Ya antes he dicho que la iglesia debe medir sus frutos y optimizar sus recursos, ahora estoy buscando un límite que sea saludable.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.