El domingo pasado, en PezMundial, estuvimos aprendiendo a amar como amaba Jesús: amando primero, amando al que nadie ama y amando «a pesar de». Pero no solamente queríamos aprender su amor intelectualmente, sino aprehenderlo —con «h» intercalada—: asirnos de él fuertemente y asir con él a las personas que tenemos alrededor. En los primeros seis meses de la vida de nuestra iglesia hablamos mucho sobre proyectos (emprender, sostenernos, llegar hasta el final), en los próximos, hablaremos sobre los valores de nuestra iglesia. En esta ocasión, el valor que estuvimos tocando por medio de la enseñanza fue la sinceridad. (Sólo quien se siente realmente amado puede llegar a ser realmente sincero.) Decíamos:
Soñamos con que PezMundial sea un lugar seguro donde nuestra gente pueda hablar abiertamente de sus luchas, sus dudas y sus debilidades sin ser rechazada.
En la imágen: (Portada) Amando como amaba Jesús.Descargar la presentación (Aprendiendo a amar como amaba Jesús) en formato PDF.
Etiquetas: AmorSinceridad
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.