Fe, para mantenerte a flote — PezMundial
PezMundial

Fe, para mantenerte a flote

Rafael Pérez PezMundial (Comunidad), Reflexiones, Selecciones 1,505 Lecturas

Este artículo es el borrador de la primera parte de una serie de enseñanzas titulada Fe, para mover tus proyectos que comenzaremos mañana en «PezMundial, Comunidad». Pueden ver la invitación.

flotadorEn estos días he pasado mucho tiempo pensando y hablando con amigos y colaboradores de PezMundial sobre la importancia de tener fe al momento de emprender un nuevo proyecto. Tengo alrededor de mí mucha gente emprendedora, unos comenzando nuevos negocios, otros construyendo edificios residenciales y algunos recién casados. Cuando nos reunimos, les recuerdo la «necesidad» de que ellos mismo estén creyendo en su proyecto (si empresa, su relación, su matrimonio, sus hijos, sus inversiones); aunque nadie más en este mundo pueda creer inicialmente junto con ellos. Que tengan la seguridad de estar en el lugar preciso en el momento indicado haciendo lo que tienen que hacer.

Los primeros tiempos de cualquier obra (los cimientos) son momentos muy difíciles, de incertidumbre, dudas e incredulidad, donde de forma indirecta mucha gente —generalmente gente que nunca ha tenido la valentía de hacer lo que tu estás haciendo (dejar su trabajo para emprender, dejar la soltería para casarse, vender parte de sus bienes para poder invertir)— está esperando que la obra se derrumbe o se quede estancada para poder criticar o validar su duda y su inactividad por medio de un «te lo dije». (Sí, aquellos que usan poco las manos o los pies tienen a darle un uso extensivo a la boca.)

Tengo una norma al emprender un nuevo proyecto o involucrarme en el proyecto de algún amigo y es la siguiente: pudo trabajar con gente de poco talento, de poca iniciativa, poca experiencia o mal carácter, pero nunca con alguien que no esté creyendo; tampoco trabajo por compromiso o misericordia en aquellos proyectos en los que no creo. Puedo predicarle a un incrédulo o intentar quitar sus dudas, pero nunca me subiré con él en un barco para cruzar el atlántico, pues de seguro se hunde. El hombre de poca fe tiende a hundirse; y yo no quiero hundirme con él.

Puedes pedirle a un amigo que te ayude a colocar algunas piedras sobre un muro, o desatar el barco del muelle, pero no puedes invitar a nadie a creer por ti. Tu nivel de fe se mide por tu nivel de sacrificio e involucramiento y los demás (tus colaboradores y tus clientes) te tomarán a ti como parámetro para determinar el nivel del suyo, que regularmente será el 60 o el 30% del nivel del tuyo.
Disfruto mucho al leer sobre la historia de la navegación y de los viajes de exploración del siglo XVI. Me llama la atención que en esas expediciones hacia nuevos mundos participaban oportunistas, ladrones y hasta convictos, pero todo el que iba en el barco estaba creyendo. Creyendo en que podían, en tres meses o un año, llegar a tierra firme y hacer realidad su sueño de bienestar. Comían alimentos casi descompuestos y vivían al borde de la muerte, pero esa convicción de que tarde o temprano el barco podía llegar a tierra firme los mantenía a flote.

En la primera parte de un proyecto lo único que tienes es una visión (que reposa en tu mente y haces el intento de comunicar) o unos planos que posiblemente tus clientes no entiendan. A menos que estés muy seguro del valor de tu proyecto, ya sea cruzar el atlántico, elevar un edificio o lanzar una empresa que genere beneficios para sus empleados e inversionistas, no podrás salvar la distancia existente entre la imagen metal y la realidad; y siendo así, es muy difícil que aparezca alguien dispuesto a invertir en él su tiempo, su energía o su dinero. La fe mueve montanas, mueve barcos, mueve negocios, levanta edificios, matrimonios, familias y mueve gente.

Etiquetas:

Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)

 

Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



Selecciones

[Ensayo] Conflictos en la iglesia

[Ensayo] Conflictos en la iglesia

Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.

Tres peligros en la lectura

Tres peligros en la lectura

En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».

Distracción: poco fruto

Distracción: poco fruto

Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.

Fruto: por su gracia y para su gloria

Fruto: por su gracia y para su gloria

Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.

Que se conviertan a Cristo

Que se conviertan a Cristo

El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.

El centro de la adoración

El centro de la adoración

En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.