En la imágen: Algunos de los camperos durante la actividad.De viernes a sábado estuve en Dajabón, uno de los pueblos de fronterizos de la República Dominicana que no había tenido antes la oportunidad de visitar, compartiendo dos enseñanzas en un campamento para adolescentes que organiza la Iglesia Evangelica Misionera. Aunque no son los adolescentes mi audiencia más común —conecto más con jóvenes adultos— disfruto mucho con ellos. En las cortas horas que estuve por allá, pues llegué viernes en la tarde y salí al otro día a la misma hora, pude compartir y disfrutar de muchas cosas. A continuación las dos experiencias más significativas.
En la imágen: Con algunos de los coordinadores.Fue un tiempo corto, pero sumamente divertido y provechoso. Compartí con Ray Abad, un gran amigo y lector frecuente de este blog, con Tania Mukai, una amiga japonesa que vive en Dajabón, con otros amigos que he conocido ensenando en otros campamentos y conocí mucha gente interesante. Me hubiera gustado quedarme por más tiempo, pero ya los domingos no son míos, los tengo comprometidos en la nueva iglesia.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.