El mensaje de WALL-E
Estoy llegando del cine —tengo uno al lado de mi casa—, de ver WALL-E. Hacía tiempo que no visitaba un cine, pero me animé a ir a ver esta película luego de leer algo que escribió sobre ella mi amigo Alexander Rodríguez. Valió la pena, totalmente. Pixar siempre supera mis expectativas, pero en esta ocasión fue más allá, pues lograron conectarse conmigo no solo al nivel artístico (emocional), sino con mis convicciones (racional). WALL-E, dentro de la hojalata que tiene por cuerpo, contiene un gran mensaje, y es precisamente el mensaje del poder de la semilla, que vengo predicando desde el año pasado; un mensaje de esperanza cuando todo el mundo habla de destrucción.
En la imágen: WALL-E cargando la única planta disponible.¿Será posible, habrá alguna posibilidad, de que años acumulando basura y viviendo cada cual como una isla puedan ser revertidos por medio del esfuerzo inicial de una sola persona (WALL-E) que utilizó como herramienta una pequeña planta y como motivación simplemente el amor? El mensaje de esta película similar al que predicó Cristo en el sermón del monte (amor, servicio, restauración), pero ambientado en el futuro distante (2,700) y con condiciones mucho más adversas. Si tienen la posibilidad, vean la película, y luego lean El poder de la semilla.













Tengo muchas ganas de verla, aquí en España no la estrenan hasta el 8 de agosto
Jaaziel, en Santo Domingo somos afortunados, pues nos traen las películas casi al mismo tiempo de su estreno en USA; cosa que siempre le he atribuido a la piratería. Te la recomiendo totalmente.
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Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
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